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	<title>Mi gato Calcetines &#187; Inventos míos</title>
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		<title>El ruiseñor y el piano</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Mar 2011 22:14:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Montse</dc:creator>
				<category><![CDATA[Aves y pájaros cantores]]></category>
		<category><![CDATA[Inventos míos]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>

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		<description><![CDATA[
Atardecer del mes de abril

—Me gusta cómo cantas, ruiseñor.
—Mi canto no es para ti. Canto porque me sería imposible dejar de cantar. ¡Tú no sabes cantar!
—¡Soy el rey de los instrumentos!
—No te ofendas, piano. Hueles a árbol, pero no eres árbol. Creas sonidos, pero no cantas. Ni siquiera tienes una ruiseñor al lado que inspire [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a style="text-decoration:none;" href="http://www.listengo.com/song/8u685625841" title=";-)" target="_blank"><br />
<small>Atardecer del mes de abril</small></a><br />
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<p>—Me gusta cómo cantas, ruiseñor.<br />
—Mi canto no es para ti. Canto porque me sería imposible dejar de cantar. ¡Tú no sabes cantar!<br />
—¡Soy el rey de los instrumentos!<br />
—No te ofendas, piano. Hueles a árbol, pero no eres árbol. Creas sonidos, pero no cantas. Ni siquiera tienes una ruiseñor al lado que inspire tu canto…<br />
—Ejem&#8230; Según cómo se mire, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=tTvhW8lDHFk">todo depende…</a><br />
—¿No me saldrás ahora con <a href="http://www.youtube.com/watch?v=_R8XkdFSJqM">la flaca?&#8230;</a><br />
—Descuida. Soy un piano muy informado&#8230; Leo sobre el teclado. A veces pongo la radio que ves ahí al lado.<br />
—Y yo soy un ruiseñor ruso… ¡Los pianos no leen, no prenden la radio!<br />
—Eso es lo que todo el mundo piensa. ¡Incautos!&#8230; ¿Tú sabes qué es la SGAE, el canon digital y los derechos de autor?<br />
—Ni idea. Ya te dije que soy ruso.</p>
<p>El ruiseñor levantó el vuelo. De lo que sucedió después no existe grabación. Dicen que el ruiseñor regresó cada atardecer del mes de abril. Lo cierto es que un buen día del piano nunca más se supo y que junto a la ventana donde asentaba sus raíces nació un árbol. </p>
<p>• Música pirateada de<em><a href="http://www.elargonauta.com/libros/canta-ruisenor-canta/978-84-96629-39-4/"> ¡Canta, ruiseñor, canta!</a></em></p>
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		<title>El rompeolas</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Sep 2010 00:30:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Montse</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inventos míos]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[ Khaled / Aïcha 

Todo sucedió tan de improviso que muchos años después aún a ella entre los dedos le tiemblan los pensamientos. Él era del norte, de allá donde la luz del sol se asoma entre celosías, como si temiera que el mundo la admirase en su esplendor. Ella le preguntaba ¿me quieres?, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a style="text-decoration:none;" href="http://www.listengo.com/song/8u685563649" title=";-)" target="_blank"><small> Khaled / Aïcha </small></a><br />
<object type="application/x-shockwave-flash" data="http://www.listengo.com/playernuevo.swf" width="290" height="25" bgcolor="#FFFFFF" id="audioplayer1"><param name="movie" value="http://www.listengo.com/playernuevo.swf" /><param name="FlashVars" value="playerID=1&#038;bg=0xCDDFF3&#038;leftbg=0x357DCE&#038;lefticon=0xF2F2F2&#038;rightbg=0xF06A51&#038;rightbghover=0xAF2910&#038;righticon=0xF2F2F2&#038;righticonhover=0xFFFFFF&#038;text=0x357DCE&#038;slider=0x357DCE&#038;track=0xFFFFFF&#038;border=0xFFFFFF&#038;loader=0xAF2910&#038;soundFile=http://www.listengo.com/mp3con/8u685563649.mp3" /><param name="quality" value="high" /><param name="menu" value="true" /></object></p>
<p>Todo sucedió tan de improviso que muchos años después aún a ella entre los dedos le tiemblan los pensamientos. Él era del norte, de allá donde la luz del sol se asoma entre celosías, como si temiera que el mundo la admirase en su esplendor. Ella le preguntaba ¿me quieres?, y él respondía invariablemente claro que te quiero. Te quiero tanto como la luz al sol.</p>
<p>Ella era del sur, del ímpetu en los rayos verdes que quiebran la noche, de las montañas que tienen nombre. Sus caminos se cruzaron en la difusa línea del horizonte donde las palabras rompen las olas. Ella paseaba en bicicleta y casi lo atropella. —¿Estás loca? ¡Dónde te piensas que vas! Pero también le dijo ¿sabes?, es magia que tú y yo nos hayamos encontrado. —¿Magia? —Sí. —Pero si la magia no existe&#8230; </p>
<p>Y desde aquel día, como un juego, se empeñaron en atrapar la magia. Ella, para destruirla. Él, para desmostrarle que la magia existía. </p>
<p>La hallaron muchas veces. O quizás lo imaginaron. Sólo ellos lo saben. Hasta que un día, sin proponérselo, ella descubrió sus pensamientos. Cuando revoloteaban entre sus manos; él jamás se hubiera atrevido a pronunciarlos. Las feministas son mujeres que desearían haber nacido hombres. Las mujeres&#8230; siempre van de víctimas. Las mujeres, en casa y con la pata quebrada. La magia huyó despavorida. Ella le dio las gracias y pedaleó sin rencor hacia el mar. </p>
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		<title>La buganvilla</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Aug 2010 17:49:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Montse</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inventos míos]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[ 
Jarabe de palo

Sabía que las flores siempre son flor de un día. Respiró hondo, aspiró la brisa del mar que le llegaba a bocanadas desde la playa de Níjar. Carpe diem&#8230; Y entonces, alguien pasó e hizo una foto.  La inmortalidad existe, pensó la buganvilla. 
