Siempre queda la esperanza
Ícaro y Minerva comían de mi mano. Sólo entraban en su jaula para dormir. Revolotearon a su antojo durante un curso escolar, de septiembre a junio, y, aunque ensuciaran la casa, que así era, siempre tuvo fácil remedio: de muebles y trastos varios teníamos los justos.
La explicación que le encontraba a que se [...]

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.