“Tendido en la trinchera, toqué mi piano imaginario: ‘Brasil’, ‘Bésame mucho’, ‘Acércate más’…”

Consuelo Velázquez

Entrevista en La Vanguardia con Pere Godall, superviviente de la quinta del biberón.

“Cada aniversario del comienzo de la batalla del Ebro, la más sangrienta de la historia de España (100.000 muertos en la Terra Alta), hablo en esta página con un superviviente de la quinta del biberón —miles de chicos de la zona republicana de 17 y 18 años enviados al matadero en 1938—, lo que haré mientras haya página y quede uno vivo, en memoria de los que perdieron o arruinaron su vida por el desatino de sus mayores.
Pere Godall fue uno de esos chicos, y hoy preside la Agrupació de Supervivents Lleva del Biberó (info@fornimetal.com), que mañana reúne a supervivientes (dice Godall que apenas restan unos 500 que se valgan por sí mismos) en la cota 705 de la sierra de Pàndols (Pinell de Brai).

• Por Víctor-M. Amela

“Cumplo 90 años en diciembre. Nací y vivo en Tarragona. He sido pianista, director de orquesta y ejecutivo de banca. Estoy casado y tengo dos hijos, cinco nietos y cuatro bisnietos (de entre 1 y 11 años). Soy progresista. Soy católico. Todo en la guerra es miseria: ¡nunca más!”.

—¿Dónde estaba usted el 25 de julio de 1938?
—Cruzando el río Ebro en una barca, entre Mequinenza y Fayón, pasada la medianoche… Comenzaba la batalla del Ebro: mañana hace 72 años…

—¿Con quién iba en esa barca?
—Éramos unos 25 soldados del 905 batallón, 227 brigada, 4. ª compañía. En la barca de delante, a un chico le estalló su granada… Se fueron todos a pique.

—¿Qué edad tenía usted?
—Yo era un estudiante de música de 17 años.

—¿Y qué hacía un chaval en la guerra?
—Las guerras sirven para que los que mandan envíen a otros a morir. Los políticos de la Generalitat nos enviaron como carne de cañón a los de mi quinta, la quinta del biberón.

—¿Cuándo le llamaron a filas?
—En abril de 1938, con un millar de chicos de mi provincia, Tarragona. Nos concentraron cerca de casa: la primera noche me escapé…

—¿Por qué?
—¡Nos pusieron a dormir en el suelo! Añoré mi cama, a mi madre, mis hermanos…

—Que estarían muy preocupados…
—Unos meses antes, una bomba de la aviación franquista nos había hundido la casa. Mi padre murió sepultado… Mi madre y yo, que tenía 16 años, nos pusimos a trabajar…

—Volvió al cuartel, supongo…
—Sí: me dijeron que si volvía a escaparme, ¡pena de muerte! Nos llevaron cerca del Ebro, de instrucción, a pegar un par de tiros.

—¿Qué armamento llevaba usted?
—Sólo un fusil y algunas balas.

—¿Qué hicieron tras cruzar el río?
—Avanzar. De noche. No vimos a nadie. Así que, al siguiente día, mi comandante me entregó un papel con un parte, encomendándome enlazar con algún otro batallón…

—¿Se fue usted solo a campo través?
—Por aquellos montes, subiendo y bajando, de noche… Al final vi una luz: me acerqué… y oí que hablaban castellano. ¡Los nacionales! Oculté el parte en mi calcetín, por si me prendían, y retrocedí en silencio…

—Qué susto…
—Después topé con un batallón de los nuestros, cerca. Avisé de la proximidad de nacionales. Alboreó. Y entonces sí me asusté…

—¿Qué pasó?
—Vi que estábamos en una vaguada… ¡y en los cerros, rodeándonos desde lo alto, el enemigo! Con la luz del día empezaron a dispararnos. Fue una matanza. Éramos un millar… ¡y sólo 200 sobrevivimos!

—¿Qué recuerdo le ha quedado?
—Que nos mataban como a conejos. Corríamos laderas arriba, buscando salidas. Los aviones soltando bombas… Yo corría e iba viendo a compañeros caer alrededor…

—¿Le hirieron?
—No: quizá la bomba de mi casa había cubierto mi cupo… Los meses de guerra que siguieron fueron igual: ver morir a compañeros.