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.migatocalcetines.es/wp-content/La-buganvilla-de-Níjar.jpg"><img src="http://www.migatocalcetines.es/wp-content/La-buganvilla-de-Níjar.jpg" alt="" title="La buganvilla de Níjar" width="550" height="369" class="alignnone size-full wp-image-8994" /></a> </p>
<p><a style="text-decoration:none;" href="http://www.listengo.com/song/8313722" title=";-)" target="_blank"><small>Jarabe de palo</small></a><br />
<object type="application/x-shockwave-flash" data="http://www.listengo.com/playernuevo.swf" width="290" height="25" bgcolor="#FFFFFF" id="audioplayer1"><param name="movie" value="http://www.listengo.com/playernuevo.swf" /><param name="FlashVars" value="playerID=1&#038;bg=0xCDDFF3&#038;leftbg=0x357DCE&#038;lefticon=0xF2F2F2&#038;rightbg=0xF06A51&#038;rightbghover=0xAF2910&#038;righticon=0xF2F2F2&#038;righticonhover=0xFFFFFF&#038;text=0x357DCE&#038;slider=0x357DCE&#038;track=0xFFFFFF&#038;border=0xFFFFFF&#038;loader=0xAF2910&#038;soundFile=http://www.listengo.com/mp3con/8313722.mp3" /><param name="quality" value="high" /><param name="menu" value="true" /></object></p>
<p>Sabía que las flores siempre son flor de un día. Respiró hondo, aspiró la brisa del mar que le llegaba a bocanadas desde la playa de Níjar. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carpe_diem">Carpe diem&#8230;</a> Y entonces, alguien pasó e hizo una foto.  La inmortalidad existe, pensó la buganvilla. </p>
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		<title>La chincheta</title>
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		<pubDate>Wed, 05 May 2010 07:07:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Montse</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inventos míos]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[Llevaba tres meses con una chincheta en el zapato. Tres meses y un día. Cada mañana se probaba otros zapatos, pero a los pocos segundos claudicaba. Desgastados, los tacones formaban hacia dentro una media luna. No importaba. Dos medias lunas hacen una luna llena.
Se detuvo a esperar al autobús. Afinó el oído. No la oyó. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Llevaba tres meses con una chincheta en el zapato. Tres meses y un día. Cada mañana se probaba otros zapatos, pero a los pocos segundos claudicaba. Desgastados, los tacones formaban hacia dentro una media luna. No importaba. Dos medias lunas hacen una luna llena.</p>
<p>Se detuvo a esperar al autobús. Afinó el oído. No la oyó. El caucho de las escaleras amortiguaba el clic clic de la chincheta. Algún día se iría&#8230; Algún día se desprendiera sola&#8230; Algún día dejaría de bailar claqué en sus sueños&#8230; Puntera_tacón, puntera_tacón, tintero_tirititero, tintero_tintero&#8230; Hasta que de pronto sentía la chincheta en la planta del pie y se detenía en seco. Entonces, se despertaba. ¡Tengo que arrancar de una puta vez esa chincheta!</p>
<p>El resto de la jornada estuvo ahí, cli clic, como una cigarra impertinente y ociosa. En cuanto llegara a casa&#8230; Abrió el buzón antes de subir las escaleras. Sin ningún sentimiento de culpa, abandonó los folletos de publicidad en el buzón contiguo al suyo, el del primero izquierda. Se arrepintió. Los rescató de un manotazo. De esta noche no pasa. Sí, no; sí, no… Un sí cuando sonaba la chincheta, el pie derecho. Un no cuando permanecía callada, el izquierdo. En el último peldaño escuchó el sí de la chincheta. Se acomodó en el sofá y se soltó los zapatos. Ella odiaba que anduviera descalzo por la casa. ¡Cualquier día te clavarás algo! Te clavarás algo, te clavarás algo… ¡Chorradas!</p>
<p>Fue hasta la cocina y tiró los zapatos al cubo de la basura. Reparó entonces en las cartas, en la parva de papelajos que había abandonado y rescatado casi al unísono. ¡Cuántos árboles muertos! El insomnio engorda las acciones de Unión Fenosa&#8230; Las llamadas que no suenan también pasan cuenta&#8230; Fulanito de tal, primero izquierda. Un barquito de papel. Lo lanzó al suelo. Lo rescató. Lo desarmó. Descubrió la nota.</p>
<p><em>¿Recuerdas, amor, aquellos zapatos que te regalé y que tanto te gustaban? Hoy encontré otros exactamente iguales. Del 41. ¿Te los quieres probar?<br />
Tu chincheta</em></p>
<p>Regresó a la cocina y rescató los zapatos. Él calzaba un 43.</p>
<p><a style="text-decoration:none;" href="http://www.listengo.com/song/8654231" title=";-)" target="_blank"><small>La despedida</small></a><br />
<object type="application/x-shockwave-flash" data="http://www.listengo.com/playernuevo.swf" width="290" height="25" bgcolor="#FFFFFF" id="audioplayer1"><param name="movie" value="http://www.listengo.com/playernuevo.swf" /><param name="FlashVars" value="playerID=1&#038;bg=0xCDDFF3&#038;leftbg=0x357DCE&#038;lefticon=0xF2F2F2&#038;rightbg=0xF06A51&#038;rightbghover=0xAF2910&#038;righticon=0xF2F2F2&#038;righticonhover=0xFFFFFF&#038;text=0x357DCE&#038;slider=0x357DCE&#038;track=0xFFFFFF&#038;border=0xFFFFFF&#038;loader=0xAF2910&#038;soundFile=http://www.listengo.com/mp3con/8654231.mp3" /><param name="quality" value="high" /><param name="menu" value="true" /></object></p>
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		<title>El elefante y el gato</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Apr 2009 16:06:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Montse</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias felinas]]></category>
		<category><![CDATA[Inventos míos]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Vídeos de animales]]></category>

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		<description><![CDATA[
—Tú tendrás trompa, pero yo tengo bigotes.
