Mi gato Calcetines


Buñuelos de amargos vientos

En los años sesenta, niñas y niños estábamos separados en la escuela. No sólo en la aulas, también en el recreo. Ocupábamos espacios diferentes, jugábamos a juegos diferentes. Ellos tenían biblioteca; y nosotras, corte y confección.

Por una perra gorda, los chicos podían pedir prestados dos libros. ‘Las Aventuras de Tom Sawyer’, Los siete secretos’, ‘Los cinco secretos’, alguno de Julio Verne, relatos sobre Pinocho y Chapete…, y poco más.

Pero era todo un mundo, un mundo vedado para las chicas. Si no llevabas pantalones, no tenías libros. Si no tenías hermanos varones, tampoco tenías libros. Escuela cruel que condenaba a las niñas a la vainica y la crucetilla, a los buñuelos de viento y los patrones.

Llegué a odiar a muerte todo lo que tuviera que ver con la aguja y las cazuelas. Y eso que yo era de las afortunadas, porque tengo cuatro hermanos varones, y todos ellos venían a casa con un par de cuentos bajo el brazo. Todos, menos Miguel, que si mal no recuerdo, aún iba a parvulitos.

Seis libros de un golpe. Mi abuela se llevaba las manos a la cabeza y se preguntaba ‘dónde andará esta chica’ cuando al poco rato de que mis hermanos llegaran con el cargamento, yo desaparecía como por ensalmo. Creo que jamás lo descubrió. De haberlo sabido, me hubiera dicho que los cuentos no sirven para nada, salvo para calentar la cabeza, y que más me valiera aprender a hacer sopas de ajo.

Me casé muy joven. Mis dos hijos mayores fueron por unos años a esa misma escuela donde las chicas cosían mientras cantaban ‘El Conde Olinos’ y los chicos quedaban después del colegio a matar zorros. Creo que jamás toparon con ninguno (por fortuna para los zorros), lo mismo que nosotras jamás habíamos ido por entonces (yo al menos) a una boda; quizás por eso jugábamos a ‘las bodas’. Hacíamos de novia, novio, madrina, padrino e invitados. Todas éramos chicas: ‘Urí, urí, urí, los de la boda estamos aquí’.

El director del colegio seguía siendo el mismo. Ahora, de chicos y de chicas. En la primera reunión de padres, me quité la espina: ‘¿Por qué los chicos tenían biblioteca y las chicas no?’, ‘¿por qué los chicos podían llevarse libros a casa y nosotras no?’, le pregunté a bocajarro. Me miró como si le estuviera preguntando por qué de noche sale la luna y de día sale el sol, y respondió riéndose: ‘Eso pregúntaselo a la directora de las chicas; yo era el director de los chicos’.

La directora de las chicas era la que por entonces nos daba clases de cocina y de corte y confección en horas no lectivas. Patrones de papel y buñuelos de viento. No era obligatorio asistir; pero, para el caso, como si lo fuera: ninguna excusa era buena.

A esas horas, los chicos jugaban en la calle: al rescate, a las canicas, a ‘Tres reyes van por la mar’. A nosotras nos secuestraban las sartenes y perolas gigantes del comedor escolar. Sólo recuerdo un detalle que aliviaba ese tormento: los buñuelos de viento, a la directora de las chicas siempre le salieron con pollo.

En: Del arco iris, Porque ya está bien — Abril 20, 2006

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Comentarios

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  1. Suerte que algunas mentes inquietas no se quedaron en los buñuelos y en las cacerolas, o en los patrones y la bainica. ;)

    Estebanillo - Abril 20, 2006 @11:57 pm
  2. Eso fue porque los buñuelos salieron siempre con pollo:-).

    M - Abril 21, 2006 @1:07 pm
  3. Gracias, corazón… por recordarnos que cosas que parecen pleistozónicas son de antes de ayer :-/

    A veces me miran como si fuera la abuela cebolleta ¡ojalá sea una buena señal! ¿o no?

    en fin…

    servidora - Abril 21, 2006 @4:40 pm
  4. Al director del colegio, que creo que lo era de todo (de chicos y de chicas), que creo que os hacía cantar el Cara al sol cuando llegábais por la mañana, que creo que no había estudiado magisterio pero había ganado la guerra ¿no le han homenajeado dándole su nombre a una calle?

    cascón - Abril 21, 2006 @5:11 pm
  5. El director del colegio,tal vez, habia sido alferez provisional.

    recuerdo - Abril 21, 2006 @6:30 pm
  6. Sí, todo un personaje. Tiene una calle con su nombre, hizo la guerra (sobra decir en qué bando) y dicen que le regalaron el Magisterio.

    Primero fue director sólo de los chicos; luego de chicas y chicos.

    Y sí, nos hacía cantar el ‘Cara el sol’, antes de entrar en la escuela. En fila india. Ni que decir tiene, los chicos por un lado y las chicas por otro.

    No sabíamos lo que malcantábamos, muertos de frío a veces, en las frías mañanas de invierno burgalesas. En fin, qué te voy a contar que tú no sepas.

    M - Abril 21, 2006 @7:22 pm
  7. De nada, Servidora. Ya somos dos!:-)

    No sé yo si es una buena señal… Pero las cosas han cambiado tanto (por fortuna) en tan poco tiempo que todas esas historias les suenan a batallitas. Pero ahí estábamos, y aquí estamos.

    M - Abril 21, 2006 @7:43 pm
  8. Puede que fuera alférez, pero con certeza no lo sé. De sus habilidades pedagógicas, mejor no hablar.

    M - Abril 21, 2006 @7:55 pm

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Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.

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