El amante silbador
Era tan hermosa como una manzana. Eso pensaba cada vez que la veía entrar. El cabello recogido, muy tirante. Un moño alto que iluminaba su frente, sus perfectas orejas. La tez tan blanca. Los ojos azules. La boca roja.
Imaginé lo que quería: 25 ml de Maderas de Oriente. Quizás algún carmín. No había nadie en la tienda. Tendría charla para rato.
—¿Sabes, niña? Hoy estoy muy contenta. Mi marido se ha dado por fin cuenta de que no tengo un amante.
—…
—Sí. Estaba convencido de que tenía un amante. Llevaba años sin hablarme.
—…
—25 de Maderas de Oriente, guapa.
Tras el ventanal de la perfumería comenzó a chispear. En el casete, Clint Eastwood silbaba una canción. No, no era él. Pero yo lo recuerdo así. Fue la última vez que la vi.

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
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