—Ya. Los tendrás. Que lo que es ahora&#8230;
—¡A que te muerdo la oreja!
—Ssss&#8230; Calla, que viene nuestra mascota&#8230;
Limón y sal

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/f-i_l5tHnio&#038;hl=es&#038;fs=1&#038;rel=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/f-i_l5tHnio&#038;hl=es&#038;fs=1&#038;rel=0" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>
<p>—Tú tendrás trompa, pero yo tengo bigotes.<br />
—Ya. Los tendrás. Que lo que es ahora&#8230;<br />
—¡A que te muerdo la oreja!<br />
—Ssss&#8230; Calla, que viene nuestra mascota&#8230;</p>
<p><a style="text-decoration:none;" href="http://www.listengo.com/song/8298216" title=":-)" target="_blank"><small>Limón y sal</small></a><br />
<object type="application/x-shockwave-flash" data="http://www.listengo.com/playernuevo.swf" width="290" height="25" bgcolor="#FFFFFF" id="audioplayer1"><param name="movie" value="http://www.listengo.com/playernuevo.swf" /><param name="FlashVars" value="playerID=1&#038;bg=0xCDDFF3&#038;leftbg=0x357DCE&#038;lefticon=0xF2F2F2&#038;rightbg=0xF06A51&#038;rightbghover=0xAF2910&#038;righticon=0xF2F2F2&#038;righticonhover=0xFFFFFF&#038;text=0x357DCE&#038;slider=0x357DCE&#038;track=0xFFFFFF&#038;border=0xFFFFFF&#038;loader=0xAF2910&#038;soundFile=http://www.listengo.com/mp3con/8298216.mp3" /><param name="quality" value="high" /><param name="menu" value="true" /></object></p>
]]></content:encoded>
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		<title>En el fondo era bueno</title>
		<link>http://www.migatocalcetines.es/2008/11/04/en-el-fondo-era-bueno/</link>
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		<pubDate>Tue, 04 Nov 2008 16:27:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Montse</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inventos míos]]></category>

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		<description><![CDATA[
Llegaba sobre las nueve. Luisa rezaba para que no se retrasara. Se esmeraba. Que por nada del mundo le pillara en falta. Los cristales como el aire, aunque hubiera llovido a cántaros; las camisas, impolutas, sin rastro de vomitonas. Las lavaba todas juntas para ahorrar lavadoras. Sólo tenía que tener cuidado de que al menos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href='http://buscandolamagia.blogia.com/upload/N-Cubierto-lluvia-fuerte.jpg'><img src="http://www.migatocalcetines.es/wp-content/lluvia1.jpg" alt="" title="lluvia1" width="387" height="189" class="aligncenter size-full wp-image-2938" /></a></p>
<p>Llegaba sobre las nueve. Luisa rezaba para que no se retrasara. Se esmeraba. Que por nada del mundo le pillara en falta. Los cristales como el aire, aunque hubiera llovido a cántaros; las camisas, impolutas, sin rastro de vomitonas. Las lavaba todas juntas para ahorrar lavadoras. Sólo tenía que tener cuidado de que al menos una de ellas estuviera siempre lista.</p>
<p>Él la quería. Quién lo iba a saber mejor que ella. Tenía sus manías, eso sí. Y quién no las tiene. Como la de que le comprara siempre camisas blancas o cuando se empeñó en aislar todas las habitaciones de la casa. Un gasto inútil. No les sobraba. Además, desde que se mudaron, no había vuelto a pasar. </p>
<p>En el fondo era bueno. &#8220;Mi Luisa. Mujer como mi Luisa, ninguna&#8221;. Sólo había que tener cuidado en no provocarle. Morderse la lengua si hiciera falta.</p>
<p>Cuando llegó esa noche ya eran más de las once. Pescadilla rebozada. Un cuenco de sopa.<br />
—¿Todo el día en casa y esta mierda de cena?</p>
<p>Luisa cierra la puerta. Los niños duermen. Si la hubiera preparado en salsa verde con cuatro chirlas y unas pocas gambas congeladas&#8230; Casi hubiera tardado lo mismo. Pero justo empezó a jarrear y tuvo que recoger la colada a toda prisa. </p>
<p>—¡Mierda de cena! Odio la pescadilla. Y lo sabes, ¿verdad que lo sabes? ¿A que lo sabes? ¿Verdad que sabes muy bien que odio la pescadilla? </p>
<p>Luisa se muerde la lengua. Hace falta. Inconsciente, su miedo se posa por un instante en el tendedero. </p>
<p>—¡Todas como una sopa! ¿A que no tengo ni una limpia para mañana? ¿A que se te ha olvidado otra vez? ¡Eres una inútil! ¡Habla! ¡No te calles como una muerta! </p>
<p>La verdad, nunca hemos escuchado una palabra más alta que la otra. Una pareja muy unida, a mí que no me digan, esas cosas se notan. Ella, muy educada, muy calladita. Casi siempre con el mismo abrigo o el mismo chubasquero. Él, muy trabajador. A las nueve en punto, en casa. A veces… Pero quién no se echa un trago de vez en cuando. </p>
<p>Los vecinos callaron cuando vieron salir el ataúd de Luisa por la puerta. </p>
]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>&#8216;Los papeles hambrientos&#8217;</title>
		<link>http://www.migatocalcetines.es/2007/01/06/los-papeles-hambrientos/</link>
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		<pubDate>Sat, 06 Jan 2007 02:07:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Montse</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inventos míos]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi amiga Ana dice que soy muy ordenada, que me paso. Yo creo que soy ordenada para poder ser desordenada después, cuando vas a toda pastilla. Es decir, casi siempre.
