¿El lavado del gato?
¿Por qué le decimos ‘el lavado del gato’ al asearse poco y mal y en menos que canta un gallo? La palabra ‘lavabo’ no procede de un sustantivo latino, sino del tiempo verbal, latino también, ‘yo lavaré’ (‘lavabo’). Surgió este término a mediados del siglo XIX, aunque ya empezó a utilizarse a últimos del XVIII.
Así fue la cosa:
Con ‘yo lavaré “empieza el salmo que pronuncia el oficiante cuando se lava las manos después del ofertorio” (Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana. Joan Corominas).
El Salmo, el XXV, dice así: “Lavabo inter innocentes manus meas…” (“Lavaré mis manos entre los inocentes…”), que es lo que recitaba el cura mientras se mojaba los dedos en agua para purificar sus manos. Claro está, antes del Concilio Vaticano II (1965), cuando las misas se decían en latín.
Se lavaba, pues, la punta de los dedos y tomaba luego una toallita para secarse. Las buenas gentes de últimos del XVIII o mediados del XIX, que de latín sabían lo que los gatos, dieron por hecho que ‘lavabo’ era el nombre de la toallita, y así la llamaron.
¿Y qué dice el DRAE sobre el ‘lavado del gato’?
‘Lavarse a lo gato’:
“Lavarse sin mojarse apenas y especialmente hacerlo pasándose por la cara un paño mojado”.
¿Y el María Moliner?
‘Lavarse como los gatos [o a lo gato]’:
“Lavarse solamente un poco la cara y las manos, sin mojarse apenas, o con un trapo u otra cosa humedecida”.
Lo que no dicen los diccionarios es que los gatos dedican a su aseo personal una tercera parte del tiempo que permanecen despiertos y que lo hacen a conciencia: lamidito a lamidito, y no sólo en la cara y las manos.
Ya ven, los gatos no pisan la iglesia, pero vaya sí saben de rituales y parsimonia a la hora de ponerse guapos. Más que si fueran a ir a misa. ¿Quién les levantaría a estos inocentes el falso testimonio de que ellos practican el lavado del gato?











Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
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