Archive for the ‘Alfredo Kraus’ Category

Aún me parece escuchar

Thursday, March 11th, 2010

Dicen que no es bueno empeñarse en escuchar horas y horas la misma canción. Pero hoy me dejo, que ya queda menos para la primavera. ¿Es que este año no va a dejar de llover y de hacer frío? ¿No van a florecer los almendros?

‘Patas de gato’

Thursday, November 6th, 2008

Este cuento lo publicamos en enero de 2006, cuando Calcetines y una servidora éramos cocteleros. Desde que nos trasladamos, hemos ido rescatando algunos de los muebles de la otra casa. Otros se quedaron para siempre en el fondo del mar, y ahí están bien.

Calcetines considera que merece la pena llevarlo de nuevo a portada. Por una vez, y sin que sirva de precedente, vamos a fiarnos de su instinto;-)
Así era la historia. Y así se la contó a Ginés una gata.

♣ ♣ ♣

Presten atención a este relato, tiene una misión importante que cumplir.

Nos lo envía desde Las Palmas de Gran Canaria su autor, Ginés Cedrés, músico, cantante, guitarrista; alma y vida de Los Salvapantallas y Los Coquillos.

En realidad, fue cosa de dos: junto a Ginés colaboró su novia, Ira. Perdón, su exnovia (el lapsus es suyo). Ira le echó una mano.

Gracias, Ira. Gracias, Ginés.

«Patas de gato»

Érase una vez una gatita siamesa muy linda y muy blanca llamada Morrussa.

Morrussa vivía en un viejo caserón en Santa Brígida con vistas al barranco de Guiniguada.

La casa tenía un gran salón, grandes habitaciones y también un enorme jardín.

La gata no conocía a nadie ni sabía nada de otros gatos; vivía muy cómoda y calentita en un cojín muy grande. Su dueño la había adoptado de pequeñita y había cuidado de ella muy bien; tanto, que no salía de la casa.

Un día, Morrussa, asomada en la ventana, vio a un precioso gato atigrado, guapísimo, de lo más chulo, y que paseaba delante de la casa. “¡¡¡Guau!!!, qué gato más lindo”, se dijo ella. ¡Uy, perdón!: “¡¡¡Miau!!!, qué gato mas lindo”, se dijo.

Esa misma tarde, al dueño de la casa se le olvidó cerrar la puerta del jardín, y el gato entró y sigilosamente se escondió detrás de unos arbustos.

Morrussa, que lo había visto desde la ventana, bajo rápidamente al jardín a conocerlo. El gato le dijo que se llamaba Lolo y estuvieron largo tiempo hablando de sus viajes por los montes, barrancos y pueblos de Gran Canaria.

Lolo había estado en Telde, en Arucas, en Maspalomas, y, en fin, le contaba a Morrussa las aventuras con sus amiguitos gatunos y lo maravilloso que era comer con ellos cuando coincidían en sus viajes.

Lo que más llamó la atención a Morrussa de Lolo eran las cicatrices que tenía en sus patitas y, muy curiosa, le preguntó:

—¿Y eso? ¿Cómo te lo has hecho, Lolo?

Y él respondió:

—Verás, cuando voy en busca de comer y no queda más remedio que ir a los basureros que me encuentro en el camino, al abrir las bolsas con mis patitas, hay todo tipo de basura mezclada. Es muy difícil coger la comida: ¡los vidrios y las latas son los mas peligrosos!

—Así que los cortes de mis patas son de las botellas y vasos que los humanos tiran a la basura. ¿Y sabes qué pienso, Morrussa?, que como sigamos así, ¡los gatitos nos vamos a quedar sin patas!

—¡No puede ser!, dijo Morrussa, ¡¡¡gatos sin patas!!!! Sólo con cabezas y cuerpos… Esto hay que arreglarlo, ¿quién nos puede ayudar?…

A lo que Lolo respondió:

—Mi tío, un gato llamado Zanahorio, me dijo que en el pico mas alto de la isla, en el Roque Nublo, hay un cacharro donde está organizada toda la información del mundo, que tiene respuestas para cualquier pregunta… Dicen que se llama ‘Internet’.

