Archive for February, 2010

El que no pía…

Friday, February 26th, 2010

… no come;-)

Esta mañana lucía el sol. Luego se escondió. Y puede que este fin de semana llueva tímidamente, como dice a veces el chico del tiempo. Bueno, no es primavera, pero ya queda menos.

♣ ♣ ♣

Los gritos de las grullas

A Miguel Hernández, con quien tanto quiero

Thursday, February 25th, 2010

“Adiós, hermanos, camaradas y amigos
Despedidme del sol y de los trigos”, escribió Miguel Hernández en los muros de la cárcel poco antes de morir.

Con Miguel Hernández empecé a amar la poesía, y a Miguel Hernández regreso para seguir amándola.

El amor ascendía entre nosotros
como la luna entre las dos palmeras
que nunca se abrazaron.

No puedo olvidar
que no tengo alas,
que no tengo mar,
vereda ni nada
con que irte a besar.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

Miguel Hernández, expediente

Y una buena noticia que alegra el día:
La familia de Miguel Hernández lleva al Supremo la nulidad de la condena: “El proceso sumarísimo contra Miguel Hernández ‘por rebelión contra el movimiento franquista’ se llevó a cabo el 18 de enero de 1940, cuando en apenas hora y media fue juzgado junto a otra veintena de presos y fue condenado a muerte por el Consejo de Guerra Permanente número 5, que posteriormente, el 25 de junio de 1940, le conmutó la pena por la inferior en grado de 30 años de prisión.

La Comisión y los herederos del poeta “queremos la anulación total de la sentencia y estamos dispuestos a llevarlo a todas las instancias que sean necesarias. Si hay que ir al Tribunal de La Haya, iremos”.

Retoñarán aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
aún tengo la vida.

“Somos más sofisticados, pero animales; no tenemos más importancia que un perro callejero”

Friday, February 19th, 2010

Entrevista en La Vanguardia con Stefan Schmitt, director del Programa Forense Internacional, de Médicos por los Derechos Humanos.

“42 años. Nací en Alemania, me crié en Afganistán y vivo en EE.UU. Estoy casado y tengo tres hijos. Licenciado en Antropología. En política y justicia lo fundamental es la transparencia. La religión no me da respuestas a los horrores: debemos responsabilizarnos de nuestro destino”.

Ima Sanchís

—En 1987 me fui a Guatemala a estudiar arqueología maya.

[Mi nombre no es XX]

—De fondo, la guerra civil.
—Sí, cadáveres tirados por las calles…, el sufrimiento de los civiles era inmenso. Y ahí estábamos los arqueólogos, haciéndonos los ciegos, una frustración que fui acumulando.

—Hasta que decidió actuar: no hay otra manera de sacudírsela.
—Mi primera exhumación fue una fosa llena de mujeres y jóvenes con un orificio en el cráneo. El ejército había afirmado que se trataba de gente que murió durante el combate, un argumento que no volvió a utilizar. Había encontrado una manera de combatir las mentiras y la represión.

—Y abandonó la arqueología.
—Sí, soy uno de los fundadores del equipo de antropología forense de Guatemala. Luego me marché a Florida a estudiar un máster en criminología y justicia criminal y trabajé con la policía estatal en identificación en la escena del crimen durante diez años.

—¿Qué descubrió y qué aprendió?
—Que yo siempre llego tarde.
(more…)

O sole mio

Tuesday, February 16th, 2010

• Por Sergio Franchi, que canta las napolitanas como muy pocos.

(Gracias, Mario:-)

Lavanda, encina, olivo

Monday, February 15th, 2010

cañizar, rebollosa, abril 04

La otra noche te oí respirar. Como si estuvieras al lado. Me desperté sobresaltada. Un mal sueño. Un buen sueño. Un presagio. Desde septiembre no habíamos regresado. ¿Era eso?

Por el camino vimos huellas de corzo sobre la tierra tierna. Algunas piedras han descendido en tu ladera. Entre sus junturas, la nieve y la lluvia trazaron pequeños surcos. Buscamos por entre los olivos; reforzamos tu guarida. El óvalo de piedra bajo el que reposan tus saltos, bailarina. Al frente, hay una lavanda. Al pie, una encina y un olivo. Pequeños, como tú. Medio salvajes, como tú. Estás bien acompañada, Menorquina.

Qué tonta. Hasta te dije pórtate bien, como cuando no te podía llevar conmigo y te dejaba sola.

Ring Ring Ratón Al Habla

Friday, February 12th, 2010

Caía la tarde, Cañizar,  febrero

Éste es el cuento que nunca he sabido escribir. Transcurre en el desván de un pueblo castellano, entre un baúl con libros viejos, un montoncito de cebada con racimos de uvas en su ladera y un oxidado candil que se dejaba caer por entre las vigas del tejado. Desde la tronera, no tan lejos, el nido de la cigüeña.

Los personajes me los sé de memoria: yo misma fui todos ellos. Ring Ring Ratón al Habla, Diga, Me, La Bruja Coruja del Guay Guay Guay, La Vaca Voladora y una niña que se ponía la imaginación por montera y que se llamaba Telesfora. También había un padre y una madre, pero sólo salían en el cuento para preguntar: “Pero ¡¿dónde se habrá metido esta niña?!”. Jamás adivinaron lo que se cocía en el desván.

