A Miguel Hernández, con quien tanto quiero
“Adiós, hermanos, camaradas y amigos
Despedidme del sol y de los trigos”, escribió Miguel Hernández en los muros de la cárcel poco antes de morir.
Con Miguel Hernández empecé a amar la poesía, y a Miguel Hernández regreso para seguir amándola.
El amor ascendía entre nosotros
como la luna entre las dos palmeras
que nunca se abrazaron.
No puedo olvidar
que no tengo alas,
que no tengo mar,
vereda ni nada
con que irte a besar.
Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

Y una buena noticia que alegra el día:
La familia de Miguel Hernández lleva al Supremo la nulidad de la condena: “El proceso sumarísimo contra Miguel Hernández ‘por rebelión contra el movimiento franquista’ se llevó a cabo el 18 de enero de 1940, cuando en apenas hora y media fue juzgado junto a otra veintena de presos y fue condenado a muerte por el Consejo de Guerra Permanente número 5, que posteriormente, el 25 de junio de 1940, le conmutó la pena por la inferior en grado de 30 años de prisión.
La Comisión y los herederos del poeta “queremos la anulación total de la sentencia y estamos dispuestos a llevarlo a todas las instancias que sean necesarias. Si hay que ir al Tribunal de La Haya, iremos”.
Retoñarán aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
aún tengo la vida.

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
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