Archive for October, 2009

Hachiko

Saturday, October 31st, 2009

“En Hollywood suelen avisar: no ruedes ni con niños ni con perros, porque al final acaban robándote la escena. Tom Hanks se atrevió hace 20 años con un dogo de Burdeos en la comedia Socios y sabuesos; más reciente y más apocalíptico, Will Smith llenó su soledad de superviviente con un pastor alemán en Soy leyenda. Ahora, le ha tocado a Richard Gere vérselas con un Akita, un perro de crianza japonés, en la sentimental Hachiko dirigida por el sueco Lasse Hallström”.

Doña Herminia

Friday, October 16th, 2009

Cuando caminaba, sus medias de cristal hacían fru, fru. Tenía una voz muy peculiar, inconfundible, con demasiado vibrato quizás (pero eso lo pienso ahora). Su voz se elevaba hermosa y desafiante por entre todas las demás cuando cantaba en la iglesia, sentada en la última fila de los bancos reservados para las niñas.

En aquellas tardes de junio castellanas en las que el calor sólo daba para coser y cantar, ella se paseaba por el aula mientras las niñas tejíamos hileras de bordado en un pedazo de tela blanco: vainica, crucetilla, cadeneta; sobre todo cadenetas, era la más fácil. La maestra y el coro de costurerillas. Qué bien cantaba Doña Herminia. ‘El Conde Olinos’, ‘En Salamanca tengo…’; sobre todo, ‘El Conde Olinos’.

Leíamos en clase ‘El patito feo’, ‘El gallito blanco que se rompió el pico’. ‘El castor, el oso y la hormiga’, ‘Doña Tortuga y Doña Liebre’, ‘La zorra y el ciervo’, ‘El chacal y el cocodrilo’, ‘El susto del oso’, ‘Por qué el murciélago no tiene plumas’, ‘Historia de Aladino’, ‘El gato con botas’, ‘Los patos y la tortuga’…

Los patos y la tortuga

Siempre me preguntaba cómo podía ser la tortuga tan imbécil de abrir la boca. No me parecía un sacrificio tan grande. Quizás, porque por entonces yo no era muy habladora.

El dragón de las siete cabezas

El que más me impresionaba era el de título más largo: ‘El hada negra, la niña negrita, la madrastra y el dragón de las siete cabezas’. Una madrastra muy mala, muy mala, que termina siendo devorada por el dragón de las siete cabezas… Por mala.

También había en aquel libro —propiedad de la escuela y que, por casualidad, un buen día un ejemplar de aquellos llegó a mis manos— poesías muy malas de Amado Nervo y José María Pemán. No debió de hacerles mucho caso Doña Herminia porque cuando muchos años después volví a leerlas no me dijeron nada.

A veces nos premiaba con un plumier si sacábamos un 10. Iniciativa de su cosecha y de su bolsillo que nos motivaba a conseguir ese único 10 y aquel único plumier. Yo siempre me quedaba en el 9 y algo, en el 8 y algo… Alguna vez, incluso, en el 9,9. Un estuche de pinturas con cremallera era un regalo de lujo por aquellos años.

Hace unos pocos meses, me encontré por casualidad con Doña Herminia. En la iglesia, en un funeral. Los mismos ojos claros, la misma voz, la misma sonrisa.

—Usted no se acordará de mí, pero yo fui alumna suya.
—¿De quién eres?
—De C. y D. (iniciales del nombre de mis padres).
—¿De las mayores?
—No. Yo soy la pequeña.
—Pues, entonces, tú tenías seis años.

Charlamos un rato en el atrio de la iglesia. Y dejamos de seguir hablando porque había que acompañar al muerto al camposanto.

El plumier que nunca conseguí. El romance del Conde Olinos. Doña Herminia. El paraíso perdido. La infancia.

Regresé contenta a casa de mis padres. Aquella tarde me pareció recuperar un pedacito de ese paraíso. Cuando llegué a Madrid, busqué el libro de cuentos.

El hada negra, la niña negrita, la madrastra y el dragón de las siete cabezas.

Incredibile

Thursday, October 15th, 2009

No dirán que no lleva bien el paso…

Tengo una debilidad…

Wednesday, October 14th, 2009

‘Fugaces: algo más que un juego’, un buen regalo de Reyes

Thursday, October 8th, 2009

Fugaces

Los sueños a veces se cumplen. Y esta novela puede ser un ejemplo. La leí hace tiempo, cuando aún no estaba en papel (en papel de imprenta, quiero decir). Me atrapó desde el principio, y eso que no soy, lo confieso, apasionada de la literatura de fantasía, juvenil. Ya, que eso no es óbice ni cortapisa. Pues eso;-)

“Ahora ya está disponible en papel una versión revisada, corregida e ilustrada, con una magnífica portada a todo color, obra de Mercedes Moreno”.

