Mi gato Calcetines


Faïza Guène: “En la ‘banlieue’ se ha instalado el fatalismo”

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Faïza Guène, escritora.

“Tengo 20 años. Hija de inmigrantes argelinos, nací en un suburbio de París, Bobigny, y vivo en otro cercano, Pantin. Trabajo en un taller de guiones, y escribo: he escrito una novela ambientada en los suburbios parisinos. Aquí no hubo integración. Estoy soltera y sin hijos. Soy más bien de izquierdas, sin partido. Soy musulmana practicante”.

—Es usted francesa o argelina?
—Ambas cosas.

—¿Conviven pacíficamente ambas identidades?
—Sí, aunque con conflictos…

—¿Por ejemplo?
—A los 12 años, en la escuela, el profesor me riñó por hablar en clase. Yo bajé la mirada, y el profesor me amonestó: me ordenó que le mirase a los ojos mientras me hablaba, por respeto.

—Ajá.
—Ya en casa, mientras mi padre me reñía porque me habían castigado, yo le miré a los ojos: ¡me ordenó que bajase la mirada, por respeto! Esta es sólo una leve muestra de contradicción cultural para una generación…

Víctor-M. Amella
La Vanguardia

—¿Desde cuándo sus padres viven en Francia?
—Mi padre llegó en 1950, con 17 años. Venía él solo, y trabajó y trabajó y trabajó…

—¿A qué se dedicaba antes, en Argelia?
—Era pastor. Comía sólo pan y cebolla: había tanta miseria…

—¿Y su madre?
—Es la mayor de diez hermanos y era la más guapa de su pueblo: todos querían casarse con ella desde los 13 años. Ella se negó mientras no tuviese educados a todos sus hermanos… Ysu padre lo toleró. ¡No es frecuente! Y en 1981, mi padre, con 48 años, viajó de vacaciones al pueblo, y la vio, y se enamoró y se casaron. Ella tenía ya 30 años y no había viajado antes a Francia…

—¿Y se adaptó bien?
—Al principio lo pasó mal en su pisito de los suburbios: se sentía sola, aislada, triste…

—¿Vive usted todavía con sus padres?
— Sí, y con mis dos hermanos.

—¿Qué lengua hablan en casa?
—Árabe y francés, según el momento. Hay días en que sueño en árabe, otros en francés.

—¿En qué lengua reza?
—En árabe.

—¿Qué canales de televisión miran en casa?
—La televisión argelina. Canales árabes, con la antena parabólica.

—¿Qué significa para su familia la palabra integración?
—Algo que las autoridades francesas debieran haber promovido hace treinta años. Ahora ya es tarde, es un concepto carente de sentido para los hijos de los inmigrantes…

—¿Qué debería haberse hecho entonces?
—Favorecer la mezcla, fomentar el aprendizaje del francés, impulsar viviendas dignas… ¡Conozco a personas mayores en la banlieue que, después de treinta años, sólo saben decir en francés une baguette, s´il vous plaît!

—Me han dicho que en Francia no hay periodistas populares de origen magrebí…
—Uno, en la tele.

—¿Y políticos magrebíes relevantes?
—Uno.

¿Y artistas?
—Ahí sí: algunos cantantes, grupos musicales, raperos, actores…

—¿E intelectuales?
—Ese terreno lo tiene acotado una elite intelectual: no deja que pongamos el pie otros.

—Usted ha escrito una novela de éxito…
—Y las elites literarias le han puesto el sello de literatura de los suburbios. Para devaluarla, para relegarla como subliteratura.

—También habrá oído elogios, ¿no?
—Lo mejor es que me dicen que mucha gente se ha animado con esta novela a leer el primer libro de su vida.

—¿Hay odio social en la banlieue?
—Lo que hay es fatalismo, desilusión, escepticismo ante las leyes, la justicia, el poder: la convicción de que no hay remedio.

—¿De ahí las quemas de coches?
—Eso se ha repetido periódicamente, a causa de la miseria social. Y se repetirá.

—¿Qué habría que cambiar?
—Habría que dar visibilidad no sólo a los extremos de los suburbios – o sea: los que tenemos éxito o los que queman coches-, sino a todos “los de en medio”.

—¿Qué sueños albergaban sus padres al llegar a Francia?
—El de poder regresar un día a Argelia, a su pueblo… Ahora se dan cuenta de que ya es imposible, y eso les apena por dentro… Ahora sólo desean una cosa: el éxito de sus hijos.

