Y hubo una vez… O cómo matar indios sin pecado mortal
“… os rogamos y requerimos que entendáis bien esto que os hemos dicho, y toméis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo, y reconozcáis a la Iglesia por señora y superiora del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, en su nombre, y al Rey y reina doña Juana, nuestros señores, en su lugar, como a superiores y reyes de esas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación y consintáis y deis lugar que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho.
Si así lo hicieseis, haréis bien (…) os recibiremos con todo amor y caridad, y os dejaremos vuestras mujeres e hijos y haciendas libres y sin servidumbre, para que de ellas y de vosotros hagáis libremente lo que quisieseis y por bien tuvieseis, y no os compelerán a que os tornéis cristianos, salvo si vosotros informados de la verdad os quisieseis convertir a nuestra santa Fe Católica…”.
“Y si así no lo hicieseis (…) os certifico que con la ayuda de Dios nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de Sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como Sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen; y protestamos que las muertes y daños que de ello se siguiesen sea a vuestra culpa y no de Sus Majestades, ni nuestra, ni de estos caballeros que con nosotros vienen”.
Extracto del célebre y vergonzoso Requerimiento, leído a los nativos en latín o en castellano, “sonidos extraños que los condenaron a vivir una realidad incomprensible, impotencia encerrada en los ojos desorbitados que miraban la destrucción, la entrega, la burla”.
“Y cuántas veces ni siquiera han sido escuchadas, ya que los españoles lo leían desde sus barcos, en la cumbre de alguna colina, a grandes distancias de los indios. Pero, por supuesto, siempre estuvo presente un notario, quien certificaba por escrito que los nativos habían sido advertidos”.
La historia nunca la escribieron quienes todo lo perdieron. ¿Nunca? Nunca es tarde.
Revista Pachamama. “Huellas que nadie podrá borrar”
• Alejandra Beinotti, Vanina Trivelli


Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
Comentarios
Me equivoqué de Blog????
Este me gusta tanto como el otro.
Todo mi apoyo a ti y a la causa posteada, querida amiga……Mefisto
No sé;-)
Bueno, bueno…, se agradece el cumplido:-)
Es vergonzoso que sucedieran estas cosas, y lo menos que se puede hacer, y no es nada, es reconocerlo.
Un beso, amigo:-)
M.
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