Mi gato Calcetines


Somnus

Y sólo entonces dejó de alimentar al monstruo que todos llevamos dentro.

Agustín García Calvo
Amancio Prada

En: Música — Agosto 1, 2011

El ruiseñor y el piano


Atardecer del mes de abril

—Me gusta cómo cantas, ruiseñor.
—Mi canto no es para ti. Canto porque me sería imposible dejar de cantar. ¡Tú no sabes cantar!
—¡Soy el rey de los instrumentos!
—No te ofendas, piano. Hueles a árbol, pero no eres árbol. Creas sonidos, pero no cantas. Ni siquiera tienes una ruiseñor al lado que inspire tu canto…
—Ejem… Según cómo se mire, todo depende…
—¿No me saldrás ahora con la flaca?…
—Descuida. Soy un piano muy informado… Leo sobre el teclado. A veces pongo la radio que ves ahí al lado.
—Y yo soy un ruiseñor ruso… ¡Los pianos no leen, no prenden la radio!
—Eso es lo que todo el mundo piensa. ¡Incautos!… ¿Tú sabes qué es la SGAE, el canon digital y los derechos de autor?
—Ni idea. Ya te dije que soy ruso.

El ruiseñor levantó el vuelo. De lo que sucedió después no existe grabación. Dicen que el ruiseñor regresó cada atardecer del mes de abril. Lo cierto es que un buen día del piano nunca más se supo y que junto a la ventana donde asentaba sus raíces nació un árbol.

• Música pirateada de ¡Canta, ruiseñor, canta!


O’ Kinimbá

Una manera como cualquier otra de conjurar ausencias y dar la bienvenida al tiempo que está por llegar. Se me ocurre…;-)

O’ Kinimbá! Kinimbá!
Dada oke Kinimbá!
Salo ajo nuaie.
O’ Kinimbá!
O’ Kinimbá!

Canção nordestina do folclore brasileiro. Canción macumba.
• Por Bidu Sayão

En: Música — Marzo 1, 2011

Quanno sponta la luna a Marechiare…

• Por Rina Ketty . 1940

Más Marechiare

En: Música — Noviembre 13, 2010

¿Se llamaría Guardián, Barbucho, Pinta, Sorpresa, Bravo, Gaucho, Capitán…?

• Por José Larralde

Mi padre depositó el haz en el portal; y entre las flores y el olor a esparceta recién segada, un cachorro de perro. “¿Cómo quieres que lo llamemos?”, le preguntó a mi hermano C., que por entonces tenía unos dos años.

Con el nombre que mi hermano pronunció, sin pensárselo dos veces, se quedó. Andando el tiempo, como suele suceder, resultó que nunca hubiera podido llamarse de otra manera.

Era un chucho callejero, de mediano tamaño, negro y tostado, paciente, bueno. Compañero inseparable años más tarde de mi hermano Miguel, y de Jesús y Toñín, los tres mosqueteros del barrio de la Canaleja expertos en construir casetas que duraban justo el tiempo en que mi hermano Antonio tardaba en evitar que les cayera un ladrillo o una tabla en la cabeza.

Vivió unos diez años. Primero, en la casa donde yo nací, luego en la del campillo, al lado de la fuente; ambas en el barrio de la calle de Arriba. Más tarde, cerca del camino de tierra que sube al monte, en la Canaleja.

Aún pudo cumplir más, pero el destino lo atrapó entre ruedas. El camionero ni siquiera se detuvo. ¿A quién le importa un perro muerto? Este que yo recuerdo ahora se llamaba Camuñas. El cachorro que cuando llegó a casa olía a esparceta.

En: Del arco iris, Historias de perros, Música — Noviembre 7, 2010

¿Quieres que te lo cuente otra vez?


Nina Simone

Desde la ventana se divisaba toda la plaza. La fuente y el pilón, las mariposas azules, la cuesta que sube al castillo, la frontera entre la calle de Arriba y la calle de Abajo, el soportal de arriba, la Casa Consistorial, las dos acacias (¿o era una?), el pretil, las escaleras que suben a la iglesia, el ‘esbaradijo’ (tobogán por casualidad, sin barandilla o arambol), la casa de Doña Herminia… Las calles aún eran de tierra y mi abuela me contaba un cuento.

—Mi abuela tenía un gato con las orejas de trapo y el culo de papel. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
—Sí.
—Pues que mi abuela tenía un gato con las orejas de trapo y el culo de papel. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
—No.
—Ni que me digas que sí ni que me digas que no, que mi abuela tenía un gato con las orejas de trapo y el culo de papel. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
—… ¡No!

Maldito gato. Nunca le pasaban cosas.

En: Del arco iris, Música — Octubre 30, 2010

‘Conjugaciones’


Nina Simone

5 (después)
El futuro no es
una página en blanco
es una fe
de erratas.