Y mejor que no les cuente cómo está ahora mismo mi mesa de trabajo. Más o menos, como la niña del cuento de &#8216;Los papeles hambrientos&#8217;.
Cuando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Mi amiga Ana dice que soy muy ordenada, que me paso. Yo creo que soy ordenada para poder ser desordenada después, cuando vas a toda pastilla. Es decir, casi siempre.</p>
<p>Y mejor que no les cuente cómo está ahora mismo mi mesa de trabajo. Más o menos, como la niña del cuento de &#8216;Los papeles hambrientos&#8217;.</p>
<p>Cuando lo escribí, <a href="http://www.migatocalcetines.es/2005/11/23/nunca-me-gustaron-los-gatos/">Calcetines</a> ya estaba en casa, <a href="http://www.migatocalcetines.es/2005/11/23/figo-sigue-siendo-del-real-madrid/">Figo</a> llegó poco después y <a href="http://www.migatocalcetines.es/2005/11/23/por-el-humo-se-sabe-donde-esta-el-fuego/">Menorca</a>, con seguridad, ni siquiera había nacido.</p>
<p>Esta aclaración va por Calcetines, que, desde que le ha dado por cotillear en mi ordenador, no pierde ni coma de cuanto se escribe en su blog. Y se le están subiendo un poco los bigotes.</em></p>
<p><a style="text-decoration:none;" href="http://www.listengo.com/song/8u685539600" title=";-)" target="_blank"><small> Swing</small></a><br />
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<strong>&#8216;Los papeles hambrientos&#8217;</strong></p>
<p>—Ordena tus papeles, niña, o te comerán —le decía una madre a su hija todos los días—. Cuando vayas a buscar algo, no lo encontrarás: ¡te comerán los papeles y no te enterarás!</p>
<p>Y así un día y otro día. Y el otro y el de más allá.</p>
<p>Pasó el tiempo y, cuando la niña se ponía a hacer los deberes en su mesa, ya no se la veía.</p>
<p>Sólo se veía una montaña enorme de papeles: hojas nuevecitas, hojas con sumas y restas, y hojas de otoño de las de verdad; carpetas con problemas, carpetas de cuando iba a parvulitos y carpetas con no se sabe qué; libros del cole, libretas de solfeo y cuadernillos de pintarrajear; tebeos requeteleídos, recortables de muñecas y sopas de letras sin resolver; cuentos devorados, cuentos a medio leer y cuentos sin tropezar; dibujos chipiritifláuticos, dibujos inventados y dibujos aún sin empezar&#8230;</p>
<p>La regla y las tijeras no quisieron ser menos y, sin que nadie las invitara, se sumaron a la montaña de sus colegas del gremio papelero:</p>
<p>—¡Hay que medir bien esos cimientos y recortar un pelín la ladera si hace falta!</p>
<p>La goma y el pegamento, que hasta entonces habían permanecido en su sitio, a la chita callando, se colaron en las faldas de rondón:</p>
<p>—¡Nunca lo admitirán, cuchichearon, pero sin nosotros no van a ningún lado!</p>
<p>Y los lapiceros, los rotuladores y los bolis dieron un paso al frente y se colocaron arrogantes en la cima:</p>
<p>—¡Apartaos, mocosos, sin nosotros aquí nadie pinta nada!<br />
<span id="more-2301"></span></p>
<p>Tantos eran y tan bien se acomodaron en la mesa de la niña que la montaña de papeles y bártulos del cole llegó casi hasta el techo. Tan hermosa y <em>chupitimangui</em> era que no envidiaba en nada a un estercolero.</p>
<p>Y la niña seguía sin ordenar sus papeles. Y así un día y otro día. Y el otro y el de más allá. Y la niña seguía haciendo sus deberes detrás de la montaña papelcolera.</p>
<p>Hasta que un buen día, los papeles empezaron a comérsela poco a poco.</p>
<p>—¡Hum!, un mordisquito de uña sin pintar, exclamó el rotulador verde pistacho: ¡qué deliciosa está! A lo mejor, hasta pinto ahora verde fosforito.<br />
—¡Hum!, un espagueti de rizo recién lavado y bien pasadito por el secador: ¡qué rico!, exclamó un dibu del Monstruo de las Galletas abriendo su bocaza de luna llena.<br />
—¡Hum!, un botoncito fresa de pijama de franela. Si lo pongo a remojo, germinará como un garbanzo, se relamía ya de gusto el libro de <em>Cono</em>.<br />
—¡Hum!, ¡una naricita respingona! ¿Cómo se pondrá &#8220;naricita&#8221;?, ¿con &#8220;c&#8221; o con &#8220;z&#8221;?, se preguntaba la libreta de Lengua mientras se pasaba la lengua por sus dientes de espiral. Se lo preguntaré a Dicci: si se escribe con &#8220;c&#8221;, me la como; si se escribe con &#8220;z&#8221;, no me la como. ¿Me la comeré o no me la comeré?<br />
—¡No, la nariz, no! ¡Socorro, mami, que me comen la nariz!<br />
La madre acudió presurosa a la llamada de su hija. Clicqueó sin querer en &#8220;enviar&#8221; y mandó un mensaje electrónico sin asunto y a medio terminar, batió su récord de 300 metros lisos pasilleros, entró en la habitación y dio con la puerta en los morros a su gato Calcetines.</p>
<p>Pero allí sólo se veía una montaña enorme de papeles y de bártulos del cole. Tan grande era que parecía un estercolero. Pero de su hija, no se veía ni el rastro.</p>
<p>—¿Dónde se habrá metido esta niña? Hace un momentito estaba aquí, en su mesa, con <em>La Bella Durmiente</em> entre las manos&#8230;</p>
