‘Patas de gato’
Este cuento lo publicamos en enero de 2006, cuando Calcetines y una servidora éramos cocteleros. Desde que nos trasladamos, hemos ido rescatando algunos de los muebles de la otra casa. Otros se quedaron para siempre en el fondo del mar, y ahí están bien.
Calcetines considera que merece la pena llevarlo de nuevo a portada. Por una vez, y sin que sirva de precedente, vamos a fiarnos de su instinto;-)
Así era la historia. Y así se la contó a Ginés una gata.
♣ ♣ ♣
Presten atención a este relato, tiene una misión importante que cumplir.
Nos lo envía desde Las Palmas de Gran Canaria su autor, Ginés Cedrés, músico, cantante, guitarrista; alma y vida de Los Salvapantallas y Los Coquillos.
En realidad, fue cosa de dos: junto a Ginés colaboró su novia, Ira. Perdón, su ex novia (el lapsus es suyo). Ira le echó una mano.
Gracias, Ira. Gracias, Ginés.
«Patas de gato»
Érase una vez una gatita siamesa muy linda y muy blanca llamada Morrussa.
Morrussa vivía en un viejo caserón en Santa Brígida con vistas al Barranco de Guiniguada.
La casa tenía un gran salón, grandes habitaciones y también un enorme jardín.
La gata no conocía a nadie ni sabía nada de otros gatos; vivía muy cómoda y calentita en un cojín muy grande. Su dueño la había adoptado de pequeñita y había cuidado de ella muy bien; tanto, que no salía de la casa.
Un día, Morrussa, asomada en la ventana, vio a un precioso gato atigrado, guapísimo, de lo más chulo, y que paseaba delante de la casa. “¡¡¡Guau!!!, qué gato más lindo”, se dijo ella. ¡Uy, perdón!: “¡¡¡Miau!!!, qué gato mas lindo”, se dijo.
Esa misma tarde, al dueño de la casa se le olvidó cerrar la puerta del jardín, y el gato entró y sigilosamente se escondió detrás de unos arbustos.
Morrussa, que lo había visto desde la ventana, bajo rápidamente al jardín a conocerlo. El gato le dijo que se llamaba Lolo y estuvieron largo tiempo hablando de sus viajes por los montes, barrancos y pueblos de Gran Canaria.
Lolo había estado en Telde, en Arucas, en Maspalomas, y, en fin, le contaba a Morrussa las aventuras con sus amiguitos gatunos y lo maravilloso que era comer con ellos cuando coincidían en sus viajes.
Lo que más llamó la atención a Morrussa de Lolo eran las cicatrices que tenía en sus patitas y, muy curiosa, le preguntó:
—¿Y eso? ¿Cómo te lo has hecho, Lolo?
Y él respondió:
—Verás, cuando voy en busca de comer y no queda más remedio que ir a los basureros que me encuentro en el camino, al abrir las bolsas con mis patitas, hay todo tipo de basura mezclada. Es muy difícil coger la comida: ¡los vidrios y las latas son los mas peligrosos!
—Así que los cortes de mis patas son de las botellas y vasos que los humanos tiran a la basura. ¿Y sabes qué pienso, Morrussa?, que como sigamos así, ¡los gatitos nos vamos a quedar sin patas!
—¡No puede ser!, dijo Morrussa, ¡¡¡gatos sin patas!!!! Sólo con cabezas y cuerpos… Esto hay que arreglarlo, ¿quién nos puede ayudar?…
A lo que Lolo respondió:
—Mi tío, un gato llamado Zanahorio, me dijo que en el pico mas alto de la isla, en el Roque Nublo, hay un cacharro donde está organizada toda la información del mundo, que tiene respuestas para cualquier pregunta… Dicen que se llama ‘Internet’.
—¿Y si vamos a verlo?, propuso Morrussa.
Así que Morrussa y Lolo cogieron sus mochilas, guardaron algo de comida y viajaron durante varios días subiendo por el Guiniguada hasta San Mateo y luego hasta Tejeda, y así llegaron hasta la gran cima del Roque Nublo.
Allí, se acercaron cuidadosamente, y oyeron una voz:
—Los estaba esperando. Sé mucho de tus viajes, Lolo, de tus incansables aventuras…; pero, dime: ¿en qué puedo ayudarles? Sé que tienen un gran problema; pero ¿yo qué puedo hacer?
—Dicen que contienes toda la información del mundo, dijo Morrussa. A lo mejor nos podrías dar alguna pista para evitar que los gatos, cuando buscamos de comer en los depósitos de basura, nos quedemos sin patas.
—Orden en la basura es lo que necesitas, contestó. Separar los plásticos, los vidrios y el papel. Separar lo que se puede volver a utilizar de lo que es inútil para siempre. Las pilas gastadas, de todos los juguetes. Cada cosa, en su bolsa, en su sitio y en su contenedor.
—Todos los humanos —prosiguió— tienen que aprender que no viven solos en este planeta y que, si no lo cuidan, nos quedaremos sin hogar, sin barrancos, sin montes. Reciclar la basura es importante para todos. No sólo evitamos que los gatos se corten las patitas; también, que se corten más árboles y desaparezcan los bosques, que haya más contaminación ambiental, que la basura huela mal y produzca mosquitos e infecciones peligrosas.
Así que Morrussa preguntó:
—Pero ¿cómo vamos a hacer para que todos los niños y mayores se enteren de que esto es así, de que hay que reciclar la basura para evitar peligros en nuestro planeta? ¿Cómo?
—Creo que tienes una gran responsabilidad, Morrussa. Tienes que contarle este cuento a un niño y que él a su vez se lo cuente a otros; y éstos, a su vez, a otros más; y que los niños se lo cuenten a los mayores. Y que se escriba y se ponga en todas las bibliotecas del mundo, en todos los lugares, que se traduzca a todas las lenguas… Así conseguiremos que los humanos, cuando lo lean, pongan en sus casas cubos de distinto color para separar los residuos (los vidrios, los plásticos, el papel, las pilas).
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
¿Y saben una cosa? Este cuento me lo contó una gata, ahora les toca contarlo a ustedes. Por cierto, saludos de Lolo y Morrussa, quizá pronto tengamos noticias de ellos. Quién sabe. En algún otro cuento.
• Ginés Cedrés
• Ira J. Toledo











Me llamo Montse. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Tengo tres hijos. Mi casa no es un zoo, pero se le parece. Tengo un perro y dos gatos: Menorca, Calcetines y Figo. No se lo cuenten a Calcetines, pero él es mi preferido.
Comentarios
hola me ha encantado tu cuento y tus fotos preciosas.me pregunto si el gato lolo tiene una mama gata llamada maruca.es alucinante tu historia yo tuve un vecino gatito de santa brigida llamado lolo y me preguntaba si tu gato es el hijo de maruca.me gustaria tu contestacion.un saludo amiga y felicidades por tu cuento
Pues bien pudiera ser…;-) Pero a eso deberían responderte los autores del cuento, Ginés e Ira. Cuando publiqué el post, el blog estaba alojado en La Coctelera y, al trasladarlo, no pude traerme los comentarios. Lo menciono porque hubo polémica con la autoría. El cuento nos lo envió Ginés y estaba firmado por Ginés e Ira. Gracias en su nombre. Saludos, M.
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