Querido primo (in) humano
“Y si te dijera que soy celoso, caprichoso, que durante días puedo hacerme el enfadado, aunque en realidad anhele tu abrazo. Que escondo mi sonrisa tras mis manos, porque me encanta jugar, ser el centro de atención. Ponerme en el lugar de los otros. Y hasta mentir.
Y si dijera que soy como un niño de dos años, o incluso de seis, dicen. Y que entre los tuyos hay quienes reclaman para los míos los derechos básicos a través de una declaración universal. ¿Qué dirías si dijera que soy un chimpancé?”.
“Tienen su propia cultura, son capaces de trasmitírsela a sus hijos, conversan entre ellos, tienen pensamientos privados, imaginación, recuerdos temporales, autoconciencia, empatía, capacidad de engañar, curiosidad, sentido del humor, sentido del tiempo, consciencia de la muerte, y son capaces de mantener una amistad que dure toda la vida”.
Pues os diré la verdad, a mis amigos apenas les exijo la mitad de esas habilidades para conservar mi amistad y cariño”.
«El cambio afectaría a que pasarían de llamarse pan troglodytes a Homo troglodytes.
Esto puede significar un revolución en la historia; pues, al reconocerlos como “Homo” se les reconoce como pertenecientes al mismo grupo que el Homo sapiens, Homo erectus, Homo hábilis, etc, etc. Es una especie de reconocimiento de que acabamos de descubrir que aún existen “hombres primitivos”. Muy primitivos si se quiere, pero hombres».
• Pablo Cuéllar

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
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