Los gatos del fin del mundo
Acabo de salir del fin del mundo. O casi. Del lugar donde hace unos pocos siglos decían que se acababa el mundo. En el cabo de San Vicente, la punta suroeste de Europa.
No había cafés con Internet, ni manera en el hotel de conectarse con el portátil. ¡Pese a que el hotel se llamaba Navigator! (¡menos risas!).
Pero había gatos, muchos gatos, dentro de la fortaleza de la población portuguesa de Sagres, la más cercana al faro de San Vicente.
Detrás de ellos, el acantilado, las gaviotas, el cabo de San Vicente, el mar, sólo la mar.
Se creen los gatos del fin del mundo, aunque allá al fondo, detrás del mar, está el Nuevo Mundo.

















Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
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