¿Se llamaría Guardián, Barbucho, Pinta, Sorpresa, Bravo, Gaucho, Capitán…?
• Por José Larralde
Mi padre depositó el haz en el portal; y entre las flores y el olor a esparceta recién segada, un cachorro de perro. “¿Cómo quieres que lo llamemos?”, le preguntó a mi hermano C., que por entonces tenía unos dos años.
Con el nombre que mi hermano pronunció, sin pensárselo dos veces, se quedó. Andando el tiempo, como suele suceder, resultó que nunca hubiera podido llamarse de otra manera.
Era un chucho callejero, de mediano tamaño, negro y tostado, paciente, bueno. Compañero inseparable años más tarde de mi hermano Miguel, y de Jesús y Toñín, los tres mosqueteros del barrio de la Canaleja expertos en construir casetas que duraban justo el tiempo en que mi hermano Antonio tardaba en evitar que les cayera un ladrillo o una tabla en la cabeza.
Vivió unos diez años. Primero, en la casa donde yo nací, luego en la del campillo, al lado de la fuente; ambas en el barrio de la calle de Arriba. Más tarde, cerca del camino de tierra que sube al monte, en la Canaleja.
Aún pudo cumplir más, pero el destino lo atrapó entre ruedas. El camionero ni siquiera se detuvo. ¿A quién le importa un perro muerto? Este que yo recuerdo ahora se llamaba Camuñas. El cachorro que cuando llegó a casa olía a esparceta.


Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
Comentarios
Tu blog cada vez se vuelve más poético, ¡qué bienn! Feliz y venturoso Año Nuevo.
¡Gracias! Muy feliz año para ti también:-)
Añade tu opinión