<p>Miró encima de la alfombra, ¡y nada! Miró debajo de la mesa, ¡y tampoco! Miró dentro del armario, ¡y que si quieres! Miró detrás de las cortinas, ¡y tampoco había nada!</p>
<p>De repente escuchó un zzzz, zzzz, zzzz que parecía un ronroneo. Ese ronquidito le sonaba muy mucho.</p>
<p>—Juraría que ese runrún es de mi hija. Pero ¿dónde se habrá metido esta niña?</p>
<p>Miró encima de la cama, ¡y nada! Miró debajo de la almohada, ¡y tampoco! Miró dentro del juguetero, ¡y que si quieres! Miró detrás del carricoche de los gemelos, ¡y tampoco había nada!</p>
<p>—Mmmm&#8230; Me parece que a esta hija mía se la han comido los papeles. ¡Y mira que se lo dije!</p>
<p>La mamá de la niña empezó a desbaratar a toda piña la montaña papelcolera: la regla y las tijeras; el libro de Inglés y el de Matemáticas; el pegamento y la goma; el cuento de <em>La Bella Durmiente</em> y el de <em>Pinocho</em>; el rotulador verde pistacho y un dibujo del Monstruo de las Galletas; el libro de Conocimiento del Medio, la libreta de Lengua y&#8230;</p>
<p>—¡Aquí están los rizos de mi niña! ¡Vaya susto que me has dado! ¿Y ese trasquilón en el flequillo? Tú y tu manía de recortar todo lo que pillas&#8230; ¡Anda, a la cama, que mañana tienes control de Lengua y tienes que levantarte bien fresquita!</p>
<p>—Mami, es que soñaba que me comían los papeles&#8230; ¡La libreta de Lengua estaba empeñada en comerme la nariz!</p>
<p>—Eso te pasa por ser tan desordenada. Si no fueras tan desordenada, no soñarías esas cosas. Venga, vete a dormir, y mañana por la tarde, nada más volver del cole, recoges tus papeles.<br />
—Adiós, mami, buenas noches.<br />
—Adiós, cariño, duérmete prontito.<br />
—Mami&#8230;<br />
—¿Qué, hija?<br />
—&#8221;Naricita&#8221;&#8230; ¿ se pone con &#8220;c&#8221; o con &#8220;z&#8221;?<br />
—Con &#8220;c&#8221;, hija. ¿Por qué lo dices?<br />
—Por nada, por nada.</p>
<p>En cuanto su madre apagó la luz, la niña se levantó como un cohete, metió la directa y en menos que canta un gallo había ordenado todos sus papeles y bártulos del cole. Y desapareció en un pis pas la montaña <em>papelcolera</em>. Y durmió toda la noche de un tirón. Y no soñó nada de nada.</p>
<p>A la mañana siguiente, en el control de Lengua, la profe, por sorpresa, les salió con un dictado.</p>
<p>—Atención, niños, escribid:<br />
—Había una vez una niña que tenía una naricita preciosa, respingona. Pero era muy desordenada, y un buen día&#8230;</p>
<p>• <strong>Montse Román</strong></p>
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		<title>&#8216;¡Las quiero a las tres!&#8217;</title>
		<link>http://www.migatocalcetines.es/2005/12/30/%c2%a1las-quiero-a-las-tres/</link>
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		<pubDate>Fri, 30 Dec 2005 21:54:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Montse</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inventos míos]]></category>

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		<description><![CDATA[Las necesitaba para dormir. A las tres. Todas juntas y a la vez. Y si alguna le faltaba, no podía pegar ojo.
Una era blanca y negra, y a ella le parecía que olía a confites. La otra era amarilla y larguirucha, pero tan suave como su gato Calcetines. La tercera le recordaba a un caramelo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las necesitaba para dormir. A las tres. Todas juntas y a la vez. Y si alguna le faltaba, no podía pegar ojo.</p>
<p>Una era blanca y negra, y a ella le parecía que olía a confites. La otra era amarilla y larguirucha, pero tan suave como su gato Calcetines. La tercera le recordaba a un caramelo de fresa y nata de los que se deshacen en la boca.</p>
<p>—Las quiero a las tres, pedía cada noche la niña cuando su madre la arropaba y le daba un beso, y ella se quedaba sola en su camita.</p>
<p>—¿Todas? ¿Y si se te pierde una? Luego despertarás hasta al gato para encontrarla. ¿No prefieres que te lea un cuento?</p>
<p>—Vale, mami, pero luego me las das. A las tres.</p>
<p>—¿No podías conformarte con una? Una sola, la que más te guste.</p>
<p>—¡<em>Noooo</em>! ¡Las quiero a las tres!</p>
<p>La niña sabía muy bien lo que quería. Sin ellas, sin las tres, el sueño no llegaba a posarse en su ventana. Y no le servía para nada contar ovejas ni nubes de algodón ni patitos de uno en uno.</p>
<p>Con &#8220;una oveja&#8221; y &#8220;dos ovejas&#8221;, le entraba un poco de sueño. Pero cuando le tocaba contar tres, escuchaba sus tres beeeees, y se asustaba ella también.</p>
<p>—¿Por qué estarán tan asustadas? ¿Se habrá colado en el rebaño un lobo disfrazado de cordero?</p>
<p>Pero ella estaba calentita y segura en su cama, y seguía contando.</p>
<p>—Cuatro ovejas.</p>
<p>Y afinaba el oído.</p>
<p>Algo raro pasaba. La oveja recién llegada balaba a moco tendido:<br />
<span id="more-1466"></span><br />
—Baaa, beee; baaa, beee. Que éste no es mi cordero Caperucito, que yo lo sé muy bien. Baaa, beee. Y si es un lobo, ¿qué vamos a hacer? Baaa, beee.</p>
<p>Ya no le quedaba ninguna duda. En ese redil rondaba un lobo disfrazado de cordero.</p>
