¡Para que aprenda!
Le estoy aplicando a Menorca un correctivo. No crean que es fácil, porque hay qué ver la carita que pone de no haber incordiado en su vida a un gato.
Cada vez que ladra o persigue a Calcetines, la llevo a su camita y le digo: “¡A dormir!”. Algo así como el Método Estivill, pero a lo bestia. Y no precisamente para que aprenda a dormir sola.
La primera vez, esperé cinco minutos. La segunda, diez. La tercera, quince. Yo ya le digo que no llore, pero ni se me ocurre entrar a consolarla. Ahora mismo lleva ya casi una hora, y ya he perdido la cuenta de por qué vez vamos. Dormir no duerme, pero creo que está aprendiendo la lección.
Calcetines ha empezado a deshacer la maleta. Figo sigue pensativo, pero ya abandona de vez en cuando la mesita de ping pong.
Lo que no sé es si Menorca se vengará de todos juntos y a la vez esta noche, cuando llegue de verdad la hora de dormir y hasta los gatos del barrio escuchen sus ladridos.


Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
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