Mi gato Calcetines


‘Estudios de mercado’

«Don Póstumo estaba haciendo paquetes con los libros de su biblioteca cuando sonó el teléfono. ¡La de libros que se pueden acumular en 60 años! Desde la muerte de su esposa, la pensión se había demostrado insuficiente. Don Póstumo no quería vivir en aquella casa y se disponía a mudarse a un apartamento más pequeño y más barato, sólo con los libros que pudiera llevarse. La vida no está hecha de lecturas sino de relecturas. Pero el teléfono continuaba sonando. Apareció el aparato bajo los seis volúmenes de En busca del tiempo perdido. Don Póstumo entendió a Proust como una profecía. “Dígame”».

• Joan Barril

El Periódico

Al otro lado de la línea una voz femenina, ni fresca ni ronca, le interpelaba. “Buenos días, soy Mari Carmen, de MB”. “¿MB? ¿Y qué es MB?” “Una empresa de encuestas y estudios de mercado. ¿Le importaría responderme a unas preguntas?”

En otras ocasiones Don Póstumo hubiera colgado sin ni siquiera responder. Pero el día era plácido, la selección de libros empezaba a cansarle, se sentó en el suelo junto a una preciosa edición de Las mil y una noches, se sirvió un whisky y se dispuso a ayudar a aquella heralda de la economía de mercado. “¿Tiene usted coche? ¿Diesel o gasolina? ¿Qué tipo de gasolina usa? ¿La más cara? ¿Qué espera usted de una estación de servicio? ¿Dígame cuál es su marca de carburante preferida?”

Don Póstumo ni siquiera tenía carnet de conducir, pero su curiosidad innata le permitía responder a todas las preguntas sobre automoción que le iba formulando la llamada Mari Carmen. Se estaba divirtiendo. “¿Me permite unas preguntas de tipo personal? ¿Posee usted una segunda residencia? ¿Vacaciones en el mar o en la montaña? ¿Cuántos años tiene usted? ¿Cuál es su estado civil?”.

Absolutamente fascinado por su propia capacidad de fabulación Don Póstumo se explayaba en sus mentiras. Contabilizó no una sino cuatro grandes mansiones de su propiedad diseminadas por Europa. Anunció que sus vacaciones solían oscilar entre el Caribe y un atolón de la Micronesia. Se negó a admitir su viudedad y sacó toda su coquetería para anunciar que tenía 40 años recién cumplidos.

Mari Carmen, de MB, le dio las gracias y colgó. Don Póstumo continuó con la fatigosa labor de seleccionar libros mientras pensaba en lo crédula que puede llegar a ser la gente. Todos tenemos más de una vida, pero sólo una de esas vidas es la real nuestra. El resto es fabulación. Se entretuvo en la última página de Cien años de soledad y se preguntó si también a él le quedaría una segunda oportunidad sobre la tierra.

Al cabo de dos días volvió a sonar el teléfono. La biblioteca empezaba ya a mostrar madera vacía. Descolgó el auricular. “Buenos días. Soy Mari Carmen, de MB, ¿me recuerda?” La de los estudios de mercado, claro. “Mire, por el perfil que tengo de usted, ya sabe, multipropietario, conductor experimentado, soltero, 40 años y gran viajero, me gustaría hacerle otras preguntas”. Don Póstumo se dispuso de nuevo a la fábula. Se sentó en su sillón y cerró los ojos respondiendo mentiras a cuál mayor.

“¿Qué ingresos tiene?” Millones. “¿Tiene usted herederos?” Ninguno. “¿Se considera usted atractivo? Valórese del uno al diez”. Un ocho alto. ¿Invierte usted en la bolsa?” Invierto y acostumbro a ganar. “¿Ha pensado usted en tener hijos?” Estoy abierto a todo. “Muchas gracias por su tiempo, Don Póstumo”. De nada.

Sólo al cabo de unos minutos Póstumo empezó a extrañarse de las preguntas de Mari Carmen. ¿Y cómo había sabido su nombre? ¿Acaso no eran encuestas telefónicas anónimas? Claro que para eso están los estudios de mercado. Deben de tener un sistema para reconocer al encuestado y así poder demostrar que han hecho la encuesta.

Colocó en la última caja el último de los libros. 1984, de George Orwell, el del Gran Hermano. Empezaba despedirse de las paredes conyugales cuando sonó el timbre de la puerta. Al abrirla vio a una mujer madura y discreta. Reconoció la voz. “Hola, Póstumo. Soy Mari Carmen de MB, estudios de mercado”.

Empujó la puerta y entró en la casa. “En realidad no me llamo Mari Carmen ni trabajo en ninguna empresa de encuestas de la misma manera que tú tampoco eres millonario ni tienes 40 años. Soy tu vecina del piso de arriba y también vivo sola. ¿Te parece que nos conozcamos un poco mejor?”.

En: Relatos — Abril 2, 2006

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  1. ¿Como sabía Mari Carmen el número de telf? Quizá estuviera durante años y años escuchando tras las paredes a Póstumo.Quizá estaría enamorada de él desde el primer día que le vio, pero por su situación de compromiso y después por cobardía nunca se atrevió a decir nada. Quizá al saber que su marcha estaba próxima se llenó de coraje para aproximarse a Póstumo.

    Quizá Mari Carmen se enamoró escuchando años y años como recitaba en alto aquellos cientos de libros que le dieron la vida y a Póstumo finalmente esa esperanza anhelada.

    infopeluso - Abril 3, 2006 @2:39 pm
  2. Seguramente Mari Carmen estaba convencida de que Don Póstumo (¡vaya nombrecito!) no iba a saber decir que no.

    M - Abril 4, 2006 @11:21 am

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Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.

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