¿Lo cuento o no lo cuento?
Lo he consultado con Calcetines. Es lo menos que puedo hacer cuando él es el protagonista del relato.
Así, de un tirón: “¿Te parece bien que publique en tu blog el cuento de «La gineta Yenetta y el gato callejero»? Al fin y al cabo, el único personaje verídico que sale en ese cuento eres tú. Los otros son pura ficción, y eso se ve a la legua. ¿Qué te importa salir en un cuento donde sólo tú existes de verdad? Además, de ti no me invento absolutamente nada…”.
Mucho me temo que no lo he convencido. No ha dicho ni mu, pero ha torcido el morro.
Al poco rato lo he sorprendido cuchicheando a mis espaldas con Figo.
A decir verdad, los ha sorprendido Menorca. Ella es la que me ha avisado ladrando de esa manera que lo hace cuando piensa que algo están tramando sus colegas felinos. Figo le ha puesto un mote: ‘Canelilla’, porque, según él, ni es blanca ni es canela, ni siquiera recién bañada y sin revolcarse en el corralito. No, si Figo es un santo, pero un santo bien guasón.
El caso es que al principio se han quedado muy sorprendidos de que yo apareciera por allí, ésa es la verdad.
Luego han hecho como que hablaban tranquilamente del tiempo… (según Calcetines, este fin de semana va a nevar en Madrid).
Poco después, Figo se ha puesto a verificar si aún andaba Menorca por debajo de la mesa. ¡Anda ya! Como que no sabemos todos que, en cuanto Menorca lo mira fijamente a los ojos, pone patas en polvorosa y sale zumbando pasando la mopa con la cola.
Me parece a mí que Figo tiene pelusa. Da qué pensar, porque nadie como él para pasar la mopa.
He intentado explicárselo. “Mira, Figuiño, cuando yo escribí el cuento de ‘La gineta Yenetta y el gato callejero’, tú aún estabas para mí en el limbo, con aquellos angelitos… No podía ponerte a ti de protagonista porque ni sabía que existías…”.
No ha torcido el morro, pero me ha parecido entenderle algo así como “tú sí que a partir de ahora ya no existes para mí”.
No quisiera parecer indiscreta, pero creo que ya sé lo que le está pasando a Calcetines…
Bueno, es que no quiere que todo el mundo se entere de que él anduvo enamoriscado de la gineta que sale en el cuento. Aunque no se llamara Yenetta… Pero esto mi Calcetines no lo confesaría ni aunque lo sobornase con jamón york. ¡Si lo sabré yo!

Me llamo Montse. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Tengo tres hijos. Mi casa no es un zoo, pero se le parece. Tengo un perro y dos gatos: Menorca, Calcetines y Figo. No se lo cuenten a Calcetines, pero él es mi preferido.
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