Archive for the ‘Con mucho arte’ Category

Keops, Kefrén y Micerinos

Sunday, September 2nd, 2007

Las tres grandes pirámides de Giza (imagen satélite): Keops, Kefrén y Micerinos.
De cuando miraron por primera vez al cielo hace… unos 4.600 años, y no falta quien asegura que incluso unos 7.000.

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Y hasta hace nada no se ha descubierto cómo las construyeron. Al menos, la de Keops.

La gran pirámide, Keops. Lo que esconde en sus entrañas.

Cap. II

Cap. III

Cap. IV

Hatshepsut la Faraón

Tuesday, August 28th, 2007

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Mauricio José Schward

«Hace 3.500 años reinó en Egipto Ma’at-ka-Ra Hatshepsut, hija de Tutmoses I y esposa de su propio hermanastro, Tutmoses II. Durante veinte años, fue estrictamente ‘faraón’ de Egipto, a la par de cualquier hombre que hubiera ocupado el trono antes y después de ella. Asumió la regencia a nombre de Tutmoses III, hijo de Tutmoses II y otra de sus esposas. Siete años después se proclamó faraón y mantuvo su reinado hasta la muerte, usurpándoselo en cierto modo al hijo de su fallecido esposo.

Sin embargo, si hubo amargura en Tutmoses III, no se hizo evidente sino hasta cuatro décadas después de su tardía llegada al trono. Entonces, mandó destruir o mutilar todas las representaciones de su madrastra, así como el nombre de Hatshepsut de todas las inscripciones que la mencionaban.

El rastro de la singular mujer se perdió del todo hasta que, el pasado junio, el Secretario General del Consejo Supremo de Antigüedades, el arqueólogo Zahi Hawass, anunció que se había podido identificar con certeza la momia de la reina».

Y todo gracias a una muela.

Que 500 años no es nada

Tuesday, June 12th, 2007

Evolución de la imagen de la mujer a lo largo de 500 años de la historia del arte occidental. Retratos de Da Vinci, Raphael, Botticelli, Messina, Perugino, El Greco, Manet, Gauguin, Matisse, Dalí, Picasso

Vía: Ópera, siempre

Con las manos

Tuesday, March 27th, 2007

El elefante y la paloma

Sunday, June 25th, 2006

«Los llamaban ‘el elefante y la paloma’. Diego Rivera era voluminoso, corpulento, enorme. Frida, delgada y frágil. Ella aseguraba que había tenido dos accidentes en la vida. El primero había sido el del tranvía. Diego resultó ser el segundo.

“Cuanto más la amo, más quiero dañarla”, cuentan que admitía él. Se llevaban cerca de veinte años. Cuando se conocieron, él ya era un artista plástico reconocido. Ella venía de sufrir su primer accidente y recién se estaba integrando al mundo del arte. Sus primeros encuentros deben de haber sido los del hombre experimentado y la joven en busca de abrirse un camino. Ella le mostró algunos de los cuadros que había hecho hasta ese momento; él la animó a seguir pintando.

Eran dos seres pasionales, complejos, inmersos en una época tormentosa y nada propensos a la indiferencia: su relación no podía ser sino turbulenta. “Soy él —escribió una vez Frida—. Desde mis más primitivas y antiguas células, él es en todo momento mi hijo, mi niño nacido a cada momento, todos los días, de mi propia entraña”. Se pintaron mutuamente. El la incorporó en sus murales; ella lo retrató inmerso en esa extraña síntesis de dolor y vitalidad tan propia de su pintura. Los unieron el arte, la política (ambos militaban en el Partido Comunista Mexicano), el volcán de sus desbordantes personalidades».

Diana Fernández Irusta

• Más, en La Nación

09/07/06

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Desde México, Frida y Diego