Mi gato Calcetines


‘El tesoro’

Clegg

Héctor (11 años)

Un gigantesco rayo cayó sobre la cubierta del barco rompiendo el palo mayor. Varios hombres achicaban agua mientras la terrible tormenta inundaba la cubierta. De repente, el capitán ordenó cortar el trinquete. Pasaron muchas horas sin que cesara la tormenta y la noche llegó con su manto negro.

A la mañana siguiente se veía un sol espléndido y un cielo azul. El mar estaba en calma. El barco había chocado contra unos arrecifes y el casquete de proa había cedido. Estaba lleno de arena. El capitán llamó a toda la tripulación y les mandó ir a una isla desierta que estaba próxima al barco. Botaron una chalupa con quince hombres armados que volvieron con varios kilos de madera y fruta; mientras, repararon el barco. Una expedición partió a la isla que llamaron “La Isla del Nuafragio”.

Amaneció un nuevo día. Regresó el grupo de exploradores. Contaron que la isla en realidad era un gran continente y que tras la selva se hallaba un viejo monasterio de monjas. Decidieron atacar el convento cuando fuera de noche.

Cayó la noche, diez hombres guardaban el barco mientras otros diez se dirigían hacia el convento armados hasta los dientes. De improviso, se oyó un grito y el timonel cayó muerto, con el cuello atravesado por una flecha envenenada. Enterraron su cuerpo e hicieron una cruz con dos maderas atadas con una cuerda.

Llegaron los diez hombres al convento y sacaron las armas. Se dispersaron y retuvieron al capellán y a las monjas. El capitán se sentó a la mesa y dijo: “¡Comida!”. Inmediatamente le fueron servidas ricas viandas en vistosos platos de porcelana y diversos vinos en grandes y adornadas copas.

Cuando terminó, se levantó tirando bruscamente la silla y con unos cuantos de sus hombres saqueó las habitaciones y se apoderó de todo lo que pudiera tener algún valor.

De pronto, un hombre dijo: “¡Eh, capitán, un mapa!”. El jefe lo inspeccionó; era un apolillado pergamino que hablaba de un antiguo templo en mitad de la selva en el que se guardaba un magnífico tesoro. El capitán se recostó en la silla poniendo las piernas sobre la mesa; bebió un último trago de cerveza y se durmió.

Al amanecer del día siguiente partieron hacia la selva. La vegetación era enormemente espesa. Dejando un pequeño sendero avanzaban los hombres, cuando uno de ellos descubrió el templo. Forzaron la puerta y penetraron en su interior. Telarañas como redes adornaban el lugar. Atravesaron una puerta que rechinaba estrepitosamente. El pasillo estaba iluminado temblorosamente.

Al entrar, el suelo cedió bajo sus pies y cayeron a una sala presidida por unas estatuillas de bronce. Al pisar una baldosa, las estatuillas dispararon por sus ojos unas flechas de oro que se clavaron en el cuerpo de los marineros. Habían encontrado su tesoro.

* * *
Este relato formaba parte de una serie que su autor, por entonces, entre 9 y 11 años, tituló ‘La moneda rusa y otros cuentos’.

El primero de ellos, ‘La moneda rusa’, trataba de una familia con dos niños que necesitaba comprar un piso y que, gracias al hallazgo de una antigua moneda rusa que encontraba el más pequeño de la casa, y que valía un potosí (la moneda, y el niño;-), se libraban de hipotecas y letras. Cosa de magia.

El manuscrito, en un cuadernillo del cole, desapareció años después, en 1991, durante el traslado de libros, papelajos y demás enseres del barrio de Lavapiés al barrio de Chamberí. Sólo se salvó de la mudanza ‘El tesoro’, que alcanzó la fortuna de ver las letras de imprenta en una revista, en enero de 1989.

En: Del arco iris, Música, Relatos — Marzo 23, 2010

Trackbacks

Para hacer un trackback a este post usa esta URL


Comentarios

Los comentarios de este post en RSS
  1. ¿Un convento de monjas? juas juas
    Qué bueno, Hector. No deberías haber dejado esa afición. ;)

    Estebanillo - Marzo 24, 2010 @12:40 pm
  2. Pero, ¿de dónde les viene a los niños de la familia G. (de tierra adentro) esa afición por los barcos? A ver si continúa la saga: Esteban III,…

    Feli - Marzo 24, 2010 @7:14 pm
  3. Tienes razón, Estebanillo. Pero pensándolo bien (a favor de obra;-) qué iba a ser de nosotros sin su experto asesoramiento técnico por más de mil. Y cunde el ejemplo, porque ya van dos… (de momento).

    Eso me pregunto yo también, Feli. Será, serán… ¡las Islas Chafarinas!;-) Muy populares en la dura estepa castellana;-)

    Montse - Marzo 25, 2010 @2:16 pm
  4. [...] una obra de teatro. Aún andan por casa (a saber dónde). ‘La prueba’, a la par que ‘El tesoro’, vio las letras de imprenta en enero de 1989, en la misma revista. En: Del arco iris, Música, [...]

  5. A mí me gusta cuando dice lo de ¡Comida! Es un claro ejemplo del estilo y las inquietudes del autor.;-)

    Ina - Marzo 31, 2010 @4:40 pm
  6. ¡No te metas con tu hermano!;-)

    Montse - Marzo 31, 2010 @5:18 pm
  7. y la de cosas que cuenta en poco rato, es como oírle hablar :)

    María - Abril 1, 2010 @12:27 pm
  8. Cierto. No había caído…;-)

    Montse - Abril 1, 2010 @4:12 pm

Añade tu opinión


(obligatorio)
¿Añadir la URL de tu blog?

Me llamo Montse. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Tengo tres hijos. Mi casa no es un zoo, pero se le parece. Tengo un perro y dos gatos: Menorca, Calcetines y Figo. No se lo cuenten a Calcetines, pero él es mi preferido.

migatocalcetines[arroba]yahoo.es

Secciones

Buscador

Pulsa ENTER al terminar de escribir

Archivo


Enlaces


Sindicar

Puedes Sindicar el contenido de este blog en tu lector de noticias usando alguna de las siguientes formas:



WordPress & Dalarnas

Mi gato Calcetines © 2010 — Algunos derechos reservados