¡No más toros en la plaza! La tortura ni es arte ni es cultura

¡Vivos! ¡Que los queremos vivos! ¡Que desaparezcan de la plaza!

“La tortura no es cultura”. Éste fue el lema que coreamos todos. Hubo otros. Algunos pueden verse en las pancartas.
Reglamento taurino (ojo al parche):
Artículo 72
6. Las reses recibirán el castigo, en cada caso, apropiado, de acuerdo con las circunstancias. El espada de turno podrá solicitar, si lo estima oportuno, el cambio de tercio, después, al menos, del primer puyazo, a excepción de las plazas de primera categoría en las que serán, como mínimo, dos, y el Presidente resolverá lo que proceda a la vista del castigo recibido por la res.
En otro caso, el Presidente ordenará el cambio de tercio cuando considere que la res ha sido suficientemente castigada.

Artículo 75
Cuando debido a su mansedumbre una res no pudiera ser picada en la forma prevista en los artículos anteriores, el Presidente podrá disponer el cambio de tercio y la aplicación a la res de banderillas negras o de castigo.
¿Y a esto le llaman cultura?
No lo conseguiremos a la primera. Probablemente. Pero allí estaremos las veces que haga falta, dando la barrila, y sacando fotos para contarlo luego.
















Al final del recorrido (de la plaza de la Villa a la Puerta del Sol), el veterinario Carlos Rodríguez, el periodista Ignacio Escolar, la cantante Idaira, la actriz Isabel Pisano y las escritoras Ruth Toledano y Eugenia Rico leyeron “un decálogo sobre algunos de los falsos mitos que alegan los taurinos como excusa para continuar con este rito macabro”.
“El toro de lidia no es realmente una especie, sino un animal con determinadas características genéticas, que tiene un sistema nervioso exactamente igual que el de los humanos y por tanto padece dolor como nosotros”.
“Semejante escuela de brutalidad nunca debería ser considerada Bien de Interés Cultural”.

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
Comentarios
Queremos a los toros vivos. Me parece bien, ¿Cuántos quieres?. Comprese usted unos cuántos y los cuida. Son inofensivos.
Nooooooo. Mejor matarlos de la forma más cruel posible, para que disfruten los macabros que pretenden que comulguemos con sus ruedas de molino: que si no sufren, que si se trata de una forma de arte, etcétera.
El toreo es un rito sacrificial. La lidia y muerte de un toro posibilita que detrás de ello, vivan miles y miles de animales en un ecosistema como la Dehesa. La muerte del toro es mucho más ética, que la muerte de millones de animales que se producen en la industria alimentaria.
Nadie quiere que usted comulgue con ésto. Usted es libre.
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