Hasta el cielo
Nació solo. Quizás lo trajo el viento. Lo encontré un día por casualidad entre la hierba. Lo protegí de las heladas del invierno y del excesivo calor en verano. Lo mimé durante mucho tiempo. Tan pequeño era que tardé en descubrir cómo se llamaba. Después lo prendí en la tierra. Fue increíble. Empezó a crecer y a crecer como si tuviera toda la prisa del mundo por llegar al cielo. Nunca he visto crecer tan deprisa a un árbol. Era como si quisiera recuperar el tiempo en que permaneció prisionero en un tiesto. El olmo. Siempre que lo miro me parece un milagro.

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
Comentarios
[...] La vida del árbol invadió mi vida comencé a sentirme árbol y entendí su tristeza. Empecé a llorar por mis hojas, mis raíces, mientras un ave se dormía en mis ramas esperando que el viento dispersara sus alas. Yo me sentía árbol porque el árbol era mi vida. [...]
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