Mi gato Calcetines


Se busca gato perdido (II)

El día en que desapareció Calcetines, amaneció lloviendo. Lo echamos en falta poco antes de mediodía.

Lo buscamos por toda la casa:

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por entre los tiestos y al pie del florero,

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entre las muñecas y entre las mantas, por debajo de las camas,

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en la panera, dentro de la lavadora, entre la ropa de los armarios, por entre las botas y los zapatos,

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en las cestas que utilizamos como revisteros o papeleras,

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dentro de las maletas de mis padres y de mi hermano Álvaro, que por aquellos días estaban en casa… ¡Ni rastro!

Hacia la una, tuvimos que admitir que no sabíamos cuándo, pero que definitivamente se había escapado el gato.

Se había largado Calcetines. Quizás en un descuido había bajado por las escaleras y salido a la calle en cuanto alguien abrió la puerta del portal.

Pregunté a todos los vecinos. Era la víspera de Nochevieja y no todos estaban en casa. Ninguno sabía nada de ningún gato.

Fue entonces cuando a mi hija se le ocurrió la idea de poner el cartel en el portal: “Se busca gato perdido”. Era evidente que, si se le buscaba, era porque se había perdido, pero no estábamos nosotros entonces para tales semánticas minucias.

A Ignacio, que por entonces tenía una novia que sabía mucho de gatos, se le ocurrió decir que seguro que estaba debajo de un coche; que los gatos, cuando no saben dónde ir, permanecen muertos de miedo por entre las ruedas de los coches.

Dimos una batida por el barrio, inspeccionando los bajos de todos y cada uno de los vehículos aparcados por la zona. Mi hija le llevó sus juguetes preferidos: una pelota roja atada a una cuerda y otra más pequeña que tenía dentro un cascabel.

La gente nos miraba raro: seis locos por los suelos con pelota y cascabel, y gritando “¡Calcetines!”.

¡Ni rastro! Caía una lluvia menuda de las que amenazan nieve. “Pero no llores, que seguro que aparece”, le decíamos a la niña. “Si no lloro –respondía– , es que está lloviendo”.

Regresamos a casa. Comimos todos sin ganas. No sé cuántos ángeles o gatos perdidos pasaron, porque ninguno nos atrevimos a contarlos.

Organizamos una segunda expedición. Yo decidí quedarme, no fuera que algún vecino que hubiera visto el cartel y a Calcetines llamara por teléfono con alguna buena o mala nueva.

Así fue. Hacía las once de la mañana, el vecino del primero había visto cómo un gato caía desde el cielo al suelo del patio: “Se metió como un rayo por la primera ventana que vio abierta”.

Pregunté al vecino de aquella ventana. “No, aquí no hay ningún gato”. Insistí: “Seguramente está escondido”. El vecino del primero, sus hijos, sus nietos, un auténtico tropel, insistían conmigo: “Se metió por la ventana, tiene que estar ahí”.

Tanto insistimos todos que al final entré yo misma a comprobarlo: “¡Calcetines!”. Al instante, un maullido salió por debajo de la cama. Otra llamada, y abandonó Calcetines su escondrijo. Un poco magullado, pero enterito.

Un rasguño en el morro era la única señal de que se había lanzado desde un cuarto piso sin paracaídas ni ascensor, sin avisar y sin decir, aunque esto es mucho suponer, “este maullido es mío”.

Recordé entonces que Calcetines tenía ya la costumbre de saltar desde la ventana de la cocina a la ventana del baño. Él es un gato callejero. Los genes son los genes, aunque hasta ese momento, no hubiera ejercido nunca de trapecista en el tejado.

La noche anterior habíamos puesto en el poyo de la ventana de la cocina media cántara de vino de la Ribera del Duero; no en garrafón, sino, en tetrabrik. Fue idea mía. Pensé que allí el vino estaría fresquito, como el tiempo. Otra genial idea como las de virutas del belén que se zampó un año después Figo.

