“Enamórate de ti mismo y enamorarás”
M. del Carme Banús, profesora de seducción:
—Pues sópleme algún truco de seducción.
—El rapport.
—¿Qué es eso?
—Si tu interlocutor habla en tono de voz alto, sube tu tono de voz. Si habla o respira despacio, ralentízate también tú. Si se inclina un poco, inclínate tú. Acóplate a su ritmo, a su tono, a su estilo…
• Víctor-M Amela
—Qué tipo de gente acude a una agencia matrimonial?
—Personas con estudios y buenos trabajos, buena apariencia, clase media y mediana edad.
—Y que están solas.
—Sí. En España hay ocho millones de personas solteras, de las que más de seis millones están buscando pareja…
—¡No estamos hechos para estar solos!
—Así es para la mayoría: muchas de esas personas vienen de relaciones anteriores truncadas… Y, tras un periodo de duelo, ¡quieren nueva pareja!
—¿Y la encuentran aquí, en una agencia?
—Es el camino más corto y más seguro, desde luego.
—¿A cuántos Calisto y Melibea ha unido?
—De las 10.000 personas que hemos ido emparejando en diez años, unas 4.000 formaron pareja estable.
—Dos mil parejas, pues: ¿parejas felices?
—Algunas nos han enviado invitación para su boda… Pero no todas se casan, ¿eh?
—¿Y por qué otras parejas no cuajan?
—Porque algo falló en el proceso de seducción. Es un hecho: hay personas con inteligencia seductora…, y otras que la tienen muy poco desarrollada.
—¿Inteligencia seductora, me dice?
—Así llamo a tus habilidades personales para hacerte atractivo a los ojos del otro. Para relacionarte con el otro con fluidez.
—Y eso se tiene o no se tiene, me temo.
—Pero puede cultivarse, desarrollarse. Podemos aprender a seducir. ¡Y debemos! Porque sin capacidad para seducir, ¡te barras el camino hacia el amor!
—Descríbame ese camino de maravillas.
—Primero, conocer a alguien, citarte con él. Segundo, seducir. Tercero, enamorarte. Y, cuarto…, llega ya el amor, la estabilidad. ¡Muchas personas fallan en la seducción!
—¿Y qué pueden hacer?
—Para ayudarles ¡hemos creado un cursillo de seducción de un día!: cuatro horas por la mañana, cuatro por la tarde.
—¿Y dan un diploma de seducción?
—Ja, ja… No: la medalla se la lleva cada uno por dentro. Porque habrán reforzado su autoconfianza, la seguridad en sí mismos.
—Pero… ¿no se trataba de seducir al otro?
—Si quieres enamorar a otros, ¡primero enamórate de ti mismo! Quien en el espejo se guste resultará seductor.
—Ajá, pero esto va a días, me parece…
—Un 65% de la gente padece de baja autoestima, y le ayudamos a superarla. Y le enseñamos habilidades de seducción.
—¿Por ejemplo?
—Entrenamiento de miradas, por ejemplo: cómo mirar al entrar en un local, cómo mirar a otra persona para hacerle entender que te interesa… Cómo y cuándo usar piropos y de qué tipo según cada caso…
—Para seducir, ¿conviene fingir?
—¡No!: tarde o temprano aflora la realidad y se rompe el invento. Lo que sí interesa es mostrar lo mejor de nosotros mismos.
—¿Qué consejos da usted a una mujer para seducir a un hombre?
—Muestra interés por lo que te explique ese hombre, escúchale, mírale de frente, repite su nombre de vez en cuando… ¡Y envíale señales de que te sientes muy a gusto con él! Muchas mujeres son tacañas en expresar eso…, y el hombre se desmotiva, claro.
—¿Y qué consejo le daría a un hombre?
—Que no vaya demasiado rápido: la mujer necesita un proceso de cortejo, sentirse especial, requerida. Si la primera cita acaba en la cama… ¡esa pareja raramente se consolida!
—Curioso.
—Se queda todo en rollo de una noche. Para llegar a ser pareja estable, debe mediar romanticismo. Si el hombre prepara una atmósfera propicia, romántica…, ¡ganará!
—Denos más pistas.
—Nada de hablar de todas las relaciones anteriores. Que queden zonas de misterio… Y desde luego, ¡nunca atorrar al otro con las malas experiencias de relaciones anteriores, jamás quejarse de haber tenido mala suerte!
—¿Por qué?
—¿Querría usted juntarse con alguien que tiene tan mala suerte… y contagiarse?
—¡No!
—Hay otra cosa que jamás debe hacer la mujer: comparar al hombre con hombres anteriores. Ah, y esto es importante: ¡jamás lo confíes todo al amor!
—¿Qué quiere decir con esto?
—Que a menudo nos enamoramos, y creemos que el amor logrará limar ciertos detalles, cambiar lo que nos desagrada del otro.
—Y no.
—No. Nadie cambia… ¡excepto para peor, ja, ja! No te enamores del amor. Aclaráte “para qué” quieres esa pareja: ¿para tener hijos?, ¿compañía?, ¿convivir?, ¿viajar? Y la respuesta te dirá si te conviene o no tal persona.
—Y los que ya tenemos pareja, ¿qué?
—Seguid seduciéndola día a día, con detallitos. Además, seducir es necesario para todo: ampliar círculos de amistades, relacionarse, encontrar trabajo, promocionarse…
—Pues sópleme algún truco de seducción.
—El rapport.
—¿Qué es eso?
—Si tu interlocutor habla en tono de voz alto, sube tu tono de voz. Si habla o respira despacio, ralentízate también tú. Si se inclina un poco, inclínate tú. Acóplate a su ritmo, a su tono, a su estilo…
—¿Qué consigo con todo esto?
—Es como acompasarte a su baile: inconscientemente, el otro se sentirá más cómodo.
—¿Seducir o morir?
—Casi. Porque si renuncias a seducir… estás perdiéndote la vida.
Irresistible
La población soltera crece, alimentada por separaciones y divorcios. La mayoría de estos ‘singles’ (solos) anda en busca de pareja: amplio mercado para una agencia matrimonial como la de Banús (www.samsara.es), que además imparte cursos —junto a Maria Jesús Solvera, especialista en programación neurolingüística— para incrementar tu capacidad de seducción. Querer gustar a los demás es un impulso básico que podemos ejercitar. Otro truco: “Mira siempre a tu interlocutor al entrecejo”, me aconseja Banús: “Harás que se sienta más comodo que si le miras directamente a los ojos…”.
Da más consejos en los libros Sedueix-lo (Columna) y El secreto de la seducción (El Aleph), manuales escritos con Àlex Martín para ayudar a toda mujer a ser irresistible.

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
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