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‘Alfonsina y el mar’

Monday, August 13th, 2007

• Por Alfredo Kraus

(Gracias, amigo)

‘Libiamo’, por Alfredo Kraus

Saturday, February 24th, 2007

Alfredo Kraus: ‘Brindis’ de La traviata, Verdi.

• Violetta: Kiri Te Kanawa

‘Canción de Kleinzach’, por Alfredo Kraus

Tuesday, November 28th, 2006

El gran Kraus: Va pour Kleinzach, aria de Hoffmann del Prólogo de Los cuentos de Hoffmann, Offenbach.

• Las Palmas de Gran Canaria, 1995.

• Vía: Ópera, siempre

Alfredo Kraus: ‘Je crois entendre encore…’

Tuesday, June 20th, 2006

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El gran Kraus en concierto cantando la famosa romanza del Primer Acto de Los pescadores de perlas, de Bizet: À cette voix… Je crois entendre encore... 1970.

Una joyita, no se lo pierdan.

• Vía: Ópera, siempre

‘Una vergine, un’ angel di Dio’

Friday, June 16th, 2006

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• De La favorita, Donizetti. Por Alfredo Kraus.

• Vía: Ópera, siempre

Una furtiva lágrima

Monday, December 19th, 2005

“Con profundo pesar te participo que tu pobre madre ha dejado de existir. Te acompaño en tu legítimo sentimiento. Gregorio”.

Así rezaba el telegrama que recibió Julián Gayarre desde España cuando se disponía a cantar el segundo y último acto de L’elisir d’amore, de Donizetti, que incluye una de las romanzas de ópera más famosas: Una furtiva lacrima.

Gregorio, Gregorio Garjón, era su primo, que fue como un hermano para el tenor. Cuentan que el telefonema quedó abandonado en el suelo del camerino y que la noticia corrió de murmullo en murmullo desde las primeras filas del teatro hasta el gallinero.

Era el 20 de septiembre de 1869. Tenía 25 años. Se encontraba en Varese, Italia. En esos momentos, era tan sólo un desconocido tenor español que intentaba despuntar en la cuna del bel canto. Como muchos otros tenores españoles, también de origen humilde: de niño fue pastor; a los quince años, hortera (dependiente); a los 16, herrero.

Termina de cantar la romanza, y el público aplaude entusiasmado. Dijeron las crónicas que el sentimiento con que aquella noche cantó ‘El Ruiseñor del Roncal’, por supuesto, para su madre, fue tan grande como las furtivas lágrimas que no pudo detener.

Casualidades de la vida. El propio tenor decía que su madre le ayudó incluso hasta después de muerta: “Nunca, nunca jamás, volveré a cantar como aquella noche. Mi buena y santa madre me parió dos veces: primero a la vida, después al arte”.

Falleció joven, a consecuencia de la gripe que venía de Rusia, más conocida como ‘dengue’ o ‘trancazo’. Le faltaba una semana para cumplir los 46. Los científicos no pudieron resistir la tentación de averiguar qué tenía Gayarre en la garganta para cantar como los mismísimos ángeles.

Descubrieron entonces que su ‘bocado de Adán’ (el cartílago tiroides) poseía una longitud extraordinaria, que su laringe era más grande de lo normal, asimétrica con respecto a su eje longitudinal y con un pequeño tumor en las cuerdas vocales.

¿Favoreció o perjudicó a su voz que ese tumor vibrara a dos mil veces por segundo cuando cantaba? Nos moriremos sin saberlo.

Visité hace unos años Roncal. En la Casa Museo de Gayarre, aún se conserva embalsamada su laringe. De su voz, desafortunadamente, no existe ni una sola grabación. Pero quienes lo escucharon cantar dijeron que fue el tenor más grande de todos los tiempos.

notaAquí pueden escuchar esa célebre romanza en la voz de Alfredo Kraus, Enrico Caruso y Juan Diego Flórez.

La de Caruso es la más famosa. La de Kraus, para mí, es la mejor. Y del peruano Flórez, qué quieren que les diga: ¡si es que lo tiene todo!

Quédense con la que les plazca. Pero, por favor, no lloren.

Alfredo Kraus

  • Un jovencísimo Kraus protagoniza la película Gayarre en 1958 (escena del telegrama, y la lágrima; entre otras…).
  • De la misma película, el zortzico ‘Vasco, navarro, soy’