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Astrid Vargas: “Hay mucha ansiedad y tensión en los partos de linces por la gente que espera resultados”

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Entrevista en ABC con Astrid Vargas, directora del Plan de Cría en Cautividad del Lince Ibérico.

• Por José Cejudo:

—¿El Programa de Cría en Cautividad tiene fecha de caducidad?
—Ojalá pudiéramos tener una fecha de caducidad, porque lo ideal es que no tuviéramos que criarlos en cautividad, y que las poblaciones silvestres se autoabasteciesen. En principio, como está pensado el manejo genético es para un plazo de treinta años. Nos damos ese plazo para mantener la diversidad genética de la especie y para ayudar a tirar para adelante a los programas de reintroducción. Luego se irá viendo, en función de cómo se comporte el lince en la naturaleza, si es necesario prolongar.

—¿Treinta años con el mismo equipo de expertos?
—El funcionamiento de estos programas es que se va entrenando a gente y se va formando. La especialización es muy importante. Y también se van a ir abriendo nuevos centros. Como es natural se irá rotando, y los que nos vayamos haciendo viejos dejaremos el sitio a los jóvenes. No creo que los que estamos aquí aguantemos treinta años del tirón.

—Al margen del centro de El Acebuche, ¿con qué otros mantiene el programa colaboraciones?
—Está el Zoo de Jerez, y hay más linces en el centro nuevo de La Aliseda, en Jaén. También se prevén abrir otros en Extremadura, en Castilla-La Mancha y en Portugal.

—¿Se están cumpliendo los objetivos previstos inicialmente?
—Estaba previsto tener veintiocho linces para el año 2007 y tenemos treinta y uno. Dentro de esos treinta y uno tenemos seis hembras aquí en Doñana y una más en el Zoo de Jerez de la Frontera. Las siete hembras han copulado. Cinco se han quedado preñadas y una sexta probablemente también, pero no tenemos confirmación porque copuló hace relativamente poco.

—¿Merece la pena el esfuerzo que se está haciendo y el dinero que se está invirtiendo?
—Eso depende de cada uno. Yo creo que sí merece la pena conservar al lince ibérico por sí mismo, y también merece la pena por ser el lince ibérico como un abanderado del monte mediterráneo, que es un ecosistema muy nuestro, muy diverso, muy rico, y una excusa para conservarlo es este magnífico felino. La pérdida de ese ecosistema sería incalculable.

“La especie está en lo que se llama un torbellino de extinción”.

—Además de por su escaso número de ejemplares, ¿qué hace del lince ibérico un animal tan singular para los naturalistas?
—Es específico de la Península Ibérica, y es un animal muy curioso. no cuadra con el patrón de la mayoría de los felinos. Estamos descubriendo que su fisiología es ligeramente diferente; es un animal superespecializado, y además de los valores biológicos, tiene otros que son estéticos: es un animal bellísimo.

Qué técnicas se están empleando en el programa de cría en cautividad?
—En el apartado de fisiología reproductora estamos colaborando con varios laboratorios nacionales e internacionales. Y se están utilizando las técnicas más modernas para determinar gestaciones y ciclos. Hay dos bancos de recursos en los que se emplea alta tecnología tanto para preservar material genómico como tejidos vivos de células pluripotenciales. Todas ésas son tecnologías que se utilizan en humanos y que ahora se emplean también en especies amenazadas. Los grupos de investigación más punteros en España e internacionalmente están muy interesados en trabajar con el lince ibérico porque es el felino más amenazado del planeta.

—¿El programa se está abordando en el momento oportuno, tanto desde el punto de vista de la concienciación, como del empleo de técnicas para culminarlo con éxito?
—Creo que hubiese sido mejor empezarlo antes, pero por lo menos está. No sé si estamos llegando demasiado tarde, esperemos que no. Pero se trabaja con mucho cariño y con mucha pasión. Lo importante es tener un seguro de vida ante la posible, y esperemos que no ocurra, extinción en el campo. Quedando un puñadito de animales en la naturaleza tener este seguro es importante. Y tenerlo bien pensado, también.

