El elefante y la paloma
“Los llamaban “el elefante y la paloma”. Diego Rivera era voluminoso, corpulento, enorme. Frida, delgada y frágil. Ella aseguraba que había tenido dos accidentes en la vida. El primero había sido el del tranvía. Diego resultó ser el segundo.
“Cuanto más la amo, más quiero dañarla”, cuentan que admitía él. Se llevaban cerca de veinte años. Cuando se conocieron, él ya era un artista plástico reconocido. Ella venía de sufrir su primer accidente y recién se estaba integrando al mundo del arte. Sus primeros encuentros deben de haber sido los del hombre experimentado y la joven en busca de abrirse un camino. Ella le mostró algunos de los cuadros que había hecho hasta ese momento; él la animó a seguir pintando.
Eran dos seres pasionales, complejos, inmersos en una época tormentosa y nada propensos a la indiferencia: su relación no podía ser sino turbulenta. “Soy él —escribió una vez Frida—. Desde mis más primitivas y antiguas células, él es en todo momento mi hijo, mi niño nacido a cada momento, todos los días, de mi propia entraña”. Se pintaron mutuamente. El la incorporó en sus murales; ella lo retrató inmerso en esa extraña síntesis de dolor y vitalidad tan propia de su pintura. Los unieron el arte, la política (ambos militaban en el Partido Comunista Mexicano), el volcán de sus desbordantes personalidades”.
• Diana Fernández Irusta
09/07/06:


Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
Comentarios
Frida… Es una de las personas mas importantes para mi.
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