Mi gato Calcetines


¿Estamos en Carnaval o qué?

El sábado le compré a Menorca una prenda de abrigo.

Menos risas. Se resfrió en Nochebuena por tierras burgalesas. Además, cuando llueve, no hay manera de hacerle dar un paso. Se planta en mitad de la calle, y “hasta aquí hemos llegado y, si quieres que vuelva a casa, más vale que me lleves en volandas”.

Le compré una especie de manta chubasquera marrón y beis, con capucha y un hueso bordado en el lomo. Fue lo más normalito que encontré, y anda que no revolví trapos.

El gran fallo es que no llevaba las medidas (cuánto mide exactamente Menorquina desde la nuca hasta la cola) y calculé a ojo de buen cubero.

¡Menudo ojo tengo!: le faltaba como una cuarta a la mantita para cubrir su cometido. Tiene delito, porque la ropa para perros no se puede descambiar.

Aun así (ya saben, más vale gastárselo en comidas o en abrigos que en medicinas), le pedí que se diera un paseíto y traté de hacerle ver que estaba muy guapa.

No coló. Muy digna ella, se quedó como una esfinge en mitad de la pasarela y con cara de decir: “¿Estamos en Carnaval o qué?”.

Más o menos lo que pensaron al verla Calcetines y Figo, que echaron a correr instantes después, no fuera que también para ellos hubiera chubasquero.


Para rematar, mi marido salió en su defensa: “Si te has creído que voy a ir con Menorca por la calle con ese gabán que le has comprado, vas lista”.

Otro argumento que tiene Menorca para no hacerme ni puñetero caso en cuanto quien ella considera que es su amo y dueño anda cerca. Si además le da la razón, es que ni me mira.

Está muy ofendida. Si ella supiera los modelitos para cánidos que hay en el mercado… Me da a mí que esta perrita mía ilustrada y carpintera prefiere un catarro crónico o calarse hasta las corvas que salir a la calle con esa especie de manta cursi chubasquera que lleva bordado un hueso.

Vale. Está en su derecho. Pero el próximo día que llueva, va a tener que llamar a Mary Poppins, que amenaza con volver, para que la rescate de los charcos.

En: Del arco iris, Menorca — Enero 2, 2006

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  1. [...] y recogerle la capucha con un par de puntadas, porque se le venía a los ojos y no la dejaba ver. Parecía una hormiga atómica. Estaba tan graciosa con él que a veces nos daba la risa floja. Ella se enfurruñaba. Lo [...]

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Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.

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