—¿En qué sentido?
—Hay que mantener una reserva genética y para producir ejemplares psicológicamente aptos para reintroducciones.

—En estos días en los que se producen los partos, ¿se dan entre los miembros del equipo estados de ansiedad?
—Hay ansiedad por la gente que está esperando resultados, y también por tener la responsabilidad de unos seres vivos que están muy amenazados, y porque cada cachorrito que nace es una cosa muy delicada, que puede salir bien o mal. Sabes que un cincuenta por ciento de los casos de las primerizas no salen bien, y nosotros tenemos que estar muy atentos y muy finos para intentar sacar adelante aquellos animales que son rechazados por su madre. Pasamos mucha tensión durante los partos, durante los abandonos o durante las peleas de cachorros. Tenemos que guardar un equilibrio muy fino entre no intervenir y dejar que los propios animales resuelvan un problema, o actuar.

—¿Después de los partos el papel de los cuidadores disminuye o se acrecienta?
—Lo prioritario es la no intervención. En el momento que pare una hembra procuramos evitar todos los ruidos que pueda alterar a los cachorros. Lo que hacemos es una vigilancia intensiva.Tenemos treinta y seis cámaras y los tenemos constantemente bajo el punto de mira. Si las madres cumplen, los cuidados son mínimos. El cuidador entra, suelta el conejo vivo por la mañana y el conejo vivo por la tarde. Son dos veces al día para las madres lactantes. Pero la hembra no hace caso al cachorro, sí tenemos que intervenir porque se te mueren en poquísimas horas.

—¿Qué sensación queda cuando se mueren?
—Siempre que se te muere un cachorro en las manos es un palo. Y hay momentos muy chungos cuando vemos las peleas entre cachorros. Y si uno mata a otro es bastante fuerte, como ocurrió con los primeros nacidos en cautividad, cuando Brezo mató a su hermana Brecina. La pérdida de cualquier cachorro siempre es un momento duro.

—¿Es consciente de que su nombre estará para siempre asociado a los primeros nacimientos de linces en cautividad?
—Yo he dedicado toda mi vida a las especies amenazadas. He estado muchos años con el turón de patas negras. y entonces mi nombre estuvo asociado a él. Han pasado los años, y ahora hay otra gente. Con el lince probablemente pase lo mismo. En estos tiempos que corren las cosas cambian muy rápido. Hoy te asocian a una especie y a lo mejor dentro de veinte años ya ni se acuerdan. Creo que será algo temporal. Son muchos los que se han preocupado por el lince ibérico: Miguel Delibes, Paco Palomares o Miguel Ángel Simón.

—¿Ve positivo el debate sobre la movilidad en la comarca de Doñana? ¿Cómo se puede mejorar el hábitat del lince en esa zona?
—Todo lo que haga que disminuya la mortalidad es positivo. Las carreteras son la punta de un iceberg que tiene otras muchas vertientes. Aquí el hábitat está bastante alterado. Sigue habiendo cultivos ilegales que ganan terreno al monte mediterráneo. Estamos perdiendo hábitat para el lince delante de nuestros ojos en su propio santuario. Y hay otras muchas amenazas, como las enfermedades. Pero lo que se está haciendo ahora, los pasos de fauna, es muy importante y va a tener una repercusión muy positiva.

—Además, está Sierra Morena.
—Sierra Morena es excelente. Hay una buena producción de linces, pero tiene mucha concentración. En un área que es un tercio de Doñana hay casi tres veces más de animales, lo cual es peligroso. Hay que tener en cuenta que eso también puede suponer una amenaza.

—¿Sigue siendo una amenaza añadida la falta de conejos?
—El ochenta por ciento de los fondos que se destinan al lince se invierte en conejos. La enfermedad que padecen es muy difícil de entender. Para entenderla bien y poder combatirla habría que invertir más. Se está haciendo mucho en alimentación suplementaria, en repoblaciones, y todo lo que se haga con el conejo no sólo beneficia al lince, sino al águila imperial a un montón de especies.


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Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.

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