Puede adquirirse en Lulu.com y Bubok.com

No, no es un negocio. Pero sí puede ser un buen regalo de Reyes. Por ejemplo.

“Repasando mis estanterías leo Fugaces en el lomo de uno de los libros. Entonces sonrío. Los sueños hay veces que se cumplen”. Su hacedor dixit.

• Las opiniones de algunos lectores sobre ‘Fugaces: algo más que un juego’

• Lo que cuenta su autor, Esteban González García, en su blog, El Buen Pozo Sediento

Las fatigas del querer

Wednesday, October 7th, 2009

Las fatigas del querer
son las fatigas más grandes
porque se lloran cantando
y las lágrimas no salen.

Victoria de los Ángeles

Llueve

Tuesday, October 6th, 2009

:-)

Bueno, diluvia más bien. No olviden el paraguas;-) Sólo nos falta fuego en la chimenea y un buen libro ya empezado (son los que mejor saben).

Empiezo a echar de menos el invierno.

07/09/09/ 23:22

Y en Madrid, llueve y llueve: ¡bien!

Gracias a vos

Sunday, October 4th, 2009

Mercedes Sosa

“Lo que más feliz la hacía a Mercedes era cantar. Y seguramente ella hubiera querido cantarles también en este final. De modo que así queremos recordarla y así los invitamos a hacerlo con nosotros”.

‘Los que se quedan’, “una nostalgia permanente”

Saturday, October 3rd, 2009

Entrevista en La Vanguardia, con Juan Carlos Rulfo.

“Tengo 45 años. Nací en Ciudad de México y vivo en un pueblito con Valentina y nuestros dos hijos. Me licencié en Ciencias de la Información y Dirección Cinematográfica. Siento una decepción profunda de la política, y de la mexicana en particular. Creo en una fuerza espiritual”.

Ima Sanchís

—¿Cuál ha sido el mayor impacto de su vida?
—La muerte de mi padre.

—¿Qué edad tenía usted cuando murió Juan Rulfo?
—Veintidós años. Aprendí a dar valor a las cosas, entendí que la vida no es para siempre, que la gente se va y tienes que valerte por ti mismo.

—Y cuando murió su padre, usted fue a buscarlo en sus raíces…
—Yo estaba estudiando, pero no sabía muy bien qué iba a hacer con mi vida. Fue entonces cuando mi madre me dijo: “¿Por qué no te vas al sur de Jalisco a ver qué te cuentan de tu padre antes de que se mueran todos?”.

—”Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”.
—Así empieza el libro que hizo famoso a mi padre, Pedro Páramo, y así empezó mi propia historia. En Comala no encontré nada de él, halle abuelos que me contaron su propia historia; pero al final uno se conoce a través de las historias de los otros.

—Somos como espejos.
—En aquellos abuelos descubrí una manera de contar que tenía mucho que ver con mi padre, sus palabras describían cuentos que no estaban escritos. Empecé a dar valor a la tierra, a la palabra, al tiempo, a la espera, al escuchar. Ellos hacían eso, sabían esperar a que el recuerdo viniera, a que las palabras llegaran; pero todo eso lo comprendí diez años más tarde.

—¿Después de estudiar cine?
—Sí, porque entonces yo andaba buscando historias importantes, cosas trascendentales sobre la vida de mi padre. Grabé diez horas de entrevistas y las dejé dormir hasta que entendí que escuchar a aquellas personas era como escuchar a mi padre, todos ellos eran mis padres. Y a través de ellos también descubrí a mi abuelo, un personaje del que nunca nadie me había hablado.

—¿Qué tenían que ver esos abuelos con su abuelo?
—Eran sus peones. A mi abuelo lo mataron de un tiro por la espalda cuando mi padre tenía 5 años. Y mi padre vivió veinte años en un orfanato. Eso le hizo muy silencioso, callado, tímido. Eso le hizo ser quien fue. Un día, el arriero que cuidaba el ganado de mi abuelo lo dejó entrar en la siembra y mi abuelo se enfadó. El hombre bebió, se envalentonó y lo mató.
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¡Felicidades, Río!

Friday, October 2nd, 2009

¿Otra vez será?…