Mi gato Calcetines


Doña Herminia

Cuando caminaba, sus medias de cristal hacían fru, fru. Tenía una voz muy peculiar, inconfundible, con demasiado vibrato quizás (pero eso lo pienso ahora). Su voz se elevaba hermosa y desafiante por entre todas las demás cuando cantaba en la iglesia, sentada en la última fila de los bancos reservados para las niñas.

En aquellas tardes de junio castellanas en las que el calor sólo daba para coser y cantar, ella se paseaba por el aula mientras las niñas tejíamos hileras de bordado en un pedazo de tela blanco: vainica, crucetilla, cadeneta; sobre todo cadenetas, era la más fácil. La maestra y el coro de costurerillas. Qué bien cantaba Doña Herminia. ‘El Conde Olinos’, ‘En Salamanca tengo…’; sobre todo, ‘El Conde Olinos’.

Leíamos en clase ‘El patito feo’, ‘El gallito blanco que se rompió el pico’. ‘El castor, el oso y la hormiga’, ‘Doña Tortuga y Doña Liebre’, ‘La zorra y el ciervo’, ‘El chacal y el cocodrilo’, ‘El susto del oso’, ‘Por qué el murciélago no tiene plumas’, ‘Historia de Aladino’, ‘El gato con botas’, ‘Los patos y la tortuga’…

Los patos y la tortuga

Siempre me preguntaba cómo podía ser la tortuga tan imbécil de abrir la boca. No me parecía un sacrificio tan grande. Quizás, porque por entonces yo no era muy habladora.

El dragón de las siete cabezas

El que más me impresionaba era el de título más largo: ‘El hada negra, la niña negrita, la madrastra y el dragón de las siete cabezas’. Una madrastra muy mala, muy mala, que termina siendo devorada por el dragón de las siete cabezas… Por mala.

También había en aquel libro —propiedad de la escuela y que, por casualidad, un buen día un ejemplar de aquellos llegó a mis manos— poesías muy malas de Amado Nervo y José María Pemán. No debió de hacerles mucho caso Doña Herminia porque cuando muchos años después volví a leerlas no me dijeron nada.

A veces nos premiaba con un plumier si sacábamos un 10. Iniciativa de su cosecha y de su bolsillo que nos motivaba a conseguir ese único 10 y aquel único plumier. Yo siempre me quedaba en el 9 y algo, en el 8 y algo… Alguna vez, incluso, en el 9,9. Un estuche de pinturas con cremallera era un regalo de lujo por aquellos años.

Hace unos pocos meses, me encontré por casualidad con Doña Herminia. En la iglesia, en un funeral. Los mismos ojos claros, la misma voz, la misma sonrisa.

—Usted no se acordará de mí, pero yo fui alumna suya.
—¿De quién eres?
—De C. y D. (iniciales del nombre de mis padres).
—¿De las mayores?
—No. Yo soy la pequeña.
—Pues, entonces, tú tenías seis años.

Charlamos un rato en el atrio de la iglesia. Y dejamos de seguir hablando porque había que acompañar al muerto al camposanto.

El plumier que nunca conseguí. El romance del Conde Olinos. Doña Herminia. El paraíso perdido. La infancia.

Mañanita de San Juan

Regresé contenta a casa de mis padres. Aquella tarde me pareció recuperar un pedacito de ese paraíso. Cuando llegué a Madrid, busqué el libro de cuentos.

El hada negra, la niña negrita, la madrastra y el dragón de las siete cabezas.

En: Del arco iris, Música — Octubre 16, 2009

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Comentarios

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  1. Quiero más….cuando sea ….jeje ha sonado raro?? …. cuentacuentos encima!!!

    dinora - Octubre 21, 2009 @10:07 pm
  2. Nooo:-) Vale; me quedo con el cuando sea…

    Anónimo - Octubre 23, 2009 @1:42 am
  3. Acaban de añadir tu blog en la categoría de Blogs amigos del blog atodavela
    http://atodavelaranda.wordpress.com/

    ATODAVELA - Octubre 30, 2009 @8:23 pm
  4. La infancia, perdida para todos. Me gustó el post, aunque tu maestra parecía algo desinteresada en ese momento.

