Archive for the ‘Relatos’ Category

El rompeolas

Tuesday, September 21st, 2010

Todo sucedió tan de improviso que muchos años después aún a ella entre los dedos le tiemblan los pensamientos. Él era del norte, de allá donde la luz del sol se asoma entre celosías, como si temiera que el mundo la admirase en su esplendor. Ella le preguntaba ¿me quieres?, y él respondía invariablemente claro que te quiero. Te quiero tanto como la luz al sol.

Ella era del sur, del ímpetu en los rayos verdes que quiebran la noche, de las montañas que tienen nombre. Sus caminos se cruzaron en la difusa línea del horizonte donde las palabras rompen las olas. Ella paseaba en bicicleta y casi lo atropella. —¿Estás loca? ¡Dónde te piensas que vas! Pero también le dijo ¿sabes?, es magia que tú y yo nos hayamos encontrado. —¿Magia? —Sí. —Pero si la magia no existe…

Y desde aquel día, como un juego, se empeñaron en atrapar la magia. Ella, para destruirla. Él, para desmostrarle que la magia existía.

La hallaron muchas veces. O quizás lo imaginaron. Sólo ellos lo saben. Hasta que un día, sin proponérselo, ella descubrió sus pensamientos. Cuando revoloteaban entre sus manos; él jamás se hubiera atrevido a pronunciarlos. Las feministas son mujeres que desearían haber nacido hombres. Las mujeres… siempre van de víctimas. Las mujeres, en casa y con la pata quebrada. La magia huyó despavorida. Ella le dio las gracias y pedaleó sin rencor hacia el mar.

La buganvilla

Wednesday, August 25th, 2010

Sabía que las flores siempre son flor de un día. Respiró hondo, aspiró la brisa del mar que le llegaba a bocanadas desde la playa de Níjar. Carpe diem… Y entonces alguien pasó e hizo una foto. La inmortalidad existe pensó la buganvilla.

La chincheta

Wednesday, May 5th, 2010

Llevaba tres meses con una chincheta en el zapato. Tres meses y un día. Cada mañana se probaba otros zapatos, pero a los pocos segundos claudicaba. Desgastados, los tacones formaban hacia dentro una media luna. No importaba. Dos medias lunas hacen una luna llena.

Se detuvo a esperar al autobús. Afinó el oído. No la oyó. El caucho de las escaleras amortiguaba el clic clic de la chincheta. Algún día se iría… Algún día se desprendiera sola… Algún día dejaría de bailar claqué en sus sueños… Puntera_tacón, puntera_tacón, tintero_tirititero, tintero_tintero… Hasta que de pronto sentía la chincheta en la planta del pie y se detenía en seco. Entonces, se despertaba. ¡Tengo que arrancar de una puta vez esa chincheta!

El resto de la jornada estuvo ahí, cli clic, como una cigarra impertinente y ociosa. En cuanto llegara a casa… Abrió el buzón antes de subir las escaleras. Sin ningún sentimiento de culpa, abandonó los folletos de publicidad en el buzón contiguo al suyo, el del primero izquierda. Se arrepintió. Los rescató de un manotazo. De esta noche no pasa. Sí, no; sí, no… Un sí cuando sonaba la chincheta, el pie derecho. Un no cuando permanecía callada, el izquierdo. En el último peldaño escuchó el sí de la chincheta. Se acomodó en el sofá y se soltó los zapatos. Ella odiaba que anduviera descalzo por la casa. ¡Cualquier día te clavarás algo! Te clavarás algo, te clavarás algo… ¡Chorradas!

Fue hasta la cocina y tiró los zapatos al cubo de la basura. Reparó entonces en las cartas, en la parva de papelajos que había abandonado y rescatado casi al unísono. ¡Cuántos árboles muertos! El insomnio engorda las acciones de Unión Fenosa… Las llamadas que no suenan también pasan cuenta… Fulanito de tal, primero izquierda. Un barquito de papel. Lo lanzó al suelo. Lo rescató. Lo desarmó. Descubrió la nota.

¿Recuerdas, amor, aquellos zapatos que te regalé y que tanto te gustaban? Hoy encontré otros exactamente iguales. Del 41. ¿Te los quieres probar?
Tu chincheta

Regresó a la cocina y rescató los zapatos. Él calzaba un 43.

“Soy el oso de los caños de la casa…”

Thursday, April 22nd, 2010

“[…] A veces saco una pata por la canilla y la muchacha del tercero grita que se ha quemado, o gruño a la altura del horno del segundo y la cocinera Guillermina se queja de que el aire tira mal. De noche ando callado, y es cuando más ligero ando, me asomo al techo por la chimenea para ver si la luna baila arriba…”.

• ‘Discurso del oso’ (Historias de cronopios y de famas).