—¿Y en qué consiste ese éxito, para ellos?
—En un techo, comida y una familia.

—¿Y qué sueños tiene usted?
—Escribir. Devolver a mis padres lo que me han dado. Y, sí, tener un día una familia.

—¿No se iría usted a vivir a Argelia?
—¡No! Impera la miseria, y es una sociedad frustrada, sin estímulos culturales, que no ofrece nada a sus jóvenes… Un tío mío allí, profesor, escribe cosas… por las que nadie se interesa. ¡Suspira ante lo afortunada que soy en Francia por ser publicada!

—¿En qué ha cambiado la mentalidad de sus padres desde que llegaron a Francia?
—Su cultura es muy púdica para expresar afectos. Yo sé que mi madre me quiere mucho, pero un día le dije “te quiero” para animarla a que ella me lo dijese: poco a poco aprenden a expresar su cariño… Los padres educan a los hijos y los hijos a los padres.

—¿Ha sentido alguna vez el racismo?
—Algún insulto por la calle… Pero el racismo es sutil, inconsciente: en vez de preguntarte cuántos hermanos tienes, te preguntan, por ejemplo: “¿tienes muchos hermanos?”… O te preguntan por “tu país” ¡refiriéndose a Argelia! ¡Mi país es Francia, pero no se lo acaban de creer! Ah, y también a veces me preguntan: “¿Cómo has podido escribir la novela en tu casa, con tanto ruido?”

—¿Ruido?
—Sí, porque imaginan mi casa como una jaima con alfombras y un bullicioso montón de familiares cantando, rezando, tomando té y degollando un cordero en pleno salón.

Guerra
Hija de padres argelinos, la joven Faïza Guène es francesa de primera generación, como millones de sus conciudadanos. Ella expresa el malestar de una generación que se siente medio extranjera en su propio país, y lo ha hecho mediante una brillante y briosa novela, escrita con 18 años, titulada ‘Mañana será otro día’ (Salamandra) y que en Francia lleva 250.000 ejemplares: con personajes de carne y hueso es el best seller de los suburbios. A ella le crispa esa etiqueta, pero es inevitable. Ella reclama un Zola para los suburbios, y quizá ella lo sea pronto… En un pasaje describe a un argelino, vigilante de una portería, superviviente de la guerra de Argelia, y remata así: “Para él la guerra no ha terminado del todo, y creo que eso también les pasa a muchas otras personas de este país”.

En: Entrevistas, Porque ya está bien — Agosto 10, 2006

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  1. Me gustaría poder contactar con Faïza Guène para una entrevista para un trabajo. Podríais darme su e-mail o dirección? Muchas gracias

    Laura - Noviembre 12, 2006 @5:31 pm
  2. Hola Laura soy Faïza Guène, dejame tu numero de telefono o email y asi podremos establecer un contacto mas directo. Gracias por interesarte por la novela. Un saludo

    Faïza Guène - Noviembre 20, 2006 @7:49 pm
  3. Hola Faïza!.Soy Educadora Social y uno de los temas que trabajo son los menores extranjeros no acompañados.En España, como dices que debió haber sido hace 30 años en Francia, estamos intentando contener y prever el futuro de los inmigrantes en nuestro país y de los hijos de estos inmigrantes. Por esto tu testimonio en primera persona es un documento altamente valioso.Gracias y por favor sigue mostrando a Europa la realidad con este toque de humor ácido tan tuyo. Un saludo.

    Ana - Diciembre 7, 2006 @9:57 pm
  4. Hola Faiza te he descubierto buscando cosas de albert camus, que bueno que de ves en cuando los herederos de mayo saquen su plumaje ala superficie , me gustaria hacer contacto contigo

    saludos desde el ecuador aca en sudamerica donde los politicos nacen con dos exactas copias diestras

    hamilton Cedeño - Octubre 27, 2009 @8:12 am
  5. Me ha gustado mucho lo de mirar a la cara o bajar la mirada para distinguir una culturra de la otra, cuando el objetivo es el mismo: educación y respeto. Enhorabuena! Me has gustado mucho más que Sagan. (¿Cómo no acusar el húmedo frío de París?). Abrazos. Paco Vinatea.

    ffmarti - Marzo 10, 2010 @2:11 pm

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Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.

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