    Muchas veces las personas que conocemos de pequeños, si tenemos la suerte de verlos de nuevo de mayores, son distintas. Normalmente, al menos en mi experiencia, peores.

    Es triste que sólo seamos simpáticos con las personas cuando son niños.

    Un saludo

    Ynot - Diciembre 1, 2009 @9:11 pm
  5. Y sí, irremediablemente;-)

    Gracias:-) Yo creo que el momento que elegí (bueno, que no dejé escapar) no era el mejor, precisamente. Es verdad que las personas cambian (cambiamos) con los años, y que no siempre es para mejor. A veces el tiempo dulcifica y a veces el tiempo amarga. A veces la dulzura está en el rostro, en los ojos, más que en las palabras que, por las circunstancias del momento o la premura, pronunciamos.

    Saludos,

    M.

    Montse - Diciembre 3, 2009 @10:51 pm
  6. Me ha encantado encontrar esta entrada. Tengo en casa un ejemplar destrozadisimo (son muchos años, muchos niños y nietos, de hecho, llego a mis manos en este mal estado ya) de ese libro, y me gustaría poder buscar un ejemplar en buen estado. Me podrias informar de como se llama el libro, la editorial, autor, etc? te lo agracecería muy mucho.

    me ha gustado este blog, creo que me quedaré :)

    malasombra - Diciembre 27, 2009 @9:27 pm
  7. Ya lo siento, pero no te voy a poder ayudar. El ejemplar que yo tengo también está hecho papilla. No tiene portada ni contraportada; no se ve la editorial por ningún lado. De hecho, creo que le falta alguna página, al principio y al final.

    Me suena, pero sólo me suena, que la editorial pudiera ser Hijos de Santiago Rodríguez, ya desaparecida.

    ¡Gracias!:-)

    Montse - Diciembre 28, 2009 @12:17 am
  8. Qué curioso. Si me preguntaras por qué te mencionaba esa editorial, no habría sabido responderte. Simplemente, me sonaba. Y mira que me lo he preguntado veces…

    El título es “Primavera”. La editorial, efectivamente, Hijos de Santiago Rodríguez. Lo he identificado en cuanto he visto la portada. Aquí lo tienes.

    Montse - Diciembre 29, 2009 @7:00 am
  9. [...] el ‘esbaradijo’ (tobogán por casualidad, sin barandilla o arambol), la casa de Doña Herminia… Las calles aún eran de tierra y mi abuela me contaba un [...]

  10. Me gustaría conseguir el libro de primavera, creo que es un libro de cuentos que me encantaba; me lo leía mi abuela al calor del brasero en las largas tardes-noches del invierno leonés.

    He reconocido la historia del dragón de las siete cabezas, y la niña negrita el estribillo no se me ha olvidado: soy una negrita, chiquita y bonita igual que una flor. Era más largo pero me acuerdo muy bien.

    También estaba el cuento de la carrera entre la liebre y la tortuga, uno que me impresionaba mucho era el anacoreta, bueno, me gustaban todos.

    Si alguien puede decirme cómo conseguirlo se lo agradecería mucho. Gracias. VIOLETA

    VIOLETA ESCAPA DE LA FUENTE - Diciembre 22, 2010 @9:23 pm
  11. Violeta, sólo puede adquirirse ya en librerías de viejo, o por Internet. En el enlace que hay en un comentario mío, más arriba (donde dice: “Aquí lo tienes”), ahora mismo aún se puede comprar.

    No recordaba yo “La penitencia del ermitaño”, y fui a mirar el libro; así es, ahí está, en la página 116. Qué selectiva es la memoria…

    Un beso, Violeta,

    Montse

    Montse - Enero 1, 2011 @1:07 am

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Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.

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