Jaume Serra: “Hay que ser curioso y gamberro”
Jaume Serra, hotelero:
“Poner la edad del entrevistado es como lo del perejil, parece que ningún plato pueda vivir sin él. Nací y vivo en Barcelona. Estoy casado y tengo tres hijos y dos nietos. Estudié hasta 3. º de Derecho, idiomas y piano. Soy progresista. Creo que los políticos cada vez están más lejos de la ciudadanía, como la Iglesia de sus fieles. Creo en Dios”.
—Yo sentía las lenguas de fuego del Espíritu Santo sobre mi cabeza.
—¿Perdón?
—Hasta los 17 años viví con comunión y rosario diarios y, lenguas de fuego, que dicen que otorgan el don de lenguas, así que estudiaba idiomas y pedía libros sobre el Espíritu Santo.—¿Acabaron expulsándole?
—No les di tiempo, a los 17 empecé a trabajar en la aviación comercial, en KLM, Swiss Air y Canadian Pacific; menos en el aire, trabajé en todos los departamentos. Aquellas compañías estaban muy avanzadas: todos los empleados dominábamos cuatro lenguas y recibíamos anualmente cursillos de lo más variopinto en Amsterdam, Zurich y Vancouver.—¿Organización, control, optimización?
—Todo eso y más. Cuando pasé a gestionar hoteles, el bagaje acumulado me colocaba 20 años por delante de los hoteleros españoles.—¿Alguna idea renovadora?
—Aparte de gestionar diversos hoteles, creé una nueva línea que hoy han heredado mis hijos: recuperar las antiguas pensiones, darles un toque fashion; una red europea.—También creó una fundación con el dinero de su bolsillo.
—Quería colaborar en alguna medida con la gente que tiene dificultades, y ya que soy hotelero, ¿qué mejor que enseñar hostelería?—¿Pero por qué en Chefchauen?
—Sencillo, porque la cultura árabe me fascina, su poesía es exquisita, su gastronomía riquísima y su idioma hermoso, hace años que lo estudio. Me da mucha rabia que aquí se confunda a los marroquíes con los cuatro adolescentes que roban bolsos en la Rambla.
• Ima Sanchís
La Vanguardia
—¿Allí todavía dejan las puertas de las tiendas abiertas cuando se van a rezar?
—Sí, y es un país en el que el 50% de la población tiene menos de 20 años y muchas ganas de abrirse camino. Alguien tiene que ayudarlos y de manera práctica, así que decidí crear una escuela de hostelería para gente sin recursos, que aprendieran lo más elemental para tener un oficio.
—¿Ninguna sorpresa?
—Sí, había que empezar por alfabetizarlos porque el 60% de la población es analfabeta; en el norte las mujeres llegan al 90%. Así que durante tres años los hemos formado en tres idiomas básicos: árabe, español e informática.
—Eso es construir desde los cimientos.
—Si las empresas privadas europeas nos dedicáramos a hacer formación en Marruecos y en Sudamérica, nos sería muy rentable, porque está claro que necesitamos de su mano de obra, así que mejor que vengan formados.
—Es usted práctico.
—Después de alfabetizarlos hemos podido introducirlos en la hostelería elemental: cocina, restaurante, limpieza y control de habitaciones. Todos encuentran trabajo o bien en su tierra, porque la hostelería es un sector en alza en Marruecos, o bien en España. No quería montar una fundación Papá Noel.
—Hay dudas de esa necesidad recíproca.
—Pues Catalunya y Japón son los países más viejos del mundo, no tenemos gente joven. En España hemos fallado, nuestros vecinos los franceses lo han hecho mejor, cuando se retiraron de Marruecos mantuvieron el Liceo Francés, el resultado es que Marruecos es un país bilingüe: árabe y francés.
—¿Habrá una segunda escuela?
—Sí, en Tánger, para que todos esos niños que viajan bajo los camiones tengan un oficio. Y el sueño que ahora persigo es crear un hotel escuela en Tánger diferenciado de todas las escuelas y de todos los hoteles.
—¿Satisfecho?
—A nivel personal, esta fundación me da más satisfacción que todos los éxitos comerciales y profesionales que he podido cosechar. Hacer las cosas bien hechas, con entusiasmo, pasión y creatividad te llevará más cerca o más lejos, pero llegarás satisfecho.
—¿Qué ha aprendido del mundo árabe?
—He entendido que no hay una verdad. Si comparas lo que ves allí con lo que lees en la prensa internacional occidental, te das cuenta de que las visiones no coinciden. No hay que dejarse llevar por los medios, cuya visión siempre es interesada; hay que informarse, viajar, tener una visión propia.
—¿Hacia dónde va la hostelería?
—En moda, las marcas que ofrecen calidad a bajo precio se han impuesto en todo el mundo. Lo mismo ha ocurrido en decoración con marcas como Ikea y en las líneas aéreas de bajo coste. La hostelería de ciudad, mi especialidad, también debe apuntarse a ese carro, porque lo importante es el guión.
—¿A qué se refiere?
—Un hotel es un teatro, has de vender una película. Organicé para los empleados del Barceló Sants un curso de teatro que fue utilísimo: aprendieron a representar un personaje capaz de desear que los clientes se sintieran a gusto. Hoy la gente prefiere el pequeño hotel con encanto a los grandes hoteles idénticos en todos los países.
—¿La figura imprescindible de un hotel?
—El conserje clásico de los hoteles míticos que sabe la vida y milagros de sus clientes, con sus pequeños pecados, que él satisface. El cliente encuentra en esos hoteles parte de su vida y de sus secretos.
—¿Humanidad y originalidad?
—Yo siempre les digo a mis hijos que lo más importante es ser curioso y gamberro.
—¿Gamberro?
—A mí, ser gamberro me mantiene joven. Todo te limita: la sociedad, la familia, los amigos. Pero es inútil luchar para que te pongan la etiqueta que tú deseas, te dejarás la vida en ello y te llevarás muchos disgustos. Que te pongan la que quieran, y una vez la tengas, haz tu vida, serás feliz.
Buena idea
Entusiasta y generoso, montó su Fundación Al Qantara sin hacer ruido y financiándola de su bolsillo. La idea es simple y brillante: una escuela gratuita de formación en hostelería en Marruecos, un país que prevé pasar en 4 años de 6 millones de turistas a 10 y cuyas infraestructuras están en pleno desarrollo. Formar cocineros, camareros y asistentes de habitaciones. Abastecer de personal a los nuevos hoteles de su país y dar a Europa mano de obra cualificada. Pero primero hubo de dar un paso atrás, había que alfabetizar a los candidatos en tres idiomas básicos: árabe, español e informática (otra buena idea). Cinco años después hay 3.000 alumnos formados en Chefchauen, y en proyecto una escuela en Tánger y un hotel escuela. (www. alqantara. org)

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
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