Mi gato Calcetines


Las Islas Chafarinas

Río Arlanza cerca de Peral de Arlanza

Los ojos de mi abuelo Petronilo están en los ojos de mi hermano Miguel, y en los de mi sobrino Álvaro. Era un buen mozo, como Miguel también, y como seguramente lo será Álvaro. Nació en Peral de Arlanza, un pueblecito de Burgos; por eso, cuando se casó con mi abuela, que era del Valle del Cerrato, a mi abuela empezaron a llamarle la Peralera. Cosas de los pueblos, que por entonces estaba muy mal visto echarse un novio de fuera.

No sé cómo se hicieron novios, pero sí escuché muchas veces contar a mi abuela —la mejor contadora de cuentos de la comarca; doy fe— cómo mi abuelo le rondaba la calle, cómo escuchaba el ir y venir de sus pasos frente a su ventana, y cómo se hizo de rogar hasta que le dijo que sí, que contigo pan y cebolla…

Mucho carácter el de mi abuela. Alta, esbelta, garbosa; no se la llevaba el aire. Muy mandona también. Muy diferente a mi abuelo, que nunca se hizo de notar y que era mago. Yo era tan pequeña que lo que mejor recuerdo es lo de la radio. Y a mi hermano Álvaro, insistiéndole:

—Abuelo, cuéntanos lo de las Islas Chafarinas.

A veces accedía, y a veces nos decía que no, que ya nos lo había contado muchas veces. Esas otras muchas veces se me despintan. Lo que sí recuerdo como si fuera hoy es verle buscar en la radio música árabe. Se podía pasar horas escuchando esa música que a nosotros nos sonaba a chino. ¿Qué le evocaba? Nunca nos lo dijo. Pero yo siempre pensé que había algo más que el hecho de haberle tocado hacer el servicio militar en las Islas Chafarinas. A inicios del siglo XX, la mili duraba tres años. Cuántas cosas pueden pasar en tres años…


Bledi

Por Cheb Mami

Río Esgueva en Torresandino

El domingo, mientras conducía de vuelta a Madrid, escuché una canción que me devolvió aquella imagen de mi abuelo: sus ojos aún más grandes tras las gafas, su rostro ensimismado mientras escuchaba en la radio música mora —él decía mora. En Torresandino, su pueblo prestado, le llamaban el hombre del tiempo. Y acertaba en numerosas ocasiones. Sé que las cabañuelas tenían mucho que ver, y poco más.

También sabía quitar los clavos, una especie de verruga que a veces sale en las manos, con unas hierbas con las que elaboraba un ritual; en el campo, no muy lejos del Esgueva. Cuando las hierbas se secaban, se secaban los clavos. Siempre y cuando el interesado no supiera nada y siempre y cuando a las hierbas no se las comieran las ovejas o algún otro animal. Sobre el ritual, lo sé todo —se lo escuché a mi abuelo muchas veces y mi padre me lo contó otra vez el pasado domingo—, salvo las palabras que había que pronunciar y que mi abuelo jamás reveló a nadie.

A lo mejor era imprescindible para que la magia surtiera efecto. A lo mejor ése era uno de los secretos de las Islas Chafarinas.

En: Del arco iris, Música — Marzo 2, 2010

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Comentarios

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  1. Los ojos más bonitos que conozco.

    Feli - Marzo 2, 2010 @6:36 pm
  2. Ah, las palabras mágicas…
    Me hubieran venido muy bien, soy propenso a los clavos :)

    Estebanillo - Marzo 2, 2010 @7:02 pm
  3. Claro que sí, Feli: bien guapos:-)

    Las palabras mágicas se las llevó consigo. ¿Sabes qué nos decía a los nietos cuando le preguntábamos? Y mira que insistimos…

    —Cuando me vaya a morir, os lo diré.

    —Sí, abuelo, se va acordar usted de los clavos cuando se esté muriendo…

    Pero no hubo caso, porque falleció en Bilbao. En fin. La vida.

    De un invierno que pasamos en casa de los abuelos, en la plaza, recuerdo a mucha gente que se acercaba para darle las gracias por haberle quitado los clavos. No es una leyenda. Yo estaba allí:-)

    Montse - Marzo 2, 2010 @7:45 pm
  4. ¿Leyenda? No, no. Esa historia del abuelo Petronilo y los clavos la he oído a otra de sus nietas… ;)

    Estebanillo - Marzo 3, 2010 @8:21 am
  5. Claro que sí:-) Y seguro que de todos los nietos, es quien mejor se lo sabe. Me refería sobre todo a que cuando fueron esas personas a darle las gracias, y obsequiarle de paso con algún regalito, yo estaba allí.

    Al abuelo Petronilo le encantaba que le preguntáramos cómo hacía la magia; daba muchos detalles, pero lo más importante siempre se lo guardó. Aún recuerdo el lugar donde decía que crecían esas hierbas. Y la hierba, también.