A la mañana siguiente Calcetines, deduje después, tropezó con ese obstáculo que nunca estuvo allí, y cayó al vacío.

Regresó la segunda expedición. No los habían llevado a Oña ni a Ciempozuelos, y Calcetines ya estaba en casa. Ya no chispeaba, pero mi hija traía la cara como si durante todo ese tiempo hubiera llovido a cántaros.

Llevamos al veterinario al malherido. La que allí montó aquel día Calcetines es la razón de que, desde entonces, cuando hay que ponerle una vacuna, prepare Rocío esa especie de jaula en la que encierran a los gatos rebeldes para poder ponerles una inyección sin que bufen y saquen las uñas como si fueran el mismísimo demonio.

Es un decir. Ya dije que Calcetines no es que sea malo, es que no conoció a su madre.

Aparentemente, estaba bien. Realmente lo estaba. Nunca más se me ocurrió volver a utilizar el poyo de la ventana de la cocina como fresquera, pero en alguna ocasión más sí se le ocurrió a Calcetines ensayar su salto mortal de ventana a ventana.

No creo que sea porque no haya aprendido la lección, sino porque está convencido de que los gatos tienen siete vidas.

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De lo que ya no estoy tan segura es de si tiene conocimiento de que a él ya sólo le quedan seis.

En: Calcetines, Del arco iris, Se busca — Diciembre 28, 2005

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Comentarios

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  1. Jajajaja qué chistoso el tal “Calcetines” me encantan los gatos y si no sabré que son unos latosos del demonio…

    Saludos al tal “Calcetines” que su historia me ha hecho reir muchísimo.

    Desde México, Roberto.

    Yo tuve uno que se llamaba “Oliver” y lo tuve que regalar por que se estaba volviendo muy rebelde y muy arisco en mi depar de la ciudad. Saludos.

    Roberto - Abril 11, 2006 @9:02 pm
  2. Tu gatito se parece mucho al mío, mi gato se llama kisifur pero se escapó el día 13-09-2007 y tenemos esperanzas de que vuelva. Adiós.

    Stefany - Septiembre 21, 2007 @1:21 am
  3. Bueno, mi gata es mas testaruda. “Salto” 6 veces desde un 5º, y aun sigue aquí, metiéndose en cualquier cosa donde quepa o no¡¡, especialista en cajas.
    En su ultima hazaña quedo mal herida, y eso parece que le enseño, por que no ha vuelto a saltar.
    Salu2 a todos, y en especial , a calcetines¡¡

    Mario - Octubre 22, 2007 @10:57 am
  4. hola e visto un gato y gul pero ese no es que lastime yo te regalare un gatito cuando mi gata los tengo ta bewsois chau

    camila - Enero 10, 2010 @1:10 pm
  5. Me encantó la historia de Calcetines. Eres tan ocurrente para contarla como para ponerle nombre al gato. Hoy me dejaron un gato perdido gris y negro. Ya sé que nombre le voy a poner. Si tu Calcetines no se opone!

    silvia - Noviembre 13, 2010 @4:36 am
  6. ¡Gracias!:-) A Calcetines le parece estupendo. Ya nos contarás de tu Calcetines… Un beso, M.

    Montse - Noviembre 14, 2010 @7:46 pm
  7. Hola Montse, es un post precioso. Me he metido aquí buscando consejos de cómo encontrar a un gato perdido. Sé que puede parecer una estupidez, pero imagino que sabes cómo me siento. Así que gracias por haberme hecho pasar un buen momento, pese a todo. Un saludo.

    Pepa - Julio 22, 2011 @9:53 pm
  8. que bonita y muuuuuuuuy graciosa la historia del famoso calcetines deveras me hizo reir mucho, saludos a la familia y a calcetines!!!:)

    perlita - Abril 28, 2012 @4:37 am

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Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.

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