José ‘Pepín’ Bello: “Federico… Federico… ¡Ah, Federico…!”
José ‘Pepín’ Bello, amigo de Lorca, Dalí y Buñuel:
“Tengo 102 años: nací el 13 de mayo de 1904, en Huesca. Vivo en Madrid desde 1915, año en que entré en la Residencia de Estudiantes. Tuve novias, pero nunca me he casado, ni he tenido hijos. ¿Política? Echo en falta el sentido común. ¿Dios? Creo que los creyentes aciertan: ¡me hubiese gustado creer…! Lo mejor de la vida es el amor”.
• Víctor-M. Amela
—¡Está usted espléndido!
—¡Uy, duermo poco, apenas una hora y media… ¡Un desastre!—Ya me contará el secreto de tan lúcida longevidad…
—Pues no lo sé.—¿Qué recuerdos guarda de su Huesca natal de hace un siglo?
—A mí me cautivaba ver las caballerías muertas en las cunetas, carnuzos putrefactos… A Buñuel le pasaba igual.—¿Cuándo conoció a Luis Buñuel?
—En 1918, cuando Luis llegó a la Residencia de Estudiantes, en Madrid. Yo ya estaba allí desde 1915, desde mis 11 años…—¿Qué hacia usted allí?
—Mi padre —ingeniero de caminos— me había enviado a estudiar el bachillerato, y yo vivía en la residencia. Y en 1919 llegará Federico, en 1921 llegará Salvador…—Federico García Lorca, Salvador Dalí…
—Cuando llega Federico no hay habitación para él y durante un tiempo lo instalan en la mía… Recuerdo que mientras yo estudiaba en mi mesa, él se sentaba en la cama muy tieso, con la espalda recta, las piernas cruzadas y encima un mazo de cuartillas… Y, con un lápiz y una goma, iba escribiendo…
«Un chien andalou». Francia, 1929.
—Sus poemas maravillosos.
—Él me los leía y ¡ah…! ¡Era como si inventase otro idioma…! Federico se concentraba mucho para escribir, era muy premioso: borraba, rectificaba… A veces se ponía de pie, en silencio, tenso, como en trance…
—¿Buscando una palabra?
—Sí, y en esos momentos ni me veía, era como si yo fuese transparente…
—¿Es cierto que Buñuel reprochó a Lorca el ser homosexual?
—Federico era muy respetuoso, jamás mostró amaneramiento ni afectación alguna. Corría ese rumor sobre él. A mí me daba igual. Pero Luis era bruto, irracional… Salíamos del comedor, y Luis apartó a Federico y le espetó: “¡Me han dicho que eres maricón!”. Federico le respondió: “Vete a la mierda”.
—¡Merecidísima respuesta!
—A veces había enfados, pero se arreglaban: ¡éramos muy amigos! Con modestia y orgullo le digo que siempre limé asperezas y procuré que no hubiese malos modos.
—¿Eso incluye a Dalí?
—Él llegó con 17 años, éramos de la misma edad. Un día pasé ante una habitación con la puerta entornada, vi dibujos por todas partes, entré… ¡Eran muy buenos! “¿Los haces tú?”, le pregunté. “Sí”, me dijo. Y corrí a informar a Federico y a Luis de que había llegado un catalán estupendo…
—¡Fue usted el ángel de una amistad que fecundó la cultura del siglo XX!
—Sintonizamos bien: ¡la amistad es tan misteriosa…! Lo más grande… tras el amor.
—Descríbame a sus tres amigos.
—Dalí era ignorante de muchas cosas, y muy tímido: tanto, que a veces se escudaba tras esas exaltaciones suyas… Buñuel era muy fuerte, y tenía esos arranques malhumorados, brutos… Y Federico… Federico…
—…
—¡Ah, Federico es indescriptible! Hay que haberlo conocido. Era muy decidor, todo gracia, todo encanto, todo afabilidad, alegría… ¡Un portento! Y tocaba el piano con un virtuosismo, cantaba… La voz de Federico…
—¿No ha quedado grabada?
—No. Mire: él se metía en su cama con una comedia de Lope, nos sentábamos en sillas alrededor, ¡y nos la leía entera, matizando las voces de todos los personajes! Y nos mantenía a todos hipnotizados, era prodigioso…
—Este verano hará 70 años que le mataron…
—Cuando me lo dijeron ¡no podía creerlo!
—De haber sobrevivido, ¿hacia dónde hubiese encaminado Lorca su genio creativo?
