Los que no quieren ver
Regreso de darle a Menorca su paseo vespertino. Han remozado hace muy pocos días el corralito. Taparon los hoyos, renovaron la arena, ni una sola plasta quedo sobre la pista.
Ya está sucio.
Hay dueños de perros que siempre llevan una bolsa de plástico atada en la otra punta de la correa, como una flor. Hay otros que jamás la llevan.
Hay dueños que nunca abandonan a su suerte las cacas de sus perros. Hay otros que no las recogerían ni por prescripción facultativa. Tampoco en el corralito.
Tienen por costumbre estos amos, aunque no todos, quedarse en la barrera. Entra el animalico, ellos lo esperan en la verja. Hace sus necesidades. Ellos miran al tendido, y ahí se queda el regalito.
Debe de importarles bien poco, como ellos no pisan el redondel… A lo que se ve, no tienen previsto regresar cualquier otro día y que su querido perro se tope con su propia mierda.

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
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