• Por Julio Cortázar

‘La prueba’

Wednesday, March 31st, 2010

Ignacio (13 años)

Era casi perfecto; destrozaba, despedazaba y arrollaba todo lo que encontraba a su paso. Y sus motores: ¡una maravilla! En sólo treinta minutos podía dar la vuelta al mundo, y con su sistema de detección no había blanco que se le escapase. En su cabeza había una potente computadora de muchísima memoria. Era, en resumen, el mejor misil jamás construido.

Para el prototipo sólo quedaba una última prueba, una simulación de guerra y bombazo en una isla del Pacífico. Todo parecía estar en orden y se efectuaban las últimas comprobaciones. Unos minutos después, el primer misil salía hacia una isla.

En su cabeza de computadora empezó a pensar… ¿Qué pasará? Tengo que ir a esa isla y destrozarlo todo, ¿por qué? No he recibido datos. Tal vez no deba saberlo nunca, pero ¿para qué esta enorme cabezota sin no me dejan pensar? No lo entiendo. ¿Tal vez sea por motivos políticos? No, en mi banco de datos no hay nada. ¿Qué pasará por la cabeza de los que me mandan a esta misión? Tal vez sea una prueba, pero ¿de qué?, ¿qué desean probar?, ¿qué desean saber? No lo sé. No estoy programado. Tal vez desean saber mi fuerza, pero ¿para qué desean saberlo y para qué les puede servir? Puede que sea eso que ellos llaman guerra. Tonta manía esa de resolver los problemas por la fuerza.

Y el misil se desvió de su rumbo y se hundió en el mar.

En la sala de control todo era un caos. No lo comprenden. El más perfecto y sofisticado de los misiles se había hundido en el océano.

* *
De Ignacio se rescató en aquella mudanza algún otro escrito. Uno de ellos, una obra de teatro. Aún andan por casa (a saber dónde). ‘La prueba’, a la par que ‘El tesoro’, vio las letras de imprenta en enero de 1989, en la misma revista.

‘El tesoro’

Tuesday, March 23rd, 2010

Héctor (11 años)

Un gigantesco rayo cayó sobre la cubierta del barco rompiendo el palo mayor. Varios hombres achicaban agua mientras la terrible tormenta inundaba la cubierta. De repente, el capitán ordenó cortar el trinquete. Pasaron muchas horas sin que cesara la tormenta y la noche llegó con su manto negro.

A la mañana siguiente se veía un sol espléndido y un cielo azul. El mar estaba en calma. El barco había chocado contra unos arrecifes y el casquete de proa había cedido. Estaba lleno de arena. El capitán llamó a toda la tripulación y les mandó ir a una isla desierta que estaba próxima al barco. Botaron una chalupa con quince hombres armados que volvieron con varios kilos de madera y fruta; mientras, repararon el barco. Una expedición partió a la isla que llamaron “La Isla del Naufragio”.

Amaneció un nuevo día. Regresó el grupo de exploradores. Contaron que la isla en realidad era un gran continente y que tras la selva se hallaba un viejo monasterio de monjas. Decidieron atacar el convento cuando fuera de noche.

Cayó la noche, diez hombres guardaban el barco mientras otros diez se dirigían hacia el convento armados hasta los dientes. De improviso, se oyó un grito y el timonel cayó muerto, con el cuello atravesado por una flecha envenenada. Enterraron su cuerpo e hicieron una cruz con dos maderas atadas con una cuerda.

Llegaron los diez hombres al convento y sacaron las armas. Se dispersaron y retuvieron al capellán y a las monjas. El capitán se sentó a la mesa y dijo: “¡Comida!”. Inmediatamente le fueron servidas ricas viandas en vistosos platos de porcelana y diversos vinos en grandes y adornadas copas.

Cuando terminó, se levantó tirando bruscamente la silla y con unos cuantos de sus hombres saqueó las habitaciones y se apoderó de todo lo que pudiera tener algún valor.

De pronto, un hombre dijo: “¡Eh, capitán, un mapa!”. El jefe lo inspeccionó; era un apolillado pergamino que hablaba de un antiguo templo en mitad de la selva en el que se guardaba un magnífico tesoro. El capitán se recostó en la silla poniendo las piernas sobre la mesa; bebió un último trago de cerveza y se durmió.

Al amanecer del día siguiente partieron hacia la selva. La vegetación era enormemente espesa. Dejando un pequeño sendero avanzaban los hombres, cuando uno de ellos descubrió el templo. Forzaron la puerta y penetraron en su interior. Telarañas como redes adornaban el lugar. Atravesaron una puerta que rechinaba estrepitosamente. El pasillo estaba iluminado temblorosamente.

Al entrar, el suelo cedió bajo sus pies y cayeron a una sala presidida por unas estatuillas de bronce. Al pisar una baldosa, las estatuillas dispararon por sus ojos unas flechas de oro que se clavaron en el cuerpo de los marineros. Habían encontrado su tesoro.