<p>Y, claro, luego tenía que avisar corriendo al cazador y esperar a que le abriera la tripa al lobo y sacara vivito y coleando al corderillo Caperucito que se acababa de zampar.</p>
<p>Y al final, todo acababa bien; pero entre una cosa y otra, ella seguía sin pegar ojo.</p>
<p>Con las nubes era peor. Mientras las iba contando, se las imaginaba de azúcar, de chocolate, de gominolas, de helado de menta y de regaliz. Y le entraba tanto hambre que, antes de llegar hasta 10, se las quería comer todas.</p>
<p>—<em>Crunch</em>, <em>crunch</em>, <em>crunch</em>. ¿Quién roe, roe? ¿Quién mis nubes me come?</p>
<p>¡Es la bruja! —pensaba la niña—. ¡La bruja malvada!</p>
<p>—Una nube, sólo una&#8230; Tienes casi diez, y una casita de chocolate enterita para ti.</p>
<p>—Tranquila, hermosa. Come cuantas nubes quieras, que nunca se gastan. ¡Cuantas más comas, más gordita te pondrás y más rica me sabrás!</p>
<p>—¡No me dejaré engañar, so bruja!</p>
<p>Y, claro, luego tenía que esperar a que la bruja encendiera el horno y, en un descuido, ¡zas!, darle una patada en el culo y meterla de cabeza entre las llamas.</p>
<p>Y todo acababa bien. Pero entre una cosa y otra, ella seguía sin pegar ojo.</p>
<p>Con las patitos era requetepeor, porque nunca pasaba del primero.</p>
<p>—¡Un patito!</p>
<p>—¡Qué horrible es! ¡Si será un pavo!, <em>cuacqueaba</em> su mamá.</p>
<p>—De pavo, nada, monada. ¿No ha visto usted cómo nada? ¡Qué va a pensar su marido, doña Pata desalmada!</p>
<p>—Tienes más razón que un santo, insolente niña. Ha salido a su padre, que tiene siete medallas de girasol en buceo bajo el agua. Y, bien mirado, tampoco es tan feo. Pero ha tardado tanto en salir del cascarón&#8230; ¡que mira qué grande y desgalichado me ha salido! Aunque también es verdad, que en un varón, la hermosura es lo de menos.</p>
<p>—No sé qué decirle, señora Pata. Porque mis hermanos mayores son grandes como un castillo, ¡y no vea usted qué presumidos han salido!</p>
<p>Y cuando el patito feo fue presentado en el corral, sólo recibía picotazos, empujones y malos modos de todos los patos y gallinas corralinos. Hasta del pavo.</p>
<p>Y nadie lo quería. Ni la niña que daba de comer al averío, ni su Alteza Pato Gordo, que hizo la vista gorda ante súbdito tan feo. Ni siquiera uno solo de sus hermanos quintillizos.</p>
<p>—¿Por qué no te atrapará el gato, espantajo?, le decían.</p>
<p>Y el pobre patito se largó a correr mundo, porque nadie lo quería. ¡Por feo!</p>
<p>Y, claro, luego la niña tenía que esperar a que pasara el invierno y el patito se volviera un guaperas y volara feliz con sus hermanos los cisnes en primavera.</p>
<p>Y todo acababa bien. Pero entre una cosa y otra, ella seguía sin pegar ojo.</p>
<p>La niña sabía muy bien lo que quería y no quería. No quería contar patitos feos ni nubes de golosinas ni ovejas asustadas. Para que el sueño se posara en su ventana, sólo necesitaba abrazarse a sus mascotas. A las tres. Todas juntas y a la vez.</p>
<p>A Cris, que era blanca y negra, y olía a confites, aunque fuera una mofeta. A Kit, amarilla y larguirucha, y tan suave como un gato, como todas las jirafas de peluche. Y a Rosi, su osita mimosa, que le recordaba a un caramelo de fresa y nata de los que se deshacen en la boca.</p>
<p>—¡<em>Maaami</em>, dame mis mascotas! ¡A las tres!</p>
<p>Y su madre, cada noche, después de arroparla y darle un beso, se las traía. Y ella se quedaba bien acompañada en su camita. Pero, por si acaso, les fabricaba una casita a cada una para que el lobo no pudiera entrar y zamparse a sus mascotas de una en una.</p>
<p>—Sopla, sopla y estornuda cuanto quieras, Lobocomemascotas, que no las derribarás, porque ninguna es de paja ni de retama amarilla, que las tres son de ladrillo y de tejas coloraditas.</p>
<p>Y todo acababa sin ni siquiera empezar, porque el lobo se volvía a su guarida sin intentarlo siquiera. Porque, claro, ya se sabía el cuento y que al pie de la chimenea le esperaba un caldero hirviendo donde escaldarse, por malo, las posaderas.</p>
<p>Y como el que no quiere la cosa, la niña cerraba los ojos y dormía toda la noche como un ladrillo, con las mejillas sonrosadas como tejas coloraditas.</p>
<p>Y entre una noche y otra, la niña se hizo mayor y, sin que nadie se lo pidiera, dejó de reclamar a sus mascotas. A las tres. Todas juntas y a la vez.</p>
<p><strong>• Montse Román</strong></p>
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		<title>&#8216;La gineta Yenetta y el gato callejero&#8217;</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Nov 2005 18:39:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Montse</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inventos míos]]></category>

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		<description><![CDATA[La luna ilumina la noche de abril, y en lo alto de una encina centenaria, cerca de los chopos que señalan el caserón de El Inglés, entre Torija y Rebollosa, acecha la gineta Yenetta.
