Figo el atrevido
Convencida estaba yo, ingenua de mí, de que a Figo le daban pánico las alturas. Que a lo más alto que había ascendido era hasta el almendro. Vamos, que a él jamás le ocurriría lo que a Calcetines.
Hasta hace un rato. Fíate del buenazo de Figo y no cierres las ventanas. Hasta me pareció que estaba viendo doble…
Pedí ayuda a Calcetines, que escamado como está de que últimamente le birlen su realidad virtual bloguera, se pasó desde por la mañana a la realidad madrileña callejera.
Ni se inmutó cuando le dije a grito pelado: “¡Que se nos cae Figo por el balcón!”. ¡Ni flores! Disimuló, y miró para arriba.
Muy atrevido mi Figuiño. Pero luego no sabía cómo bajar de su atalaya. Si es que todo se pega. Estas mañas suicidas ya me sé yo de quién las ha aprendido.





Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
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