Hubo una vez un delfín llamado ‘baiji’
Al baiji o delfín del río Yang Tse (Lipotes vexillifer) le quedan dos suspiros. Y eso con suerte. Con muchísima suerte.
Se veía venir. Como siempre. En 2001, un estudio realizado a finales de los noventa en el que participaron más de cincuenta barcos de observación confirmó lo que ya se sospechaba: sólo pudieron detectar la presencia de una veintena de ejemplares.
El baiji es prácticamente ciego. Se orienta mediante un sónar, que de nada le sirve en medio de un tráfico fluvial cada vez más intenso y peligroso. Al desorientarse, emerge con más frecuencia de lo habitual e impacta con el casco o la hélice del motor de las embarcaciones. “Para hacernos una idea del ambiente y del estrés en que vive, baste imaginar a una persona ciega obligada a vivir las 24 horas del día en una ensordecedora discoteca, donde debe sortear trampas mortales para no colisionar con ellas”.
El último baiji fue visto por un pescador en septiembre de 2004. Pero el último avistamiento oficial, el que para el caso cuenta, data de 2002. En julio de 2002 murió Qi Qi (en la foto), un baiji macho que vivió durante doce años en el delfinario del Instituto de Hidrobiología de Wuhan.
A finales de 2006, un equipo de 25 expertos de China, Suiza, Alemania, Estados Unidos, Japón y Reino Unido recorrían más de mil kilómetros del cauce del río Yang Tse en busca del baiji. No encontraron ni rastro de la especie.
El pasado miércoles el Journal of the Royal Society Biology Letters publicaba el estudio. Si las sospechas se confirman (la especie no se considera definitivamente extinguida hasta que transcurran 50 años sin haber visto ni un solo ejemplar en libertad), el baiji, “uno de los pocos delfines que puede encontrarse de forma exclusiva y permanente en aguas dulces, un auténtico fósil viviente que apenas ha evolucionado desde que sus antecesores abandonaron el Océano Pacífico, hace unos veinte millones de años”, habrá desaparecido para siempre.
“Estamos ante la primera extinción de una especie de mamífero acuático debido a las actividades humanas desde que hace más de medio siglo desapareciera la última foca monje caribeña (Monachus tropicalis)”.


Me llamo Montse. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Tengo tres hijos. Mi casa no es un zoo, pero se le parece. Tengo un perro y dos gatos: Menorca, Calcetines y Figo. No se lo cuenten a Calcetines, pero él es mi preferido.
Comentarios
Otra especie que ha desaparecido, ó está a punto. Además un delfín inteligente y raro. Al antiguo slógan de salvad las ballenas, se le debe añadir la coletilla “…y los delfines, sobre todo si son de río”. El mundo pierde color.
Hehe! Good work!
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