No ha logrado atrapar ni un triste roedor ni un conejillo desvalido ni un pájaro despistado ni una liebrecilla revoltosa, ni tan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La luna ilumina la noche de abril, y en lo alto de una encina centenaria, cerca de los chopos que señalan el caserón de El Inglés, entre Torija y Rebollosa, acecha la gineta Yenetta.</p>
<p>No ha logrado atrapar ni un triste roedor ni un conejillo desvalido ni un pájaro despistado ni una liebrecilla revoltosa, ni tan siquiera una escuálida lagartija con que calmar el ruido de sus tripas.</p>
<p>Sus crías acaban de nacer. Si Yenetta no come, de sus ubres dejará de manar leche. Si no hay leche, morirán sus cachorros.</p>
<p>Sus cachorros, dos hembras y un macho del color de los robles en otoño, la esperan al pie de la encina, en un hueco que hendió el rayo en una tormenta de verano.</p>
<p>Aún tienen plegadas sus orejas y cerrados sus ojitos. Sólo saben buscar la leche de su madre con su morro puntiagudo, el calorcito de sus cuerpos chiquitos contra el suyo.</p>
<p><img alt="búhookultimo.JPG" src="http://www.migatocalcetines.es/b%FAhookultimo.JPG" width="268" height="248" /></p>
<p>Si sus maullidos llegaran a oídos del Zorro del Cerro o a los de Papá Búho Real, que en las noches de primavera cazan por la zona&#8230; Prefiere no pensarlo.</p>
<p>Pegada al tronco de la encina, Yenetta parece una serpiente, una serpiente de casi un metro que mantiene el equilibrio con el contrapeso de su cola.</p>
<p><img alt="gineta007.JPG" src="http://www.migatocalcetines.es/gineta007.JPG" width="293" height="343" /></p>
<p>Al menor atisbo de comida, bajará como un lince hasta su presa. “Y algún incauto tiene que pasar –se dice–. Sería la primera noche que me voy a la cama sin cenar&#8230;”.<br />
<span id="more-1445"></span></p>
<p>Pasan las horas, y nada se mueve por el suelo. Sus tripas son ya un torrente desbocado. Afligida, regresa a su guarida: “Algo de leche me quedará. Algo de leche, y un montón de mimos”.</p>
<p>A la noche siguiente, Yenetta caza una lagartija; y a la otra, nada de nada. Y a la que viene, tanto de lo mismo. Tanto le acucia el hambre que piensa en ir a buscar moras&#8230; Moras, o uvas, o higos del huerto de Félix el Tejero&#8230;</p>
<p><img src="http://www.migatocalcetines.es/wp-content/Cañizar.jpg" alt="Cañizar" title="Cañizar" width="550" height="413" class="alignnone size-full wp-image-6833" /></p>
<p>Pero es abril, y en abril sólo florece la retama y el tomillo. En Cañizar, en la casa que antaño fue del cura, hay un palomar lleno y lleno de palomas. Palomas en el tejado, palomas en el corral, palomas en la morera, palomas en el granado del campillo de la Aurita&#8230;</p>
<p>Se le llenaba la boca de agua, con sólo imaginar tal revoloteo.</p>
<p>Cuando era un cachorro, su madre la llevó de caza allí una noche, con todos sus hermanos, se acordaba bien. Era septiembre, cuando los labradores prenden los rastrojos y hasta los ratones huyen de la quema.</p>
<p><img src="http://www.migatocalcetines.es/wp-content/Cañizar1.jpg" alt="Cañizar" title="Cañizar" width="448" height="253" class="alignnone size-full wp-image-6869" /></p>
<p>—Escuchad, hijos míos —les dijo su mamá—. En los pueblos siempre hay comida, pero sólo en casos desesperados merece la pena atreverse a cazar cerca de los humanos.</p>
<p>Esa noche, la luna no acudió a su cita en lo alto de la encina. Un ligero airecillo balanceaba las nubes y la copa de los robles y las encinas.</p>
<p>Las gatas, y Yenetta también era una gata, aunque ella se sentiría ofendida si se lo dijeran, agarran a sus crías por la nuca y sin clavarles ni un diente, no se sabe cómo, las llevan entre sus fauces como si fueran farolillos. Atrapó al gatito y se deslizó precavida al campo abierto. Pero antes aleccionó a sus dos hermanas:</p>
<p>—Nos mudamos de cobijo, niñas. No se ven ratones ni conejos ni pájaros ni liebres; últimamente, ni lagartijas. Así que emigramos. Me llevo primero a vuestro hermano. No os mováis, no lloréis, ¡no se os ocurra decir este maullido es mío!</p>
<p>Las dos gatitas se hicieron un ovillo. Del susto, ni maullaron.</p>
<p><img src="http://www.migatocalcetines.es/wp-content/Cañizar-Rebollosa-la-Muela-y-el-Colmillo.jpg" alt="Cañizar, Rebollosa, la Muela y el Colmillo" title="Cañizar, Rebollosa, la Muela y el Colmillo" width="500" height="375" class="alignnone size-full wp-image-6827" /></p>
<p>Yenetta atravesó los campos de olivo, las lomas tapizadas de retama y tomillo, los arroyos de zarzamoras, los sembrados verdes de cebada temprana, los álamos blancos de la vega de La Rata&#8230; Para despistar, dio un rodeó y entró a Cañizar por las eras del Ojo Huero.</p>
<p>Dejó a la derecha el campo de fútbol, la peña de los chicos del pueblo, el bar de Julián, y desembocó en la plaza de Abajo. Rodeó la iglesia, giró a la izquierda y se detuvo en el campillo de la Aurita. Sólo faltaba colarse por la verja y penetrar en la leñera.</p>
