Mi gato Calcetines


Silvana y Benito

Silvana y Benito

Recuerdo esta fotografía desde que tengo uso de razón. De cuando el fotógrafo hizo clic, se dice pronto, hará en noviembre cien años. Quizás menos: los novios, por entonces, no se hacían el retrato necesariamente el día de la boda. Me la regaló el pasado verano mi primo José María. Una de esas sorpresas con las que te adivinan el pensamiento y te tocan el corazón.

Ella era morena, más bien menuda; con carácter. Al menos yo la recuerdo así. A él lo imaginé muchas veces cuando me alzaba de puntillas para ver más de cerca este retrato con trajes inventados que aún permanece colgado en la pared del cuarto de estar de la que siempre fue su casa. Tenía los ojos claros. Nació en abril. Ella en febrero. Cuando se casaron, ella tenía 20 años; él, 22. Los dos nacieron en un pueblecito del Valle del Cerrato.

Tuvieron 7 hijos: Ángel, Vicente, Gregorio, Calixto, Benita, Daniela y Nicolasa. De los hijos de sus hijos, 24 nietos: Matilde, Ángel, Cristi, Félix, Carlos; Pilar, Vicente, Conchita, Angelines; Fernando, José María, María Ángeles, Mari Luz, Jesús; Benito, José Ángel, Jesús; Raquel, Petri, Álvaro, Antonio, Montserrat, Cirilo, Miguel Ángel.

De los hijos de sus nietos…. De los hijos de sus bisnietos… Lo malo de familias tan largas es que siempre hay alguno al que pierdes la pista. Por eso me obligo a veces a pronunciar en voz alta sus nombres. Todos ellos están de alguna manera en esta foto, en la que para siempre quedó atrapado el tiempo.

Aquel tiempo en el que mi abuelo Benito aún no tenía siete hijos, aún no había llegado el invierno, aún no había volcado su carro, aún no había muerto sin conocer a sus nietos.

Benito y Silvana. Román Mena. Raíces.
Pedro Guerra

En: Del arco iris, Música — Enero 19, 2010

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  1. ¡Las figuras del campo sobre el cielo!

    Dos lentos bueyes aran
    en un alcor, cuando el otoño empieza,
    y entre las negras testas doblegadas
    bajo el pesado yugo,
    pende un cesto de juncos y retama,
    que es la cuna de un niño;

    y tras la yunta marcha
    un hombre que se inclina hacia la tierra,
    y una mujer que en las abiertas zanjas
    arroja la semilla.

    Bajo una nube de carmín y llama,
    en el oro fluido y verdinoso
    del poniente, las sombras se agigantan.

    ATODAVELA - Enero 19, 2010 @10:43 pm
  2. No había visto nunca una foto de mis bisabuelos, que recuerde. La guardaré :D Así, algún día, Estebillan podrá ver una foto de sus tatarabuelos.
    La Daniela se parece mucho a su madre…
    Gracias por compartirlo.

    Estebanillo - Enero 20, 2010 @8:20 am
  3. Ups, Atodavela, a ver si me voy a poner a llorar;-)

    Montse - Enero 20, 2010 @6:53 pm
  4. Seguro que alguna vez la viste. Al menos yo recuerdo una; lo que pasa es que tú eras un pitufo. Luego te envío por mail la que escaneé de la copia en papel que me regaló Jose. Aquí he tenido que reducirla a la mínima expresión. O casi. Este finde voy a traerme la de la Canaleja (sí, esa ovalada); para escanearla también. Chssss… Tú no sabes nada;-)

    Montse - Enero 20, 2010 @7:03 pm
  5. Claro, si era un pitufo…
    Ya me pasarás las dos fotos escaneadas, porfa.
    Igual nos vemos este sábado ;) Ha llegado a mis manos algo ya inesperado, por lo tardío…

    Estebanillo - Enero 21, 2010 @12:02 am
  6. Le digo a Álvaro: mira una foto de tus tatarabuelos. Pero repasando el árbol, nos hemos dado cuenta de que son los bisabuelos.
    Yo tampoco sé nada…

    Feli - Enero 21, 2010 @5:45 pm
  7. Claro. Es lo que tiene ser pitufo;-)

    Te mando la foto ya. La otra también llegará en su momento. Si el tiempo y las circunstancias nos son propicias;-)
    ¡Estupendo! Allí estaremos. Pues no caigo cuál puede ser la sorpresa… A lo mejor sí. Bueno, no digo nada.

    Eso es, Feli, bisabuelos de Álvaro II:-) Te mando la foto también.
    Besos, M.

    Montse - Enero 21, 2010 @11:24 pm
  8. ¿Qué mirarían sus ojos dentro y a través de las lentes?….siempre pienso que las fotografías nos miran, y no a la inversa….porque hay algo en las fotos que nos parecen vivas….vivas para quien las ve. ¿aprobarán sus ojos nuestra vida?, ¿nos dirán…”la vida es dura, no desfallezcan”?…
    Tristezas lejanas, ganar la vida, seguir, siempre seguir…la eternidad ida y vuelta hasta el pecho de la nieta que los recuerda y guarda….en sus propios ojos, en sus hijos y la almohada.
    Cuando memoria no haya se acordaran de vosotros y dirán: “vivan, vivan la vida queridos hijos, hijos de nuestros hijos. Nosotros, que los soñamos, dormimos aún el sueño de vuestras almas….de alegrías y penas….de esperanzas. No teman los pies cansados, ni la fatiga en el alba…..vivan la vida queridos hijos, hijos de nuestros hijos….que nuestro amor en un sueño nunca se acaba”…
    Rodolfo

    Rodolfo - Febrero 6, 2010 @1:18 am
  9. Rodolfo…Tu amigo

    Rodolfo - Febrero 6, 2010 @1:20 am
  10. Ay qué llorera;-) Qué cosas más sentidas dices…

    Sí, yo también pienso lo mismo: las fotos nos miran. Y esconden misterios, también. Y cuando nunca has conocido a esa persona que te mira, es un misterio que nunca resuelves, por mucho que te cuenten cómo era esa persona, por mucho que intentes por tu cuenta saber más.

    Cuando era pequeña me intrigaba mucho esta foto de mi abuelo; seguramente porque nunca lo conocí; y quizás también porque ninguno de mis hermanos ni yo misma nos parecemos a él. Mi madre nos hablaba mucho de él cuando éramos niños. Ahora me doy cuenta de que nos enseñó a quererlo.

    Hace unas semanas le decía: “Cuéntame cuando ibas con el abuelo a catar la miel”. Se lo escuché muchas veces de niña; seguramente es uno de los recuerdos más felices de su infancia. El malo es cuando su padre falleció, en un accidente de lo más tonto (bueno, todos los accidentes lo son) y que también se lo escuché contar muchas veces, pero eso cuando ya no éramos tan pequeños. Ella solo tenía 14 años, quizás por eso le marcó tanto.

    Las fotos antiguas dicen tantas cosas… Pasa el tiempo. Tú ya no eres el mismo que mira esa foto, y, sin embargo, esa foto te sigue diciendo cosas. Seguramente están en ti desde siempre, sólo que no siempre fuiste capaz de verlas. En fin, la vida.

    Un beso, amigo:-)
    M.

    Montse - Febrero 6, 2010 @11:41 pm

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Me llamo Montse. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Tengo tres hijos. Mi casa no es un zoo, pero se le parece. Tengo un perro y dos gatos: Menorca, Calcetines y Figo. No se lo cuenten a Calcetines, pero él es mi preferido.

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