Mi gato Calcetines


En el fondo era bueno

Llegaba sobre las nueve. Luisa rezaba para que no se retrasara. Se esmeraba. Que por nada del mundo le pillara en falta. Los cristales como el aire, aunque hubiera llovido a cántaros; las camisas, impolutas, sin rastro de vomitonas. Las lavaba todas juntas para ahorrar lavadoras. Sólo tenía que tener cuidado de que al menos una de ellas estuviera siempre lista.

Él la quería. Quién lo iba a saber mejor que ella. Tenía sus manías, eso sí. Y quién no las tiene. Como la de que le comprara siempre camisas blancas o cuando se empeñó en aislar todas las habitaciones de la casa. Un gasto inútil. No les sobraba. Además, desde que se mudaron, no había vuelto a pasar.

En el fondo era bueno. “Mi Luisa. Mujer como mi Luisa, ninguna”. Sólo había que tener cuidado en no provocarle. Morderse la lengua si hiciera falta.

Cuando llegó esa noche ya eran más de las once. Pescadilla rebozada. Un cuenco de sopa.
—¿Todo el día en casa y esta mierda de cena?

Luisa cierra la puerta. Los niños duermen. Si la hubiera preparado en salsa verde con cuatro chirlas y unas pocas gambas congeladas… Casi hubiera tardado lo mismo. Pero justo empezó a jarrear y tuvo que recoger la colada a toda prisa.

—¡Mierda de cena! Odio la pescadilla. Y lo sabes, ¿verdad que lo sabes? ¿A que lo sabes? ¿Verdad que sabes muy bien que odio la pescadilla?

Luisa se muerde la lengua. Hace falta. Inconsciente, su miedo se posa por un instante en el tendedero.

—¡Todas como una sopa! ¿A que no tengo ni una limpia para mañana? ¿A que se te ha olvidado otra vez? ¡Eres una inútil! ¡Habla! ¡No te calles como una muerta!

La verdad, nunca hemos escuchado una palabra más alta que la otra. Una pareja muy unida, a mí que no me digan, esas cosas se notan. Ella, muy educada, muy calladita. Casi siempre con el mismo abrigo o el mismo chubasquero. Él, muy trabajador. A las nueve en punto, en casa. A veces… Pero quién no se echa un trago de vez en cuando.

Los vecinos callaron cuando vieron salir el ataúd de Luisa por la puerta.

En: Inventos míos — Noviembre 4, 2008

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Comentarios

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  1. Vaya, parece que me hayas leído el pensamiento… algo por el estilo me pasó por la cabeza al leer la historia de la perra (como he dicho en el comentario anterior).

    Pero ¿sabes lo bueno? Cada vez tienen menos cómplices y menos sitios para esconderse… dentro de poco, ya no podrán chulearnos a todos, ya falta menos….

    servidora - Noviembre 4, 2008 @9:05 pm
  2. Tienen los días contados, Glo. Crucemos los dedos:-)

    Montse - Noviembre 5, 2008 @12:21 am

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Me llamo Montse. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Tengo tres hijos. Mi casa no es un zoo, pero se le parece. Tengo un perro y dos gatos: Menorca, Calcetines y Figo. No se lo cuenten a Calcetines, pero él es mi preferido.

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