8 (previsión)
De vez en cuando es bueno
ser consciente
de que hoy
de que ahora
estamos fabricando
las nostalgias
que descongelarán
algún futuro.

9 (plurales)
Hay
ayeres
y mañanas
pero no hay
hoyes.

Benedetti

En: Música, Poemas — Octubre 4, 2010

El rompeolas


Khaled / Aïcha

Todo sucedió tan de improviso que muchos años después aún a ella entre los dedos le tiemblan los pensamientos. Él era del norte, de allá donde la luz del sol se asoma entre celosías, como si temiera que el mundo la admirase en su esplendor. Ella le preguntaba ¿me quieres?, y él respondía invariablemente claro que te quiero. Te quiero tanto como la luz al sol.

Ella era del sur, del ímpetu en los rayos verdes que quiebran la noche, de las montañas que tienen nombre. Sus caminos se cruzaron en la difusa línea del horizonte donde las palabras rompen las olas. Ella paseaba en bicicleta y casi lo atropella. —¿Estás loca? ¡Dónde te piensas que vas! Pero también le dijo ¿sabes?, es magia que tú y yo nos hayamos encontrado. —¿Magia? —Sí. —Pero si la magia no existe…

Y desde aquel día, como un juego, se empeñaron en atrapar la magia. Ella, para destruirla. Él, para desmostrarle que la magia existía.

La hallaron muchas veces. O quizás lo imaginaron. Sólo ellos lo saben. Hasta que un día, sin proponérselo, ella descubrió sus pensamientos. Cuando revoloteaban entre sus manos; él jamás se hubiera atrevido a pronunciarlos. Las feministas son mujeres que desearían haber nacido hombres. Las mujeres… siempre van de víctimas. Las mujeres, en casa y con la pata quebrada. La magia huyó despavorida. Ella le dio las gracias y pedaleó sin rencor hacia el mar.

En: Inventos míos, Música, Relatos — Septiembre 21, 2010

La buganvilla


Jarabe de palo

Sabía que las flores siempre son flor de un día. Respiró hondo, aspiró la brisa del mar que le llegaba a bocanadas desde la playa de Níjar. Carpe diem… Y entonces, alguien pasó e hizo una foto. La inmortalidad existe, pensó la buganvilla.

En: Inventos míos, Música, Relatos — Agosto 25, 2010

“Tendido en la trinchera, toqué mi piano imaginario: ‘Brasil’, ‘Bésame mucho’, ‘Acércate más’…”

Consuelo Velázquez

Entrevista en La Vanguardia con Pere Godall, superviviente de la quinta del biberón.

“Cada aniversario del comienzo de la batalla del Ebro, la más sangrienta de la historia de España (100.000 muertos en la Terra Alta), hablo en esta página con un superviviente de la quinta del biberón —miles de chicos de la zona republicana de 17 y 18 años enviados al matadero en 1938—, lo que haré mientras haya página y quede uno vivo, en memoria de los que perdieron o arruinaron su vida por el desatino de sus mayores.
Pere Godall fue uno de esos chicos, y hoy preside la Agrupació de Supervivents Lleva del Biberó (info@fornimetal.com), que mañana reúne a supervivientes (dice Godall que apenas restan unos 500 que se valgan por sí mismos) en la cota 705 de la sierra de Pàndols (Pinell de Brai).

• Por Víctor-M. Amela

“Cumplo 90 años en diciembre. Nací y vivo en Tarragona. He sido pianista, director de orquesta y ejecutivo de banca. Estoy casado y tengo dos hijos, cinco nietos y cuatro bisnietos (de entre 1 y 11 años). Soy progresista. Soy católico. Todo en la guerra es miseria: ¡nunca más!”.

—¿Dónde estaba usted el 25 de julio de 1938?
—Cruzando el río Ebro en una barca, entre Mequinenza y Fayón, pasada la medianoche… Comenzaba la batalla del Ebro: mañana hace 72 años…

—¿Con quién iba en esa barca?
—Éramos unos 25 soldados del 905 batallón, 227 brigada, 4. ª compañía. En la barca de delante, a un chico le estalló su granada… Se fueron todos a pique.

—¿Qué edad tenía usted?
—Yo era un estudiante de música de 17 años.

—¿Y qué hacía un chaval en la guerra?
—Las guerras sirven para que los que mandan envíen a otros a morir. Los políticos de la Generalitat nos enviaron como carne de cañón a los de mi quinta, la quinta del biberón.
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En: C'est la vie, Entrevistas, Música — Julio 24, 2010

Me llamo Montse. Tengo tres hijos. Soy filóloga y periodista; escribo cuentos para niños. Mi última adicción es la ópera y fue por culpa de un viejo baúl abandonado en una buhardilla. Calcetines se lo tiene muy creído, pero también está Figo, un gato persa señorito. Menorca danzarina se fue a perseguir a los corzos. Sus saltos aquí siguen.

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