    Quién sabe. A lo mejor alguno de los nietos, de otra de las ramas, resulta que sí conoce las palabras mágicas. Del abuelo, al padre; del padre, a la hija… Algo he oído, aunque no me lo creo del todo. Habrá que investigar;-)

    Montse - Marzo 3, 2010 @2:56 pm
  6. Muy sugerente la música “mora” y el misterio en la distancia y los recuerdos… da para una novela. Mi abuelo también hizo la mili con los “moros” como él decía. Tras su regreso no volvió a probar lata de conservas ???

    ATODAVELA - Marzo 5, 2010 @4:19 pm
  7. Gracias. Bueno, a lo mejor para una novelilla…;-) La verdad es que mucho antes de saber dónde quedaban las Islas Chafarinas, las Islas Chafarinas estaban, y están, ligadas para siempre a la figura de mi abuelo. Cosas de la memoria y de la infancia.

    Anduve pensando y creo que dejó de escuchar la radio cuando empezó a fallarle el oído. Creo recordar que a mi abuela no le hacía mucha gracia verle escuchar música mora. Pero aquí ya entraríamos en el género novelesco.

    No recuerdo que tuviera aversión a las latillas. Otra cosa que investigar. Le preguntaré a mi padre.

    No he vuelto a ver la casa que fue de mis abuelos (ahora es de una tía mía). El sótano donde se guardaba el vino; la cuadra, donde luego hicieron el baño; la salita de estar, donde estaba la radio colgada en la pared; la ventana donde mi abuela se ponía a bordar o a coser a máquina (una Singer, aún anda por la Canaleja); el desván, donde mi abuela nunca nos dejaba entrar (yo una vez lo hice de extranjis)… La reformaron hace años, y seguro que ya no tiene nada que ver con la que yo recuerdo. En el fondo, no quiero comprobarlo.

    Montse - Marzo 5, 2010 @7:17 pm
  8. Cuando he leído y visto el video de las Islas Chafarinas me he emocionado. Yo siempre pensé que era una especie de mago. A mí me quitó un montón de los famosos clavos y en más de una ocasión me dijo que antes de morir por ser la mayor me lo diría. Abuelo, le decía yo cómo voy a preguntártelo cuando te estés muriendo…, él se reía… Es como si estuviera viéndole ahora mismo.

    Por cierto, como ando un poco atrasada en esto de internet, decirte también cómo me ha gustado lo de A. Yupanqui. Todo lo que canta me gusta, pero la de “Porque no engraso los ejes me llaman abandonao, si a mí me gusta que suenen pa que los quiero engrasaos, si a mí me gusta que suenen pa que los quiero engrasaos”. Un beso.

    rel - Marzo 14, 2010 @11:53 pm
  9. Yo también me emocioné cuando vi el vídeo. Las Islas Chafaniras… ¡existen!;-) Y también recuerdo cómo sonreía cuando le preguntábamos. Voy a pedir la partida de nacimiento, la de matrimonio…; y tirar del hilo hasta donde se pueda. Ya sabes cómo me gustan esas cosas. Ya te contaré.

    Los ejes de mi carreta la tienes aquí. Por ejemplo.

    Un beso, M.

    Montse - Marzo 15, 2010 @10:28 pm
  10. Gracias. Hacía que no la oía un montón. La suelo cantar cuando no me oye nadie. También he escuchado la versión de Facundo Cabral, muy buena.

    En cuanto a lo de tirar del hilo me parece una buena idea. Verás como resulta interesante.
    Te mentamos hace poco al oír “La jota de la Dolores” y otras. Qué ha sido de Fidela?.
    Un beso.

    rel - Marzo 16, 2010 @6:41 pm
  11. De nada:-) Bueno… Veremos qué sale. Por intentarlo no va a quedar. Fidela…, descansando un poco. Primero está Jesús. Ya te contaré.

    Un beso, M.

    Montse - Marzo 17, 2010 @1:01 am
  12. Es Gaviria?
    Sigue tan tiesa la hija de Fidela?
    Pablo me ha mencionado a Calcetines, veo que sigue igual de fiera y vigilando por si acaso, me he reido con él.
    Este finde largo al pueblo, lo malo es que yo trabajo unas horas el sábado y me va a tocar ir y venir, pero madrugaré. El domingo se van todos a comer, como ya he acabado el curso, estoy un poco mas tranquila, aunque madrugo me puedo echar una siestecilla.
    Vamos a cenar y al sobre que las 5h llegan enseguida. Besos.

    rel - Marzo 17, 2010 @9:22 pm
  13. Claro… Imagino que sigue tan bien como siempre; hace bastante que no hablo con ella.

    Calcetines le hizo su número preferido. Menudo es… El miércoles le tendré vigilado, por si acaso.

    Besos, madrugadora,

    M.

    Montse - Marzo 22, 2010 @2:17 am

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Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.

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