Mi gato Calcetines


Los secretos de los ‘castrati’

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(Nichola Clapton, comisario de la exposición, muestra el instrumento utilizado para la castración. Foto: Efe/ Daniel Hanbury)

«Fueron las superestrellas musicales de la época. Tenían fama, dinero y la adoración de miles de seguidores. Caprichosos, soberbios, triunfales, protagonizaron aventuras amorosas, escándalos mayúsculos y veladas del bel canto inigualables. Pocos artistas, sin embargo, estarían hoy dispuestos a sacrificar lo que ellos sacrificaron.

Los castrati, los cantantes castrados en la infancia para evitar que su voz cambiara con la madurez, son el tema de la exposición que hoy se inaugura en la casa museo del compositor Händel en Londres».

• Begoña Arce

Más, en El Periódico

Dos vídeos sobre ‘Farinelli il Castrato’, 1994. La soprano polaca Ewa Malas-Godlewska puso voz a Farinelli.

Vía: Ópera, siempre


La muestra recorre la historia y secretos de un fenómeno irrepetible que comenzó en el siglo XVI cuando la jerarquía católica prohibió a las mujeres cantar en la Iglesia. Su gran apogeo llegaría en la ópera italiana de los siglos XVII y XVIII. “Fueron las estrellas del pop de la ópera y tuvieron una gran influencia en la música de Händel, una música que no se entiende sin los castrati”, afirma Jane Cockcroft, la directora en funciones del museo situado en el elegante barrio de Mayfair.

COLABORACIÓN CON HÄNDEL
Siete castrati trabajaron regularmente con Händel. Uno de ellos, Caffarelli, llegó a acumular tal fortuna que se compró un ducado en Italia. Para otro, llamado Senesino, Händel escribió la obra Giulio Cesare. Su retrato puede verse en la exposición, en la que también se exhiben dibujos y partituras originales.

Bastante más inquietante es contemplar el instrumental quirúrgico para llevar a cabo la extracción de los testículos. La operación se realizaba, según Nicholas Clapton, el comisario de la muestra, “cuando los niños tenían de entre 8 y 9 años”. En el momento crítico, “se les sumergía en un baño de agua caliente y los drogaban con alcohol y opio”.
El estratégico corte impedía que la laringe y las cuerdas vocales se desarrollaran plenamente en la adolescencia.

Tan penosa experiencia tenía sus ventajas. Los castrati solían vivir más, ser más altos que el resto de los varones y, contrariamente a éstos, no perdían el pelo en las sienes y la coronilla, aunque su vello en el resto del cuerpo era escaso.

Algunos expertos aseguran que en el siglo XVII, el 70% de todos los cantantes de ópera eran castrati. Entre 4.000 y 5.000 niños sufrían cada año por la operación. Los pequeños eran entrenados seis horas al día, siete días a la semana. “Eran auténticas máquinas de cantar, dedicaban toda su vida a la música”, afirma Clapton.

Las damas se volvían locas por aquellos seres que no habían perdido su capacidad para hacer el amor, sin la desventaja de un inoportuno embarazo. Hasta a Casanova le falló la puntería cuando creyó haberse enamorado de un castrati y tras indagar más profundamente descubrió que el objeto de su pasión era realmente una mujer.

El declive los castrati comenzó en el siglo XIX. Napoleón los detestaba y a los románticos les gustaba más la voz profunda de los tenores. Hoy las partituras escritas para ellos son interpretadas por mezzosopranos o contratenores. Del sonido de sus voces sólo queda una grabación fechada en 1902. La realizó el último de los castrati, Alessandro Moreschi y es posible escucharla hasta el próximo mes de octubre en la muestra.

En: Ópera — Marzo 29, 2006

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Comentarios

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  1. ¡Nos mudamos!

    A partir de este momento, estamos aquí: migatocalcetines.es

    Mi gato Calcetines - Marzo 29, 2006 @10:39 pm

  2. Tomo nota del nuevo link.
    A ver si luego actualizo el enlace en mi blog.
    Saludos.

    jab - Marzo 30, 2006 @10:55 am
  3. ¡Gracias!
    Saludos.

    M - Marzo 30, 2006 @11:17 pm

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Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.

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