¡Funciona!
Jueves día 1 (desde por la tarde): Menorca permaneció más tiempo recluida en su celda de descanso que a su libre albedrío. Aun así, justo es reconocerlo, esa noche durmió como un ladrillo.
Viernes, 2: disminuyó sensiblemente el número de veces que ladró y persiguió a Calcetines. Ni una sola vez dejó de hacerlo porque le dijera: “¡A dormir”!, (y sí, todas y cada una de esas veces se ganó un reparador descanso de obligado cumplimiento).
Sábado, 3 (sólo hasta mediodía): por primera vez al decirle: “¡No, Menorca! ¿Es que quieres que te lleve a dormir?”, agachó las orejas (no es una metáfora) y se dio la media vuelta.
Creo que Menorca ya ha aprendido que cada vez que ladra y persigue a Calcetines, la quitan ipso facto de en medio. Y también, que la única manera de evitarlo es emprender la retirada.
No está nada mal, para apenas día y medio de rigurosa aplicación del correctivo (el sábado por la tarde no cuenta y hoy domingo hasta mediodía tampoco, porque durante todo ese tiempo no ha visto ni en pintura ni a Calcetines ni a Figo).
Como diría un psicólogo infantil, ya sólo falta por conseguir que con el tiempo la palabra “¡No!” sea suficiente para que obedezca de inmediato. Además (creo que añadiría) no es bueno que relacione un momento placentero (dormir, porque es hora de dormir y porque qué bien se está durmiendo) con un castigo (dormir sin ser hora de dormir y para que sepa lo que vale un peine).
¡Pobrecita mía! Si es puro instinto que los perros persigan a los gatos… ¿Puro instinto o una mala experiencia?
¡Ostras! ¿Cómo pude olvidarme de La Fea?

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
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