Solas
“Siempre he tenido claro que estoy más a gusto viviendo sola, sin tener que dar explicaciones de cada cosa que hago, y sin encontrarme con un señor en casa que cuando llego cansada del trabajo me dice que me esperaba para cenar. No necesito ni que me mantengan ni que me protejan, sólo una relación de cariño y complicidad; una relación de igualdad. Y eso se puede sostener estando cada uno en su casa”. / Rita, 52 años.
El crecimiento del número de hogares unipersonales que caracteriza nuestra transición demográfica —a pesar del impedimento que es la burbuja inmobiliaria— no se debe únicamente al envejecimiento de la población, a una fecundidad baja o a una tasa de divorcios en aumento. El fenómeno emergente Living Apart Together (LAT), que irrumpía en la prensa hace un lustro, es un modelo elegido cada vez más por las mujeres, poco o nada atraídas por la convivencia tradicional que beneficia más al hombre.
Renovar y negociar constantemente con la pareja un contrato social caduco supone un desgaste. La opción de vida individual pasa ahí de ser algo temido a ser algo deseado”.
• Maricel Chavarría
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Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
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