Archive for February, 2006

‘La paciencia del relojero’

Sunday, February 26th, 2006

26feb06relojero.jpg

Fernández

«Cuando Fernández tomó el tren en Béccar le pareció que viajaría parado hasta Retiro, pero una mujer se bajó de pronto en la estación siguiente y quedó a su disposición un inesperado asiento junto a un anciano de barba blanca, camisa leñadora y tiradores. Fernández se acomodó al sol y se dispuso a disfrutar del viaje. Pero el anciano no lo dejó en silencio.

—¿Va a trabajar, jefe?

—Sí —respondió Fernández.

—Se nota —acotó. Tenía una voz extrañamente agradable—. Por la pilcha, digo.

Fernández asintió con una sonrisa y luego cerró los ojos como si fuera a echarse una siesta. Ganas no le faltaban.

—Yo tenía una novia en Béccar —dijo entonces el anciano. Y Fernández abrió los ojos—. Fue allá por el ’72 o el ’73, creo. Se me confunden los años. Sí, creo que fue en el ’72. Yo, por supuesto, estaba casado. Imagínese».

(more…)

‘Amores perros’

Saturday, February 25th, 2006

Hay historias que uno desearía haber vivido, aunque sólo fuera por poder contarlas luego. Ésta es una de ellas (hay más; no se las dejen escapar):

«El caso es que a los dos meses estábamos de parto. Once cachorros. No daba crédito a mis ojos. Nació el primer cachorro y Roni sabía qué hacer, cómo romper la bolsa, cómo estimularlo a lametazos hasta conseguir que respirara… Te sentías una mirona inútil. Estaba tan ocupada, que se le juntó la faena y expulsó al segundo perrito mientras aún estaba atendiendo al primero. Merce, su madre y yo nos pusimos nerviosas porque no sabíamos muy bien qué podíamos hacer para ayudarla. Evidentemente el segundo cachorro lo estaba pasando mal y se empezaba a ahogar (aún estaba en la bolsa). Roni acabó por fin con el primer cachorro e hizo caso al segundo. Casi chillamos, lo metió en la boca… y habíamos leído que las perras a veces devoran a los cachorros que mueren en el parto. Pero, de repente, nos dimos cuenta de que le estaba haciendo el boca a boca».

Servidora

‘Amores perros’:

Cap. I

Cap. II

Cap. III

Cap. IV

(Gracias mil, Servidora)

‘Un atleta de los sentimientos’

Sunday, February 19th, 2006

19feb06dardo.jpg

Fernández

«Dardo era el héroe mítico de Fernández. Practicaba el difícil arte del diseño gráfico, enamoraba a todas las mujeres y afirmaba con naturalidad que el amor no existía. A Fernández no se le daba por el diseño, ni era un mujeriego ni descreía del sentimiento más noble, pero de joven le fascinaba que alguien pudiera llevar adelante esa vida con total felicidad, y se divertía escuchando sus desaprensivas hazañas.

El diseñador se dedicaba a tocar timbres: coqueteaba todo el tiempo con todas»

(more…)

Divina de la muerte

Saturday, February 18th, 2006

Fanny Bryce (1891-1955). Parodia de la ‘prima donna’.

• Vía: Ópera, siempre

‘Cuando Clara cambió a Geno’

Wednesday, February 15th, 2006

5feb06claraygeno.jpg

Fernández

«Se enamoraron porque no se parecían en nada. Ella era la vicepresidenta de una encuestadora española y él, un bajista de jazz. Ella vivía en una mansión de San Isidro y él, en un departamento de Barracas. Ella era formal y elegante, y él era desgreñado y transgresor. Ella era habladora y rápida, y él era lento y silencioso. Ella era ordenada y pragmática, y él era caótico y ciclotímico. Ella era amante de los deportes y la naturaleza, y él era sedentario y alérgico al sol. Se llamaban Clara y Geno».

(more…)

—Quiero un gato, quiero un gato, quiero un gato… —¡No!, que se carga el sofá

Tuesday, February 14th, 2006

De cómo los gatos llegaron al corazón y la casa de Contxi. Los que se fueron y los que aún están. A todos los quiere. Y así lo nos lo cuenta:

Mi amor por los gatos es relativamente reciente. El culpable es mi querido maridín, que me hinchó la cabeza (“quiero un gato, quiero un gato, quiero un gato…”, y yo: “¡no!, que se carga el sofá; ¡no!, que se carga el sofá…”) y conspiró con mi cuñada, que tiene una siamesa, y nos la dejaron un mes porque se fueron de vacaciones.

El resultado: caí rendida ante las artimañas zalameras de Carisa, la siamesa con ojos de dibujo manga.

Y unos meses después (porque, claro, tras el regreso de sus vacaciones, la mantuve secuestrada unos días, y mi sobrina reclamaba a su gata día y noche), me trajeron a Nit, con la excusa de ser mi regalo de cumpleaños.

Ahí la tienen: una gata negra de ojos verdes y mirada un pelín estrábica (a lo Cristopher Lambert) que no pesaba más de un kilo a pesar de sus cuatro meses largos.
(more…)

‘Amor de gatos’

Monday, February 13th, 2006

«Una tarde, hace dos años, una amiga comentaba sobre la sorpresiva aparición en su casa de un pequeño gato que solía esconderse bajo los muebles con mucho miedo, como si hubiese recibido un bautizo desagradable de aquéllos con los que había tenido roce en los primeros días de su vida.

“Me da lástima, se ve tan indefenso”, dijo mi amiga al tiempo que me pedía opinión para buscarle un nombre. Como sabía que vivía sola, estaba desempleada y pasaba mucho trabajo para subsistir, le dije, asombrada: “¡Pero un gato! ¿Y qué le vas a dar de comer?”».

• Amarilis C. Rey

‘Una tierna amistad entre mujeres’

Sunday, February 12th, 2006

12feb06amistad.jpg

Fernández

«Hubo un tiempo, allá por el remoto 1977, en que Fernández las llevaba a bailar todos los sábados a GEBA. Las dos estudiaban en un colegio de monjas de Palermo Viejo y todos les decían “las hermanas”. Se hicieron amiguísimas en la secundaria, a los 14 años, y desde entonces se sentaban juntas, vivían una en la casa de la otra, se ayudaban con las materias y con los primeros novios, y se mostraban idénticas e incondicionales.

No eran, por supuesto, idénticas. Caro era morocha, cerebral y sobresaliente. Vivi era rubia, despreocupada y creativa. Pero estaban tan unidas que se contagiaban los giros y los gestos, se imitaban el tono de voz, se copiaban los peinados y los pasos de baile, y se intercambiaban los vestidos».

(more…)

‘Las medias de los flamencos’

Friday, February 10th, 2006

«Cierta vez las víboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y a los sapos, a los flamencos, y a los yacarés y a los peces. Los peces, como no caminan, no pudieron bailar; pero siendo el baile a la orilla del río, los peces estaban asomados a la arena, y aplaudían con la cola».

Cuentos de la selva

Horacio Quiroga

Vídeos y fotos de flamencos

‘Juan Darien’

Thursday, February 9th, 2006

«Aquí se cuenta la historia de un tigre que se crió y educó entre los hombres, y que se llamaba Juan Darién. Asistió cuatro años a la escuela vestido de pantalón y camisa, y dio sus lecciones correctamente, aunque era un tigre de las selvas; pero esto se debe a que su figura era de hombre, conforme se narra en las siguientes líneas».

Horacio Quiroga