—¡Hacia el teatro! Un año antes me citó varias noches en una terraza de Madrid: me leía los actos de una obra que escribía… ¡Imponente!
Era La casa de Bernarda Alba…
—Ha sido usted un testigo privilegiado… ¿Me regalaría algo que no haya contado aún?
—El padre de Federico le había amenazado: “O te sacas un título universitario o se te acabó Madrid: te vuelves a casa”. Y Federico, el pobre, se matriculó en Derecho…
—¡Un poeta entre decretos! No, no, no…
—Le expliqué el caso a un catedrático de Derecho, Agustín Villuales, al que yo conocía desde niño porque era oscense y amigo de infancia de mi madre. Así que Villuales charló durante varios días con Federico…
—¿Para ayudarle en los estudios?
—Ya verá… Villuales convocó el claustro de profesores y proclamó: “Señores, yo… ¡he conocido a un genio! Y, por mí, ¡está aprobado! Les invito a que hagan lo mismo que yo”.
—¡Asombroso!
—¡Y así le aprobaron! Sin comprar un solo libro de Derecho, ¡Federico fue abogado!
—Y pudo así convertirse en poeta inmortal…
—¡Qué divertido era pasear con él y Dalí por el Prado, oyéndoles comentar cuadros!
—¿Por qué no formó una familia, don José?
—¡La vida! Tuve novias, pero… A la de mis 22 años, Araceli, la obsequié con un soneto que le pedí que me escribiera rápido otro amigo de la residencia, Rafael: ¡Araceli creo que es el soneto más perfecto de Alberti!
—Y usted, don José, ¿por qué no ha escrito, no ha pintado, no ha…?
—No he sentido esa necesidad. Y cuando lo he hecho…, no me ha gustado el resultado.
—¡Sus memorias serían un tesoro!
—Ah, escribí unas hace 40 años. Diez años después las leí y no me gustaron: las rompí.
—Podría explicar tanto… Lo de Un perro andaluz de Dalí y Buñuel, ¿aludía a Lorca?
—¡No! Fue una aleatoria combinación de palabras: no haga caso a otras cosas que lea por ahí… ¡Ah! ¿Y recuerda que sale allí un burro putrefacto?: les di yo la idea, ja, ja…

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
Comentarios
Pepín Bello sigue vivo? Es un icono, lo último que nos queda de la generación del 27 y de la mítica Residencia de Estudiantes. Creo que era dibujante o pintor ¿no?
Creo que ha hecho un poco de todo. Y ahora disfruta del placer de no hacer nada: ¡tiene 102 años!
Hola montse Román, yo soy muy amigo de Pepín Bello y de hecho se lo presente yo a Victor Amela.Te puedo asegurar que más allá de toda la gente que conoció el por si mismo es un ser maravilloso.
cada dos meses lo voy a ver a Madrid.si te hace ilusión y nos quieres acompañar eres bien recibida.
la proxima vez lo ire a ver a`principios de setiembre.
saludos y gracias por transcribir la entrevista de Victor a Pepín.
nendeplata@yahoo.es
Muchas gracias, Marc. Estaré encantada. Te escribo. Saludos.
Pepín Bello, es la humnidad en persona,tiene esa extraña virtud de los seres extraordinarios, que rozán con su humildad un halito divino.Algo así le sucedía a Vicente Aleixandre, a quien conocí y a Federico, a quien también abracé y conocí por medio dl abrazo de Pepín Bello. En sus manos, ay, aún corren los torrenciales senderos de aquella generación irrepetible, el abrazo mismo de la poesía sin ser poeta, el cuadro, en cuyos horizontes trascurre la amistad más sincera,la pasíon por el arte más absoluta, pero sobre todo, y como ya he dicho su humanidad divina.Los que tenemos la suerte de conocerlo, constituye un legitimo orgullo,un goce sobrehumano, un roce de poetica andadura. José Mª Cotarelo Asturias
Pepín Bello, es la humnidad en persona,tiene esa extraña virtud de los seres extraordinarios, que rozán con su humildad un halito divino.Algo así le sucedía a Vicente Aleixandre, a quien conocí y a Federico, a quien también abracé y conocí por medio dl abrazo de Pepín Bello. En sus manos, ay, aún corren los torrenciales senderos de aquella generación irrepetible, el abrazo mismo de la poesía sin ser poeta, el cuadro, en cuyos horizontes trascurre la amistad más sincera,la pasíon por el arte más absoluta, pero sobre todo, y como ya he dicho su humanidad divina.Los que tenemos la suerte de conocerlo, constituye un legitimo orgullo,un goce sobrehumano, un roce de poetica andadura. José Mª Cotarelo Asturias
A TODOS LOS ADMIRADORES DE PEPÍN BELLO.LA EDITOTIAL ANAGRAMA ACABA DE PUBLICAR SUS MEMORIAS “CONVERSACIONES CON JOSÉ”PEPÍN BELLO”, QUE ARDO EN ANSIAS DE LEERLAS.
