Figo sigue siendo del Real Madrid
Blanco, blanco y con los ojos color ámbar. Gato persa, señorito. Peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos.
No le gusta el fútbol, que se sepa; pero a saber a qué juega con Calcetines cuando apagamos la candela. Es del Real Madrid, como su primer dueño, pero nunca le oirás presumir de ello.
También llegó a casa crecidito, como Menorca. Sólo que en esta ocasión fuimos nosotros quienes fuimos a buscarlo. Mi hijo mayor se empeñó en que Calcetines necesitaba urgentemente un compañero de juegos, que necesitaba descubrir, sin mirarse en el espejo, qué demonios era un gato.
No estaba yo por la labor, he de confesarlo.Y menos aún cuando me enteré de que en la anterior familia de Figo (la segunda), los niños aseguraron todo serios que Figo era más malo que un “demoño” (¡angelitos!).
Enseguida descubrimos que le aterrorizaban las fregonas, los cepillos de barrer, las mopas… Cualquier cosa de donde pudieran llover palos.
Practica, no sabemos si por inteligencia innata o adquirida, o ambas dos, lo que en lenguaje gatuno se denomina “gato precavido vale por siete”, y se esconde debajo de la cama en cuanto algo le huele a chamusquina.
Pero es más bueno que el pan. Para malo (aunque no es tan fiero el león como lo pintan), ya está Calcetines.

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.
Comentarios
Añade tu opinión