Mi gato Calcetines


Teresa Rebull: “Siempre hay una estrella que nos guía”

Teresa Rebull, cantautora:

“Tengo 87 años y muchos planes. Para empezar, quiero aprender a tocar la guitarra. Cada día veo las cosas más claras. Nací en Sabadell: capital industrial, y vivo en Banyuls, en la Catalunya Nord. Me han hecho un gran homenaje en el Palau: gracias. Salvemos la capilla de Helios Gómez, gitano guapo y revolucionario, que vivió en la Modelo”.

—Lo primero que recuerdo eran las discusiones políticas en mi casa; en las casas que mi familia iba ocupando huyendo del acoso de la policía. Estoy viendo a Mira, Pestaña, a Peiró y a los que, como mis padres, llevaron el anarquismo hacia el anarcosindicalismo del POUM; yo jugaba con ellos, pero pronto empecé a discutir con ellos.

—¿Qué decían sus amiguitos del cole?
—Recuerdo que me ponían los cuernos del demonio por no ir a misa. Al final me llevaron a un colegio protestante, porque era más liberal que los colegios católicos. Y allí a los 8 años me enamoré de Juanito.

—¡Se acuerda de Juanito!
—Pedía que me dejaran llevar a vaciar la papelera al granero y tiraba un papelito a la clase de los niños. Era la señal y así nos veíamos, hasta que me pilló la maestra y me dio varios reglazos. Yo me besaba las manitas rojas y decía: “Mañana volveré, Juanito”.

—¿Duró el romance?
—Llegó la República en el 31 y yo tenía 12 años y fue la liberación para nosotros. No había que esconderse ya y hubo mucha ilusión.

—¿Sus padres seguían discutiendo?
—Había mucha esperanza. Recuerdo a Macià y Companys y a mi padre sentenciando que la burguesía catalana siempre claudicaba estropeando las posibilidades de libertad para Catalunya. Pero no nos poníamos de acuerdo ni hacíamos las reformas que se tenían que hacer, así que volvió la derecha en el bienio negro. Y después por fin pactamos y logramos el Frente Popular.

—¿Y usted estaba todavía en el colegio?
—Me puse a trabajar en la Conselleria de Treball, de secretaria de Martí Barrera y ya tenía novio, era el hombre de mi vida, Josep, Pep Rebull, que ya entonces era un dirigente del POUM y muy amigo de mis padres.

—El POUM tenía pocos amigos.
—Yo acabé en una checa comunista, la de Via Laietana. Allí pasé miedo y hambre, porque querían que denunciara a Pep. Eran cuatro desgraciados. Y después durante mucho tiempo me seguían los policías comunistas por las calles. Pep me enseñó a esquivarlos.

Lluís Amiguet
La Vanguardia

—¿No estuvo usted en el frente?
—Sí, fui enfermera y Pep se alistó con nombre falso para evitar la persecución comunista. Cuando los fascistas se acercaban a Barcelona, cogimos un camión hacia Francia y los del SIM estalinista nos lo quitaron; por fin nos amotinamos y nos lo llevamos hasta Vic, donde estaba Pep acuartelado.

—¿Y cómo huyeron?
—Los aviones nos ametrallaban, pero el Pep – y no digo mi esposo porque eso es muy burgués, el Pep era el Pep- consiguió un cuatro caballos y aprovechaba las pasadas de los aviones para lanzarse por la carretera cuando la gente estaba parapetada en las cunetas y así llegamos a Prats de Molló. Y al exilio.

—¿Cómo sobrevivieron?
—Nosotros tuvimos suerte, pero mi padre acabó en la cárcel y mi madre, escondiéndose perseguida por los franquistas. Y a mí me dolía no estar en casa y eso que no soy una patriota de la bandera y esas cosas.

—¿Cómo lo recuerda?
—El exilio se vive como un paréntesis. Y luego los alemanes nos invadieron.

—¿Qué hicieron cuando llegaron los nazis?
—Nos metimos en el maquis, por supuesto. Pep dirigió un grupo de la resistencia y yo estaba con él, cerca de Marsella, en Regussa.

—Vi una foto suya bailando con el maquis.
—En el maquis ayudaba yendo y viniendo con la bicicleta llevando recados a todos para que Pep pudiera organizarlos. Y los jefes alemanes, cuando al fin descubrieron el escondite y vieron los libros de contabilidad, quisieron conocer a Pep maravillados.

—Pep ya llevaba mucha guerra.
—Yo crucé la frontera varias veces con la estrella vespertina y la matutina. Siempre hay una estrella que nos guía, yo decía que aquella estrella era Pep. Por fin pudimos ayudar a los paracaidistas aliados cuando se tiraron sobre la zona y comenzó la liberación.

—¿Y después?
—Vivimos en Marsella.

—¿De qué vivían ustedes?
—Los compañeros nos ayudaban.

—¿Quiénes eran los compañeros?
—Muchos eran disidentes del PCF y en especial Verdeaux nos dio sus papeles y se jugó la cara para ayudarnos a escapar de los nazis.

—¿Consiguieron encontrar un empleo?
—Pep trabajó en el Paris Jour.

—¿Podía usted también cantar y bailar?
—Sí, yo bailaba mucho. Llegué a bailar en una opereta con Luis Mariano en París.

—¿Y la nova cançó?
—Eso fue mucho después. Nos reuníamos en el Casal de Catalunya en París, que fue nuestro refugio moral e intelectual. Hacíamos muchísimas cosas allí. Fue hermoso porque por fin nos entendimos catalanes exiliados de todas las tendencias: lo importante era el país y todos nos llevábamos bien.

—¿Qué actividades hacía usted?
—Recuerdo que recitaba a García Lorca en la Sorbona y en las radios de París con Narciso Yepes, que tocaba para nosotros. Y años después llegó Raimon a París. Y entonces sí que íbamos y veníamos con música y canciones entre Barcelona y París.

—¿Y daba para vivir?
—Yo iba por libre. No tenía ni mánager y recuerdo que canté mucho en Alemania.

—¿Qué hizo cuando murió Franco?
—Por fin. Vivíamos en París y un día nos acercamos a Banyuls, porque alguien nos dijo que allí tocaban sardanas y yo las adoro. Desde aquel día ya no me he movido de allí.

—¿Le hablan en catalán allí en Francia?
—¡Y tanto! Cuando me ven llegar, si están hablando francés, cambian al catalán.

En: Entrevistas, Historias de mujeres — Agosto 8, 2006

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  1. Del 3 al 10 d´Agost de 2008, a l´escola de Prats es pot veure una exposició sobre l´exili Republicà.

    INFO: http://www.memorialibertaria.org/spip.php?article853

    Val la pena anar-hi.
    Salutacions

    Francesc - Agosto 7, 2008 @2:38 pm

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Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.

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