Creo que Don José Bello calla más de lo que cuenta y
su admiración por Aznar rebaja la credibilidad e imoparcialidad de sus opiniones sobre otras personas.Ello no es obvice, para asegurar que es un personaje afortunado y extraordinario.
que dios lo tenga en su gloria. nunca nos olvidaremos de ti don josé
NOCTURNO EN SOL MAYOR PARA PEPÍN BELLO
(VERSIÓN DEFINITIVA A PERPETUIDAD)
Obviamente a Pepín Bello, que me dictó sin duda alguna, estrofas completas de esta memorable obra en su honor y su recuerdo. Valió la pena vivir para haberle conocido, para escuchar de su boca bidireccionalmente estas palabras hechas música para orquesta. Brindemos entre tanto por las cosas que se encuentran más allá de nuestra voluntad, para su gloria.
Para una orquesta de anaglifos, carnuzos, moscas pestilentes, maristas arrastrados e instrumentos parlantes.
Dirige con batuta de cola un arlequín en paro que solía asustar a los niños contándoles la muy conocida y temible historia del humilde hombre atemperado.
La primer violinista es una monja casadera
Suenan los tambores y dicen:
Duerme ya, oh ralo día
que en soledad de amor
triste amaneces y ya me hieres.
Retumban los timbales casi al unísono y tartamudean esta estrofilla:
¿Qué será ya de este arrasado campo de ceniza
de este cuerpo sin escudo,
de esta yesca sin aire
en la inútil niebla rasgada?
El trombón contesta:
La memoria no te alcanza, pom, pom,pom
¡ tan grande es el recuerdo de tu afecto
que tu mano temblorosa me asalta
en los lienzos donde el sueño
te revive de nuevo y te me sacias!
Responde el oboe, como si no fuera con él, casi desinteresadamente
La espada de la muerte me contempla
soy yo -le digo- lleno de pánico.
Helada se ciñe a lo que queda de cuello,
como un rayo súbito degollando a su paso
los sordos bucles de los cementerios,
la música inútilmente no sonada
sus sepulcrales labios de espigas
que dulcemente me pronuncian y me halagan.
El contrabajo sube al ático y canta entre las sábanas aún mojadas (es una interpretación regular, tirando a mala)
Callo y no ignoro que más pronto que tarde
se ha de apagar esta luz entre las sombras,
este mar detenido en el aire.
¡Ah, si!, la gran orquesta ardiendo
quemando a cada compás los instrumentos;
el violín hecho garganta,
la piedad de los bombos,
el yunque al viento de los platillos,
un águila en la batuta recién brotada
o el asno sobre un piano de cola.
El arlequín en paro interrumpe con su voz amariposada y pone orden en la sala
¡Aquí, mi lívida orquesta señores!
mi bodegón viviente de cardos
y este corazón que ya concluye
su actitud nunca empezada.
La viola, a la que habían vestido con un traje de gitana, mientras se desnuda comenta:
Ah, te miro pavoroso, oh dios
¡que ciego y que sordo anduve
en tus enaguas!, Un reloj invisible
marcó nuestras horas pero ya no se palpan.
Y le contesta el violonchelo:
La tierra, esta misma tierra intangible,
es hoy frío material, quietud exhausta
donde se muerden las horas los labios,
donde el humano ser se recrea y se marcha.
Un clarín en un oscuro rincón desde donde apenas se ve nada, anuncia:
Y tu duermes Pepín del alma
y el humo invulnerable de tu soledad enhiesta
me invade, me ciega, me arrasa.
¡De una soledad a otra, la hermética piedra
me confiesa y me absuelve!
Mientras, se oye cantar a lo lejos
un burro sin alforjas encinchando el piano
de la residencia de estudiantes, ya sin alma.
La tuba de agua se ahoga y gorjea:
El estanque está inmóvil
y los peces se preguntan. ¿Dónde la luna
de Federico, la madonna de Dalí
o de Buñuel la cuchilla y el ojo que sangran?.
