Desprendimiento
Hoy encontré su chubasquero. A ella le hubiera gustado que lo tirase a la basura, pero no lo he hecho. Le quedaba un poco grande y tuve que coserle dos botones para que no le bailara y recogerle la capucha con un par de puntadas, porque se le venía a los ojos y no le dejaba ver. Parecía una hormiga atómica. Estaba tan graciosa con él que a veces nos daba la risa floja. Ella se enfurruñaba. Lo agradecía cuando veía que con él no se mojaba, pero nunca le gustó. Hoy no llovía, pero tuve que buscar un pañuelo. Y entonces tropecé con el collar verde que le compramos en Menorca.

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
Comentarios
Un abrazo, Montse. Ánimo; con el tiempo va doliendo menos y queda una intensa sensación agridulce en vez de tanta pena y ausencia.
Seguro que sí, ahí estamos:-)
Un abrazo, Patri.
Esos que solo piensan con la razón tendrán que darnos una mu gorda y mu clara que explique “las ventajas evolutivas” de que nos encariñemos con un animal. Teniendo en cuenta que no son racionales -ni racionalistas, GAD- ¡qué poco dentro de nuestras contradicciones nos haría considerarlos “cosas”! De hecho, a veces pasa.
¡Vaya mierda de concepto el concepto de “no humano”!
Quizás una de las ventajas evolutivas de encariñarse con un animal es darte cuenta del afecto que es capaz de dar, del agradecimiento que demuestra por las pequeñas cosas, del saber estar ahí, pase lo que pase… Siempre. ¿Los humanos somos capaces siempre? La frontera entre lo humano y lo no humano, efectivamente, es una mierda.
“…Algún dia volaremos por lugares de encanto, aventura y luminosa libertad…”
Ánimo Montse, la vida trae estos desencuentros….
Un gran beso
Con Juan Salvador Gaviota…:-)
Gracias, Dinora:-) Sí, es parte de la vida. Un beso grande, reina,
M.
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