* * *
Este relato formaba parte de una serie que su autor, por entonces, entre 9 y 11 años, tituló ‘La moneda rusa y otros cuentos’.

El primero de ellos, ‘La moneda rusa’, trataba de una familia con dos niños que necesitaba comprar un piso y que, gracias al hallazgo de una antigua moneda rusa que encontraba el más pequeño de la casa, y que valía un potosí (la moneda, y el niño;-), se libraban de hipotecas y letras. Cosa de magia.

El manuscrito, en un cuadernillo del cole, desapareció años después, en 1991, durante el traslado de libros, papelajos y demás enseres del barrio de Lavapiés al barrio de Chamberí. Sólo se salvó de la mudanza ‘El tesoro’, que alcanzó la fortuna de ver las letras de imprenta en una revista, en enero de 1989.

‘Fugaces: algo más que un juego’, un buen regalo de Reyes

Thursday, October 8th, 2009

Fugaces

Los sueños a veces se cumplen. Y esta novela puede ser un ejemplo. La leí hace tiempo, cuando aún no estaba en papel (en papel de imprenta, quiero decir). Me atrapó desde el principio, y eso que no soy, lo confieso, apasionada de la literatura de fantasía, juvenil. Ya, que eso no es óbice ni cortapisa. Pues eso;-)

“Ahora ya está disponible en papel una versión revisada, corregida e ilustrada, con una magnífica portada a todo color, obra de Mercedes Moreno”.

Puede adquirirse en Lulu.com y Bubok.com

No, no es un negocio. Pero sí puede ser un buen regalo de Reyes. Por ejemplo.

“Repasando mis estanterías leo Fugaces en el lomo de uno de los libros. Entonces sonrío. Los sueños hay veces que se cumplen”. Su hacedor dixit.

• Las opiniones de algunos lectores sobre ‘Fugaces: algo más que un juego’

• Lo que cuenta su autor, Esteban González García, en su blog, El Buen Pozo Sediento

Los músicos de Bremen

Thursday, May 7th, 2009

O casi.

‘El gato con botas’

Tuesday, April 28th, 2009

Murió un molinero que tenía tres hijos, y no dejó más bienes que su molino, su borriquillo y un gato.

Se hicieron las particiones con gran facilidad y ni el escribano ni el procurador, que se hubieran comido tan pobre patrimonio, tuvieron que entender en ellas.

El mayor de los tres hermanos se quedó con el molino.

El mediano fue dueño del borriquillo.

Y el pequeño no tuvo otra herencia que el gato.

El pobre chico se desconsoló al verse con tan pobre patrimonio.

—Mis hermanos —decía— podrán ganarse honradamente la vida trabajando juntos; pero después que me haya comido mi gato y lo poco que me den por su piel, no tendré más remedio que morir de hambre.

El gato, que escuchaba estas palabras, se subió de un salto sobre las rodillas de su amo, y acariciándole a su manera, le dijo:

—No os desconsoléis, mi amo; compradme un par de botas y un saco con cordones, y ya veréis como no es tan mala la parte de herencia que os ha tocado.

Charles Perrault

El gato con botas (Anónimo)

‘Amores perros’ (y 5, de momento)

Wednesday, November 26th, 2008

Esta historia empezó hace casi dos años. En realidad, empezó hace unos cuantos años más, pero fue entonces cuando su autora la puso por escrito. Hoy retoma el hilo y nos brinda un capítulo más. Que no será el último, seguro;-) De momento, disfruten con la quinta entrega, que es mágica, como Servidora.

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«Cachorros. Hoy he estado rodeada de cachorros; cachorros de muy distintos tamaños y de muy distintas edades. Los había de 14 meses, de 11 años, de 5 años, de 3 meses, de 14 años… Iban en cochecito, en silla o andando. Los había increíblemente pequeños, los había más altos que yo, los había que apenas sabían hacer otra cosa que lloriquear y los había que apenas sabían hacer otra cosa que sonreír de forma maravillosa. Los había habladores, los había callados, los había con gafitas y carita de pena, los había con ojazos increíbles… Mi propio cachorro estaba preciosa, pero con la voz engolada y algo de fiebre. La cola de la pediatra es un universo regalado, veinte minutos de espera, miradas, chistes, risas y charlas tontas. Una terapia para los malos rollos.

Cachorros. No hay nada tan mágico como un cachorro de hombre y un cachorro de perro jugando juntos. Ni hay nada que nos devuelva tanto a la magia de nuestra propia infancia como jugar con un cachorro. Si recuerdo con tanto cariño a Roni, supongo que fue por el ratito de cahorrez que compartimos juntas, jugando cada una a su propio juego, pero juntas, en el terrado de casa…».

No pude jugar con Pepa cuando era cachorra”.

Más, en Servidora