El segundo violín es un cuervo cismático que dice:
Aquí te espero desnudo
Envuelto en celindas
Y carnosas rosas de misteriosa escarcha.
Te pienso y rielo; el dia es cumplido
La suerte está echada.
El xilofono empuja sin querer al bombo y se muere (el xilófono) pero antes le da tiempo a pronunciar estas memorables palabras:
Estoy solo te digo. Los pájaros
destrozan mis límites,
mi materia de aire,
mis campos de merendillas,
mi fiel guitarra.
Pero ya no es el aire
ni las flores de los muertos
ni el estúpido eco del alba.
Los platillos quitando importancia a lo sucedido irrumpen en la escena, hacen una reverencia en el aire y proclaman:
Solo. La sombra es un arco
pero yo no lo niego. Te miro.
Por la noche arriba canta un gallo
¡Kikirikí, silencio, Pita, Pita, Pita!
Que redoblen los tambores.
(los tambores ya roncaban)
¡Arriba esas palmas compañeros. Eh, los del pulpito
arriba señores, gallinas aplastadas!
Aspirad el tumulto de estas notas,
su voz entre juncos desdibujada.
Se oye en absoluto silencio un solo de fagotes pero a lo lejos un pavo real canta. El fagote dándose importancia,parece decir a la fagota amada:
Y hay carnuzos, maristas
anaglifos, putrefactos desdentados,
pestilentes moscas, querubines
arlequines en paro, belloteros,
carrizos, luciérnagas, chinches
malandrines de poca estofa.
¡vaya orquesta del carajo!
Suena melodiosa y dulce, casi sin pretenderlo, el arpa:
Yo ya no soy yo, ni este ojo aterido
que se cierra y te rescata.
Sorbo a sorbo te bebo
y, como el tiempo, me hundo.
Tu y yo estamos cansados,
ciento tres años es mucha vida
esperando sólo un abrazo.
Si te enferman mis sonidos
es por los fríos siberianos
de la infancia, de la infancia…
El anaglifo cacareando, resalta:
¡Qué efímero es todo; la vida,
la luz, el amor, el agua de las palabras!
Todo pasa y quedan las ruinas
de lo que fue un río,
una rosa, una levísima mirada,
todo salvo la amistad del hombre
que se respira y estalla.
Tres violines recién barnizados a los que les falta una cuerda, exclaman:
Ya los espejos son flores,
los anhelos aromas, las sombras, patrias.
Y uno vuelve al polvo,
al río, a la íntima infancia.
Uno se vuelve música, ciencia, memoria
la oculta intención de una lengua
afligida, deshecha en llamaradas.
Un laúd de luto mientras se pinta las uñas, canta en voz alta:
Un tenue hilo de sangre centellea
y, o esto empieza, o esto acaba.
El poeta nace cuando muere,
el hombre nace y no dice nada.
Una mosca pestilente se posa en la frente del arlequín en paro que a esa hora de la noche ya no hacía nada y (la mosca) con sus alas proclama:
Ya duermes; la gloria te encarna.
Tu, esta paz que invoco y que me irrumpe,
este centro de amistad al borde del agua.
Un piano con alma en Si Bemol menor ( el alma) aclara para la posteridad sonora de la escarcha:
Se ilumina la noche, diosa única,
se alargan sin término las miradas.
Se que estás. En ti vivo,
Oh padre de viento, amigo mío;
compañero del alma.
La voz de dos maristas unánimes, mirando fijamente al respetable declaran:
Termina la obra con general abucheo. Al fondo del escenario un cuadro de Dalí figura un reloj hecho con ocho cuerdas de guitarras. A la mañana siguiente el numerosísimo público se calentaba del frío entre las cenizas de la orquesta recién quemada. Una voz en off, que me pareció la de Pepín Bello, recitaba de memoria unas estrofas del romancero gitano y se oía con absoluta claridad la voz de Federico que decía: ¡Viva la Huesca de Pepín, Viva Pepín Bello! Cae el telón, el público interpreta al unísono una canción inédita lorquiana y sobre el féretro que asoma entre las cortinas una rosa blanca se marchita y al igual que los carnuzos, se marcha.
(Quedan permitidas todas las reproducciones, correcciones, enmiendas totales o parciales, o transmitir esta obra por cualquier medio, sin el permiso previo verbal ni escrito del titular de los derechos de la propiedad intelectual)
Laus Deo
13 de enero de 2008
José Mª Cotarelo Asturias
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