—¿Protagonizó alguna acción heroica?
—Valiente no soy. Buscaba salvarme. Sobreviví a piojos, sarna, suciedad, muertos, pánico en la noche haciendo guardia, hambre, comer gato, pasar calor, ¡sed…! He bebido mis meados. Un amigo tenía tanta sed que al agacharse a beber en una charca, se ahogó.

—¿Dónde fue aquella primera masacre?
—Cerca del río, en los Auts. Cuando los supervivientes contactamos con mi batallón, mi comandante me espetó: “¿Dónde está el parte que te di? ¡Que te pego cuatro tiros!”.

—¿Por qué?
—¡Por si yo había filtrado el parte al enemigo, ayudando en la matanza! Me lo saqué del calcetín, se lo di. “¡Acabas de salvar tu vida!”, dijo. Suerte que no perdí aquel papel…

—¿Hubo traiciones, fugas…?
—Conocí a dos que se automutilaron, disparándose en una pierna, para ser evacuados. La pólvora en la pierna los delató… El comandante me puso en el pelotón para fusilarlos. Le rogué ser relevado y me apartó.

—¿Mató a alguien?
—Disparé mucho: ¿acerté? No sé. Desde nuestras cotas matábamos a muchos, seguro…

—¿Qué siguió a aquella primera batalla?
—Vuelta a la ofensiva… y vuelta a huir, hacia el río: vi una pasarela, corrí… y el último tramo estaba roto y había ahí un herido en una camilla… Sin saber nadar, salté al agua, gané la orilla… y entonces un proyectil hundió la pasarela y se llevó al pobre herido al río…

—¿Acabó para usted la batalla del Ebro?
—¡No! Volví a cruzar por Flix, y a finales de agosto estaba frente a La Fatarella, escondiendo la cabeza en una trinchera de cuatro piedras: cada día éramos ametrallados sin cuartel por tierra y desde el aire…

—Me parece un milagro que esté vivo…
—Lo que vi es que a los que se deprimían y decían “Ay, que me matarán, me matarán, no volveré a ver a mi madre”… ¡siempre los mataban! Yo procuré tener la cabeza ocupada: ya que sabía tocar el piano, ¡lo tocaba!

—¿Un piano bajo las bombas?
—Tumbado boca abajo en la trinchera, yo repiqueteaba los dedos contra el suelo, como si aquel trozo de tierra fuese mi teclado…

—¿Y qué tocaba?
Brasil, Bésame mucho, Acércate más… Canciones que, acabada la guerra, toqué con mi orquesta. Tocando mi piano imaginario pude evitar suicidarme, como sí hacían otros…

—¿Presenció suicidios?
—Cuando nos retirábamos, atravesando el río por Ascó, vi a un oficial meterse en el agua hasta el pecho, pistola en alto… y entonces pegarse un tiro en la sien. Tantos muertos he visto… Quiero presentar mis respetos a todos, de un bando y del otro.

La Vanguardia

2 Responses to ““Tendido en la trinchera, toqué mi piano imaginario: ‘Brasil’, ‘Bésame mucho’, ‘Acércate más’…””

  1. ATODAVELA says:

    Me agrada leer el encabezamiento del post:
    “… lo que haré mientras haya página y quede uno vivo, en memoria de los que perdieron o arruinaron su vida por el desatino de sus mayores”
    porque andábame yo metido en una historia: Siete noches de Julio de 1936 (I): Viernes, veinticuatro.

  2. ATODAVELA says:

    En relación con este tema aporto dos enlaces sobre la exhumación de una de las fosas de Aranda de Duero:

    -Este sábado se abre la fosa común en Aranda del Duero (Burgos) localizada gracias a quien escapó de ella
    (http://www.europapress.es/nacional/noticia-memoria-sabado-abre-fosa-comun-aranda-duero-burgos-localizada-gracias-quien-escapo-ella-20100806112836.html)

    – AUDIOS: Entrevista a Francisco Etxeberria en ‘Hora 14′
    http://www.cadenaser.com/actualidad/audios/entrevista-francisco-etxeberria-hora/sernotsoc/20100807csrcsr_11/Aes/

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