La guarida de Ring Ring era un destartalado paragüero: la rinronera (a la g la echamos sin contemplaciones la segunda vez que salió). Diga era un ratón de ciudad y dormía dentro de un zapato. Me era un ratón de campo y dormía dentro de un zapatilla.

Quien más éxito obtuvo fue La Vaca Voladora. Hasta tenía una canción, que aún podría cantar, pero que no voy a desvelar porque ni la letra se salva. Cuando la Vaca Voladora regresaba de sus andanzas, siempre decía: “¡Vaca va!”. A ese grito, o te ponías a cubierto, o una vaca te caía encima. La Bruja también entraba por la tronera, pero sin avisar. Calculaba bien: jamás aplastó a nadie.

Escenifiqué, conté y canté tantos capítulos de ese cuento que ahora son un ovillo de recuerdos felices imposible de devanar. Lo hilvanaba a medida… A medida que me lo iba inventando. Estaba reservado para los viernes, porque al día siguiente no había cole: el beso de buenas noches y el cuento de Ring Ring. Alguna vez me dejé engañar: “Venga, mami, que sí que nos dormimos luego”. ¡Mentira!

Las risas y las carcajadas fueron tantas que nunca podré volver a atraparlas en un cuento. ¡Me rindo!

El amante silbador

Thursday, February 11th, 2010

Era tan hermosa como una manzana. Eso pensaba cada vez que la veía entrar. El cabello recogido, muy tirante. Un moño alto que iluminaba su frente, sus perfectas orejas. La tez tan blanca. Los ojos azules. La boca roja.

Imaginé lo que quería: 25 ml de Maderas de Oriente. Quizás algún carmín. No había nadie en la tienda. Tendría charla para rato.

—¿Sabes, niña? Hoy estoy muy contenta. Mi marido se ha dado por fin cuenta de que no tengo un amante.
—…
—Sí. Estaba convencido de que tenía un amante. Llevaba años sin hablarme.
—…
—25 de Maderas de Oriente, guapa.

Tras el ventanal de la perfumería comenzó a chispear. En el casete, Clint Eastwood silbaba una canción. No, no era él. Pero yo lo recuerdo así. Fue la última vez que la vi.

Minh’ alma

Wednesday, February 10th, 2010

Cabo de San Vicente. sudoeste de Portugal. La mar, sólo la mar

• Por Mariza

(Gracias, Ana)

Siempre queda la esperanza

Monday, February 8th, 2010

Ícaro y Minerva comían de mi mano. Sólo entraban en su jaula para dormir. Revolotearon a su antojo durante un curso escolar, de septiembre a junio, y, aunque ensuciaran la casa, que así era, siempre tuvo fácil remedio: de muebles y trastos varios teníamos los justos.

La explicación que le encontraba a que se empeñaran cada noche en ingresar libremente en prisión, después de todo el día revoloteando a su antojo, era que sabían que la puerta de su jaula permanecía siempre abierta. Pero no. Es más sencilla y cruel: nacieron en una jaula. Ellos, sus padres, sus abuelos…; generaciones enteras de periquitos criados en cautividad, condenados de por vida a vivir entre barrotes. Quizás los hijos de Ícaro y Minerva serían diferentes, pensaba.

No hubo tiempo. Minerva sufrió un accidente. Descansa para siempre en el paseo de la Isla, a los pies del río Arlanzón, en un lugar que sólo Héctor conoce.

A los pocos días, Ícaro escapó por la ventana. ¿En busca de Minerva? Quién sabe. Preferimos pensar que tuvo suerte. Que el sol no derritió sus alas. Que encontró a otra Minerva y que sus hijos nacieron libres.

Si nadie compra pájaros, a nadie se le ocurrirá atraparlos. Si nadie los atrapa, siempre serán libres…

Es una utopía, lo sé. Siempre habrá alguien que asegure que en su casa vuelan a su antojo. No volveré a ser yo. La libertad no está en una jaula abierta. La libertad está allá arriba, en el cielo.

El lince que nunca quiso llamarse Caribú

Thursday, February 4th, 2010

el lince que nunca quiso llamarse caribú

Tiene nombre de reno, pero es un lince. Cinco años. Guapo como él solo. ¿O no? Lo único que le sobra es lo que no es suyo.

Nació libre en Sierra Morena y en 2008 lo trasladaron a Doñana para que propagara la especie. Se escapó. Que si un garbeíto de más de 200 kilómetros por la provincia de Huelva. ¡Ele! Que si otro, hasta Portugal… (no sabemos si para escuchar un fado). Y el último del que se tiene constancia: al Cerro del Andévalo, también en Huelva. La querencia; ay, la querencia.

¿Que cómo lo saben? Porque lo tienen controladito. Tanto, que esta misma mañana, de nuevo lo apresaron. ¿Se volverá a escapar? Yo no apostaría nada. Hay linces tan listos que cuando los científicos van, ellos ya vuelven.

Cuándo llegará el día en el que los linces sean tantos que no sea necesario ponerles nombre.

Caribú llega a Doñana, con tres años: diciembre de 2008. Por ahí anda ahora también; sólo que no tenemos pruebas. Vaya con la translocación. Lo están volviendo loco.