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Jacinta Sáenz: “La mujer tiene un gran potencial como generadora de cambio, juntas transformaremos la sociedad”

Grupo de mujeres en Ségou (Malí) que han conseguido sacar adelante su negocio de jabones. Intervida.

Entrevista en La Vanguardia a Jacinta Sáenz, maestra y trabajadora social, responsable de los proyectos de educación de Intervida en Nicaragua.

• Por Ima Sanchís

“Tengo 55 años. Nací en Piedra de Agua, un pueblito de Matagalpa, y vivo en Managua (Nicaragua). Me licencié en Ciencias de la Educación. Tengo dos hijos y dos nietos. Lucho por la igualdad y la libertad. No me gustan las religiones, pero creo en Dios y tengo fe en mí misma”.

—La novena de una familia de quince hermanos…
—Crecí en el campo, al servicio de mis hermanos mayores y al cuidado de los menores. Allí todos trabajábamos. A los 6 años me levantaba a las tres de la madrugada, iba a buscar el agua al pozo, molía maíz y preparaba tortitas. Mis padres me pegaban a menudo, era la costumbre.

—¿Iba a la escuela?
—Sí, allí también pegaban. Un día me pegaron tanto que no volví. Mi hermana mayor vivía en la ciudad, era muy religiosa y había hecho la promesa de que en cuanto pudiera nos llevaría con ella para que estudiáramos. Nos fuimos los nueve más pequeños, de los que yo era la mayor.

—¿Tuvo mejor vida?
—Seguí encargándome de la casa y recibiendo palos. Mi hermana reproducía el patrón que se vivía en mi casa. Al terminar la secundaria decidí quedarme con las monjas.

—¿Vocación o refugio?
—Pensaba que me habían maltratado tanto porque yo era mala. Mis cuatro hermanas mayores se fugaron con los novios, y mi madre, que temía que yo hiciera lo mismo, no paraba de repetirme: “Tú también serás una puta”. Creo que eso es lo que más me afectó.

—¿Por qué no casarse en vez de fugarse?
—En mi país, en el campo, es habitual que los hombres rapten a las mujeres, con o sin su consentimiento. A veces a niñitas de 10 y 12 años, pero nadie lo denuncia ni hay castigo. El hombre se la lleva a casa de los padres, y comienzan a tener hijos.

—¿Las chicas quieren ser raptadas?
—Lo están deseando para huir de su casa, pero la historia de violencia se reproduce ahí donde vayan. Con los años, supe que mi madre también había sido raptada.

—Mejor el convento.
—El convento se convirtió en mi refugio hasta los 23 años. Siento un profundo agradecimiento hacia las monjas. Pero mi familia, muy pobre, estaba en una situación muy difícil. Una de mis hermanas menores enloqueció. Yo veía pasar a mis hermanos desharrapados, ninguno había podido seguir estudiando, mientras que yo me había diplomado en secretariado y contabilidad, y formado como maestra. Me sentía culpable.

—Y dejó los votos.
—Tras un gran conflicto interno, sí. Las monjas me enviaron a Costa Rica, donde permanecí un año yendo a un psicólogo y trabajando con drogadictos y con matrimonios-problema,parejas cuyo principal problema eran los malos tratos del hombre.

—¿Qué le diagnosticó el psicólogo?
—Recomendó a la madre superiora que me facilitara la salida y me despojé de los hábitos. Me fui a Matagalpa a trabajar de maestra y me encargué del sustento de toda mi familia. Pronto cogí novio.

—¿Y cómo le fue?
—Bebía y llegó a pegarme. Cuando quise abandonarle me violó siendo virgen, quedé embaraza y mis padres le obligaron a casarse.

—Mal comienzo.
—Me abandonó. Yo estaba convencida de que aquel embarazo era un castigo de Dios por haber dejado el convento. Mi madre decía que me había abandonado a causa de sus dudas sobre la paternidad del niño.

—Más que una madre, una enemiga.
—Mis padres vivieron conmigo hasta su muerte. Por dentro yo estaba deshecha, pero seguía luchando. Era delegada del Ministerio de Educación de mi municipio cuando estalló la revolución sandinista, y me impliqué de lleno. Fui a la universidad, estudié Ciencias Sociales e hice un máster en Historia.

—¿Satisfecha por fin?
—Trabajaba por reconstruir la vida de muchas mujeres, pero la mía estaba deshecha. Seguía acudiendo al psicólogo porque sufría insomnio, depresión e irritabilidad, y fue él quien me recomendó establecer una relación afectiva.

—Huy.
—Pronto me volví a quedar embarazada, fue entonces cuando me enteré de que él tenía otra relación. Lo dejé y seguí adelante con mi embarazo, llena de vergüenza.

—¿Qué tal la relación con sus hijos?
—Han sido el motor de mi vida.

—¿Y con los sandinistas?
—Recién terminada la guerra, una noche un chófer vino a buscarme para un operativo político militar, una reunión urgente. Me llevó fuera de la ciudad, a un lugar apartado, y ahí mismo un militar me violó.

—Caray.
—Después del triunfo de la revolución hicieron eso: usar a la mujer. “Tráeme a aquella mujer o a esa otra”, decían. Yo no sabía ni quién me había violado, lo supe después, y le tenía terror. Por fortuna, murió en una emboscada.

—¡. ..!
—Continué trabajando con mujeres, intentando que lo que yo viví fuera más suave para ellas, y formándome. En los años noventa daba clases de Historia en la universidad, hasta que hace un par de años empecé a trabajar con Intervida en comunidades rurales en temas de violencia interfamiliar.

—Usted sabe de eso.
—Sí, sé que la posibilidad de formarme me sacó del abismo. Si no hubiera llegado a pensar y valerme por mí misma, habría sucumbido al patrón social: el tú sólo sirves para esto. Romper con ese patrón hizo que ya nada me intimidara. He entendido que hablar cura y que la fe en mí misma y en mi valía me ha otorgado el poder que me negaban.

El cambio
En Nicaragua hay una alta ocurrencia de delitos sexuales, el 30% lo sufren niñas y adolescentes, que en su mayoría quedan embarazadas. Intervida confió en Jacinta para que llevara a cabo sus proyectos de educación y sensibilización precisamente porque ella ha padecido todos los males que destila una sociedad pobre, inculta y machista, desde el maltrato en la familia y la escuela hasta violaciones y embarazos no deseados. “Siempre he trabajado con mujeres pobres, intentando que lo que yo viví fuera más suave para otras, que salieran más rápido de los traumas que les tocó vivir. La mujer tiene un gran potencial como generadora de cambio, juntas transformaremos la sociedad”.


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  1. Muy interesante la entrevista de Jacinta.
    Lo que tienen que aguantar es algo increible, pero real. Conozco algúna pareja de estos paises y concretamente en el caso de una, él es machista…. La espía… lo he visto con mis propios ojos.

    rel - Abril 13, 2010 @6:17 pm

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Me llamo Montse. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Tengo tres hijos. Mi casa no es un zoo, pero se le parece. Tengo un perro y dos gatos: Menorca, Calcetines y Figo. No se lo cuenten a Calcetines, pero él es mi preferido.

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