Paidófilo por internet: clase media alta
Parry Aftab, referente mundial sobre peligros en Internet:
“Tengo 54 años y vivo en Nueva Jersey. Soy abogada especializada en los temas de privacidad y seguridad por internet. Estoy casada y tengo dos hijos que se llevan trece años. Soy cristiana protestante. Me interesa cualquier político que ayude a mi fundación. Nuestros hijos son ya ciudadanos de internet; nosotros, todavía emigrantes.
Aquel día cambié mi vida. Yo era una abogada millonaria, famosa en televisión, y alguien me pidió que buscara una página web y encarcelara a sus autores”.
—¿Qué vio?
—Un catálogo. Nombres de niñas y números. Cuando vi la fotografía de una niña de tres años y medio violada, tuve que parar.
♣ ♣ ♣
(Gracias, Jesús)
—Otra red de pederastas.
—Estuve dos horas vomitando y media noche llorando. No podía entrar en mi cabeza algo tan repugnante. Así que al día siguiente vendí mi casa, mis propiedades, cerré mi despacho, saqué dinero del banco y decidí que desde entonces trabajaría sólo en esa lucha.
—¿Afectó a sus propias relaciones?
—Después de ver esa foto no pude mantener relaciones sexuales durante mucho tiempo. ¡Cuando mi pareja intentaba besarme, por mi mente sólo pasaba la fotografía! No soportaba ni lo romántico. Me bloqueé.
—¿Pillaron a esos individuos?
—Sí. Y ya llevaban ¡diez años actuando! No hay día en que no piense en aquella niña. Hoy debe de tener unos 8 años y quisiera encontrarla. ¿Estará viva todavía?
—¿Cuál es el mayor peligro de internet?
—Los niños que no tienen acceso a él.
—Pues no acabo de entenderlo.
—Hoy en día el niño al que se le prohíbe internet es un niño marcado, herido. Lo primero que hará es buscarlo fuera de su casa y ahí sí que no hay forma posible de control.
—¿Cómo se controla a un adulto?
—El mejor filtro es su propio cerebro. ¡Si tu cerebro no funciona, buscas aberraciones!
—¿Cómo funcionan sus trampas?
—Lindo joven de 13 años contacta con alguien que le dice tener la misma edad. Como no ve al individuo, cree todo lo que dice. El final siempre es ¡hombre mayor que finge! Viste ropa cara y tiene una casa con piscina a la que, por supuesto, quiere invitarle…
—Retrato robot del paidófilo por internet.
—El 99,99 por ciento son hombres con una patología que puede derivar en pederastia.
—Pero algunos actúan con el consentimiento de sus parejas femeninas.
—¡Y no deberían permitirlo, deberían denunciarlo! El pederasta por internet es un hombre de entre 25 y 50 años. De clase social media alta. Profesionales liberales, formados, gente educada…
—Algunas citas acaban en secuestro.
—Buscan víctimas en la pubertad, sin experiencia, sin enfermedades sexuales…
—¿Qué alarmas sirven para detectarlo?
—Durante meses, la posible víctima habla de sexo. Se comporta como si tuviera un secreto. Cuando quiere tocar su propio cuerpo se esconde obsesivamente. Cambia de grupos de amigos. No quiere hablar. Cierra la puerta y cuelga un “no entrar”.
—Todos los adolescentes hacen eso…
—Añada dos signos distintivos. Una persona mayor les llama por teléfono y se conectan al ordenador a media noche.
—¿Cómo velar sin que se sientan espiados?
—Ése es un acto de fe.
—Ya.
—Nuestros hijos saben mucho más de tecnología que nosotros, pero nosotros sabemos mucho más de la vida. Hay que hacérselo comprender.
—¿Qué son las tres ces?
—Lo que los padres deben vigilar: contenidos, contactos y comercios arriesgados.¡Si hace eso, no se preocupe del resto! Internet es una herramienta básica para la educación, no le tema.
—Hábleme de las dependencias.
—Si un adolescente no tiene amigos reales, está siempre pegado a la pantalla, si usted intuye que tiene desórdenes alimentarios y está preocupado, ¡desconfíe! Debe utilizar el ordenador en la escuela. En casa, como mucho, una hora diaria. Y el consejo de la abuela.
—¿El consejo de la abuela?
—¡Cuando salgas de la escuela…, inmediatamente a casa!
—¿No hay indicios externos?
—No. Una vez me reuní con chicos usuarios de internet. La mitad ponía los pies sobre la mesa y hablaba atropelladamente. Sólo uno vestía impecablemente, se había peinado y alzaba la mano para pedir su turno.
—Una joya de chico.
—Sí, ¿verdad? Pues cuando le dejé hablar soltó, tan alegremente: “Yo envío amenazas de muerte por internet”. ¡Nadie lo hubiera dicho! ¡Había aterrorizado a media ciudad!
—¿Y el ciberbullying?
—En la vida real, el bullying lo ejerce el más fuerte. En internet puede ser cualquiera: un joven frágil, una dulce chica o el último de la clase. ¡Da igual, porque nadie lo ve! Y le puedo asegurar que duele más que te escriban “gorda” que si te lo dicen por la calle.
—La red es un espía.
—Le recomiendo: identifíquese siempre con una palabra secreta que sólo conozca su círculo más íntimo. Nunca algo que dé a entender cuál es su sexo o su profesión.
—Usted ha colaborado con el FBI.
—En los casos complejos. Tengo el grupo más extenso sobre seguridad en internet, con once mil voluntarios en setenta y seis países. En un año, sólo en Inglaterra, hemos logrado enviar sesenta hombres a prisión.
—¿Cuáles son las penas?
—¡En EE. UU., ridículas! De dos a seis años. El jurado siempre cae en la trampa: “¡Parece un hombre tan profesional, tan educado…!”. Y el paidófilo utiliza la excusa legal que llamamos defensa de la fantasía:”Yo sólo jugaba, sólo quería hablar con un joven”.
—¿Recibe amenazas de muerte?
—Por teléfono y por escrito. Nunca puedo facilitar el teléfono de mi casa. Pero no van a amilanarme: cambié mi vida y tengo fuerza..
ALERTA
Usted puede tomar muchas prevenciones, puede ejercer control parental y vigilancia sobre el uso de internet por menores.
Puede inventariar, introducir antivirus y limitar con quién entra su hijo adolescente en los chats. Pero sin formación previa eso sirve de poco. Pueden suplantar su propia identidad, convertirlo en víctima de fraude, planear suicidios colectivos y secuestros cuyo objeto sea el abuso sexual.
Aftab, experta mundial en esos peligros, recomienda con su amuleto de jade al cuello: si por e-mail le comunican que hay un problema con su cuenta bancaria…, ¡no los crea! No rellene fichas, no facilite datos.
Su libro se consigue desde la Fundació Catalana de l´Esplai. Y toda sospecha de pederastia puede denunciarse en parry@wiredsafety.org
• Núria Escur

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
Comentarios
Gracias por combatir contra estos enfermos!
quiero aprovechar para informar de una pagina en la que pueden denunciar cualquier contenido pedofilo, paidofilo que encuentren navegando.
http://www.protegeles.com
un saludo
Gracias, Jesús.
Saludiños.
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