<p>Depositó con cuidado a su gatito, lo vistió de lametones, lo tranquilizó con cariños: “Enseguida vuelvo, mi amor. No te muevas, no llores, ¡no se te ocurra decir este maullido es mío!</p>
<p>En menos de tres horas, tuvo a sus tres hijos consigo. En un cesto de mimbre destartalado describió una “o” alargada, con su cuerpo y con su cola. En medio del redondel, felices, sus tres gatitos.</p>
<p><img src="http://www.migatocalcetines.es/wp-content/Cañizar..jpg" alt="Cañizar." title="Cañizar." width="550" height="413" class="alignnone size-full wp-image-6836" /></p>
<p>Pero estaba hambrienta, terriblemente hambrienta. Salió al huerto, trepó por el almendro y saltó al tejado de la casa de la Aurita; del tejado a la morera, y de la morera al palomar, lleno y lleno de palomas.</p>
<p>Cuando regresó a su cobijo, empezaba a clarear. Por primera vez en cuatro días, sus crías se hartaron de mamar, durmieron como lirones y tuvieron, cómo no, un montón de mimos.</p>
<p>A las cinco de la tarde, Yenetta seguía con sus cachorros. Como todas las tardes, porque las ginetas no salen a cazar hasta la noche. De pronto, su finísimo olfato le puso sobre aviso.</p>
<p>Un intruso andaba cerca. No era un zorro ni un búho real; tampoco un halcón peregrino. El olor le resultaba familiar, había algo en él que&#8230;</p>
<p>—¡<em>Juá</em>, <em>juá</em>!, una gineta con sus crías. Si no lo veo no lo creo&#8230;</p>
<p>Al sentirse descubierta, Yenetta encrespó el lomo, bufó y lanzó un terrible maullido. En frente de ella, tenía un gato común, un gato romano callejero.</p>
<p>—¡Vaya, princesa! ¿Tan mal os va en el monte que ahora anidáis en las leñeras? </p>
<p>Pues has de saber que esta leñera es mía. Sus dueños sólo vienen los fines de semana, y yo, ejem&#8230;, se la cuido.</p>
<p>Y no quiero ginetas ni giletas, por muy ágiles y elegantes que parezcan. Si alguna vez invito a alguien a mi casa, será a una gata, princesa, a una gatita callejera.</p>
<p>Aunque, pensándolo bien, no me caes mal&#8230; Hasta podríamos entendernos.</p>
<p>—¿Entendernos en qué, so gato? A las ginetas, no giletas, que no sé de dónde sacaste ese palabro, nos gustan las ginetas, no queremos nada con gatos pueblerinos.</p>
<p>—No te enojes, princesa. Sólo trataba de ser galante. Y puesto que yo no te invité a mi territorio, lo menos que puedes hacer es presentarme a tus crías: ¿son guapas?</p>
<p>—¡Por supuesto! Pero no creo que eso te importe. Sé apañármelas sola, gatoncito.</p>
<p>Aunque parezca mentira, se hicieron amigos y compartieron su guarida. Ella en el cesto, con sus crías; él, en una hamaca de flores amarillas.</p>
<p>Cuando se acercaba los humanos, el Gato Callejero daba la alarma para que Yenetta aleccionara a sus crías:</p>
<p>—No os mováis, no lloréis, ¡no digáis este maullido es mío!</p>
<p><img src="http://www.migatocalcetines.es/wp-content/Cañizar_.jpg" alt="Cañizar" title="Cañizar" width="550" height="413" class="alignnone size-full wp-image-6838" /></p>
<p>Y llegó el mes de agosto y los gatitos vagabundeaban por el huerto, olían las rosas y trepaban al granado y al lilo.</p>
<p>Yenetta añoraba los robles, las encinas, los olivos.</p>
<p><img alt="CUENTOagosto7.jpg" src="http://www.migatocalcetines.es/CUENTOagosto7.jpg" width="417" height="215" /></p>
<p>El monte estaría ya lleno de conejos, pájaros, liebres, y hasta lagartijas. Un mes más los cuatro juntos y cada uno seguiría su camino. Pero antes debía enseñarles muchas cosas.</p>
<p>Y así se lo hizo saber al Gato Callejero:</p>
<p>—Nos vamos. Fue un placer conocerte pero, si seguimos aquí, mis hijos no aprenderán a cazar solos. Y, sin ánimo de ofender, ¡son ginetas, no gatos callejeros!</p>
<p>—Lo entiendo, princesa. También fue para mí un placer compartir techo y estrellas con vosotros.</p>
<p>—¿Estrellas?</p>
<p>—Sí, princesa, las estrellas del cielo que se ven desde la leñera&#8230; Y dentro de ella, la más arisca, pero la que más brilla.</p>
<p>Yenetta no entró en el juego. No deseaba convertirse en una gineta pueblerina.</p>
<p>—¡Nos vamos, niños! Regresamos a nuestro monte de robles y encinas.</p>
<p>—¿Por qué, mami? Aquí estamos muy bien. Y siempre hay palomas.</p>
<p>—¿Por qué, mami? Aquí estamos de maravilla. Y siempre hay palomas.</p>
<p>—¿Por qué, mami? Aquí se está de vicio. Y siempre hay palomas.</p>
<p>—¿Por qué? ¿Por qué?&#8230; Cuando seáis mayores lo entenderéis. ¡No se hable más!</p>
<p>Cuatro meses después de su llegada al pueblo, Yenetta y sus hijos regresaron a la encina centenaria. Limpiaron el hueco hendido por el rayo y jugaron a contar estrellas.</p>
<p>—Es hora de cazar, niños. Que aquí no tenemos un palomar al lado, hermosos.</p>
<p>La luna iluminaba la noche de agosto y corría una fresca brisa que invitaba a pasear. A Yenetta le pareció distinguir entre las encinas la silueta de un gato callejero.</p>
<p>—Será de comer tantas palomas, pero no veo ni torta&#8230; Tendré que ir al oculista.</p>
<p>—Buenas noches, princesa. ¿Damos un paseíto?</p>
<p>• <strong>Montse Román</strong></p>
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